Hola, buenos días, me llamo Pepa Álvarez Robledo; acabo de llegar a mi lugar de trabajo y le escribo para comunicarle que yo soy su novia. No se resista, no intente zafarse bajo ningún concepto y por ninguna circunstancia. Acéptelo y todo será más fácil. Al fin y al cabo, usted es un hombre de ciencia, y por tanto, las palabras no deberían pesarle. El lenguaje es incoloro, inodoro y etéreo (¿?), perdón por el abuso de una jerga que no domino. El caso es que por todas estas razones, que yo le diga «novio mío» no debería afectarle lo más mínimo. En absoluto. La consciencia es un paso a la infelicidad, por lo que le recomiendo que no lo piense mucho. Tener novio es como conducir, ya sabe usted de lo que le hablo, al principio cuesta, uno le pone los cinco sentidos a esta operación, pero luego, inevitablemente, se termina automatizando, como todo. Piense en la primera vez y en la última que aparcó. Ahora, imagínese que la primera vez que usted haga el amor conmigo será como la última. Y todo lo demás, como decía Machado, vendrá por añadidura.
Le añoro desde hace tiempo. Tres días o tal vez tres años. Qué más da. El tiempo se lo inventó un iluso que imaginó que así le iba a alcanzar para todo. Yo, en cambio, siento (porque pensar sin sentir es de desapasionados) que nos hemos equivocado con esto de contar el tiempo que pasa. Podría decirle que le llevo observando desde hace tiempo, y sin embargo, esto no significa nada al fin y al cabo. He inspeccionado cada detalle de su rutina, y después de todo he terminado concluyendo que usted es mi hombre. Mi hombre. Esta fabulosa expresión posesiva siempre me excitó sensiblemente, y todo porque la realidad no entra en la realidad si no es a través del lenguaje. Me he percatado de que es un ser rutinario que encuentra cierto placer en cada una de sus acciones cotidianas. Un hombre sencillo, práctico y con un gran instinto de protección. Me sorprende comprobar que para usted la vida se compone de pequeñas parcelas satisfacción, y que su mayor logro haya sido conseguir ordenar al orden antes de que el orden establecido acabara por ordenarle a usted.