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NIVEL A

—Bienvenida de nuevo, Valeria.

—Ya.

—Que te parece si empiezas hoy hablándome un poco de ti.

—Déjame en paz.

—Prefieres hablar de otra cosa. Háblame de tu novio, ¿cómo se llama tu novio?

—Yo no quiero hablar de mi novio, pero tú sí, seguro. Te mueres de curiosidad. Esta bieeeeen. Alejo. Se llama Alejo y nos queremos casar.

—¿Se quieren casar?

—Sí, estamos muy enamorados. Aunque él es más egoísta que yo. Eso se nota.

—¿Se nota en qué?

—En las cosas que uno está dispuesto a sacrificar por el otro. Bien, vale que él tenga que viajar hasta aquí para verme. Son muchos millones de años luz, lo entiendo, pero eso no es culpa mía. Yo no fui a buscarle, él vino a mí. Luego está lo de que dónde vivimos, si aquí o allí. Y como comprenderás, yo no puedo irme allí. Yo he hecho viajes en la nave, pero no de largas distancias. Si por decirte, no he salido ni de nuestra galaxia…

—No, claro, tú no has salido de tu galaxia.

—Einstein dice que es imposible superar la velocidad de la luz.

—¿Conoce usted a Einstein?

—Sí, lo he leído. Claro, soy una chica informada.

—He visto en su informe que es una estudiante excelente, de matrícula de honor.

—Sí. No me cuesta mucho trabajo, aunque, últimamente, sobre todo con los preparativos de la boda… estoy muy nerviosa y no me concentro tan bien. El secreto de estudiar no está en el tiempo que le dediques, sino en el nivel de concentración mental que tengas.

—Entiendo.

—Oye, ya sé que me has dicho ya que no quieres que te haga preguntas, pero es que yo necesito saber si hago bien o no en la vida, ¿entiendes? Yo no quiero morirme sin antes haber vivido mi amor por él. Es lógico que piense, entonces, que es él quien debería pensar un poco en mí, no ser tan egoísta, y que viviéramos aquí tan ricamente en el planeta tierra. Pero él siempre está con la nave, la nave, que dice que dónde iba a meter él la nave. Que los pisos aquí son muy pequeños y que deslumbraría a todo el edificio. Y es lo que yo le digo, que él tiene que hacer un esfuerzo por integrarse. Pero, bueno, todo son problemas, ¿sabes?

—Sí, sé lo que me quieres decir. Continúa, por favor, Valeria.

—¿Puedo confiar en usted? Mi novio dice que esto es secreto profesional y que lo que yo cuente aquí nadie lo sabrá nunca, ¿eso es verdad?

—Sí, es verdad. No estoy autorizada a comentar la información que mis pacientes cuentan en estas sesiones. Estáte tranquila, tus secretos están a salvo conmigo.

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