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Muchas cosas se quedaron fuera de mi narración en mi primer informe, cosas alucinantemente importantes, pero que no pude presenciar. Ahora, que vuelvo sobre los hechos, ya desde la distancia, no soy el único que vuelve a la revolución para buscar el origen del vegetarianismo de Un Súper Mundo Feliz.

Antes de la Revolución, existía una cadena inmoral de explotación de los animales bajo la premisa del máximo beneficio al menor coste. Una premisa por la que, curiosamente, se rige Un súper múndo feliz pero aquí gobierna la estructura del bien, y esto significa la ley del mínimo esfuerzo, minimizar el impacto sobre la naturaleza, minimizar el trabajo, minimizar todo lo material, y maximizar todo lo referente al alma humana.

El hombre pre-súper mundo, o el hombre pre-revolucionario usaba a los animales de forma cruel, los reproducía de forma cruel, los esclavizaba y los convertía en comida para satisfacer el canibalismo de la población. Era un espectáculo vergonzoso.

La gente iba a las tiendas y se encontraban los cuerpos mutilados de los animales colgados u ordenados sobre el stand.

Ahora nos espantamos de ver reportajes en los que ponían las partes mutiladas en bandejas de plástico con un precio encima.

Durante la revolución, mucha gente comenzó a sentirse muy incómoda con la forma en que los súpermecados presentaban la comida.

Primero fueron los envases de plástico. El odio al plástico se extendió como la mecha por toda la población, y si consultamos el termómetro sentimental, la palabra plástico estaba asociada a la palabra asco.

Buena culpa de la expansión del veganismo la tuvo Adil. Con su software de rumorología, creó un rumor al que la gente le dio mucho crédito, y que el hacedor malo, esto es Populus, avivó creando artificialmente información virtual de episodios en los que los animales y las plantas se volvían contra los humanos y comenzaron a asesinar a humanos que los maltrataban.

Nació también, por tanto, y se puso en seguida de moda el concepto de maltrato vegetal, a consecuencia de un experimento en el que las plantas reaccionaban ante los asesinos de plantas, y se extendió la creencia de que las plantas tenían también una especie de consciencia, como todo en la naturaleza, y poco a poco, se comenzó a respetar a toda forma de vida.

Y parece ser que por fin el sueño de la neozelandesa Johana Zeinnebaum pudo llevarse a la práctica, y se pudieron clonar todos los animales que ella había guardado y que habían sido sacrificados para ser comida del hombre, asesinados por los cazadores.

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