Teniente Mac Cain, a la orden, mi señor

—Hola, Rosa, ¿qué tal?

—Un señor te está esperando en su despacho.

—¿Y se puede saber quién es?

—Dice llamarse el teniente Mac Cain, dice que es de la CIA.

—¿De la CIA?

—Sí. ¿Y se puede saber qué quiere?

—No lo ha dicho. Solamente ha dicho: esperaré el tiempo que haga falta.

—Ok. Gracias, Rosa. Luego hablamos.

—Ok.

—Doctor Roger, el teniente Mac Cain, mucho gusto, le estaba esperando.

—Yo a usted no. ¿No le parece curioso?

—Hombre, depende de lo que le parezca a usted el adjetivo curioso. Si cualquier cosa inesperada, le causa curiosidad, pues, oye, yo en eso no tengo por qué meterme.

—Pase, pase, siéntese, por favor.

—Muchas gracias.

—Y, dígame, ¿qué es lo que se le ofrece si no es mucha indiscreción ir directamente al tema, sin cortesías previas?

—Entiendo, seguro que es usted un hombre muy ocupado. Igual que todo el mundo. Igual que yo. Por eso, quizás, me gustaría que usted me lo dijera. ¿Podría usted contestarme a la pregunta de por qué tengo que venirme de mis asuntos en Sudamérica hasta California, a esta especie de…? ¿Cómo lo definiría usted, señor Roger?

—Doctor, por favor. El tratamiento exacto, según marcan las normas sociales, es doctor. Pero, aparte de eso, vamos a ver si me entero de qué va esto. ¿Me está diciendo que ha dejado usted ha dejado usted la triple A en Sudamérica para buscar un frame para mi negocio?

—Efectivamente. Usted, doctor, sabrá que las definiciones lo son todo y los marcos, más aún, precisamente por ser invisibles, por no estar explícitos y, sin embargo, estructurar toda la realidad. Sí…Los frames son poderosos y, usted coincidirá conmigo en que este sitio es muy difícil de categorizar. Podríamos pensar que es un sitio donde la gente obtiene sexo a cambio de dinero, y, sin embargo, muchos testigos afirman haber recibido servicios de sexo real, no sexo virtual, gratis. Es muy listo, señor Roger, así se evita un montón de demandas sobre prostitución. Otros testigos dicen haber pagado pero no con dinero, usan palabras como trueque multirrecíproco, bonos, puntos, y capital simbólico. Jajajaja. ¿Capital simbólico? Pareciera como si todos los estadounidenses, de pronto, hubieran ido a la universidad del post-capitalismo. En serio, ya, ¿no le parece a usted todo esto cuando menos raro raro raro?

—¿Lo dice porque han encontrado cuatro cadáveres en el último mes, uno por semana, y porque los cuatro cuerpos pertenecían a personas a las que he estado laboralmente ligado, y que estas personas han sido asesinadas de una manera no solo harto particular sino harto placentera para mi persona? Sí, la verdad es que es un poco raro, pero, insisto una vez más, yo no he sido.

—Bueno, la cuestión de los asesinatos es solo la guinda de un pastel. Usted dice que no ha sido. Veamos. Trabajemos con esa hipótesis. ¿Conoce a usted a alguien que le quiera hacer daño?

—Yo tengo la virtud de caerle mal a todo el mundo.

—Aún así, tiene a mucha gente trabajando para usted.

—No trabajan para mí. Trabajan para ellos mismos.

—El año pasado su negocio facturó 75 millones de dólares netos. 70 millones fueron divididos a partes iguales entre todos los miembros que trabajan aquí y el resto se reinvirtieron en el negocio. Las tarifas de su local están puestas en función de la declaración de la renta de la persona. ¿No cree usted que se está poniendo a mucha gente en su contra? Sus empleados son todos inmigrantes que se han hecho ricos en menos de cinco años. Tienen la misma cantidad de dinero que usted.

—Bueno, el sistema de distribución de la riqueza de la empresa es un poco más complicado que eso, hablando desde un punto de vista matemático, pero supongo que no quiere que hablemos de fórmulas matemáticas en estos momentos, ¿no?

—El año pasado adquirieron el edificio de al lado. Yo estuve un tiempo trabajando por aquí. Hace unos cuantos años ese edificio era un pequeño centro comercial. Ahora cuando he pasado es una universidad.

—Sí, es La Universidad del Sexo. En ella, los estudiantes cobran un sueldo por estudiar allí y, en las clases, se imparten todos los conocimientos necesarios, tanto teóricos como prácticos, para desempeñar de forma competente el servicio que vendemos. El cliente es lo primero. Tardé un tiempo en convertir la sexualidad en una carrera universitaria. El sistema educativo estadounidense se mostraba bastante rígido al respecto, pero al final, quien hace la ley…

—Y, dígame, doctor Roger, ¿se le ha infectado a usted alguna vez un poro de la piel?

—No, nunca.

—Ya. Es bastante doloroso. Uno tiene que ir sacándose el pus poco a poco. Algunos incluso requieren la ayuda de antibióticos para disolver ese pus y así poder ir drenando el grano de forma paulatina.

—Muy interesante. Siempre es bueno saberlo.

—A veces, te duele tanto que es inevitable pensar en qué pasaría si de pronto todo el cuerpo se me llenara de poros como este. Y es quizás ese pensamiento el que hace todo lo posible para que concentremos todos nuestros esfuerzos en impedir que la morfología de ese grano se copie a otros poros de nuestro maravilloso sistema de funcionamiento que es el tejido epitelial.

—Muy interesante. ¿Está usted tratando de hacer una metáfora? ¿O debo tomarme la conversación en el plano literal?

—Todo este tema de educación remunerada, profesionalización del sexo, modelos empresariales no capitalistas, estructura horizontal… No debería extrañarse de que la fundación Rockefeller, que fue la que subvencionó su doctorado, ¿Eliza? ¿recuerda? piense que ha tirado el dinero en su formación. Me sorprenden mucho sus elecciones vitales. Siempre que pienso en investigadores, yo, perdóneme, que soy un hombre convencional, se me viene a la cabeza el retrato de Einstein, con su chaquetita de lana y sus pelos blancos apuntando hacia diferentes puntos en el cielo.

—Siento defraudarle, teniente Mac Cain. Yo utilizo mi inteligencia para vivir según mis ideales y hacer que los pobres muy pobres sean ricos; si eso les molesta, pues qué puedo yo hacer al respecto.

—¿Es verdad lo que cuentan sobre su perro? Perdone, pero es que tengo curiosidad.

—No sé dónde estará. Déjeme que lo llame con el pito de infrasonidos.

—¿Cómo se llama?

—Valentino, ya viene. ¿Lo oye correr?

—Claro que lo oigo. Míralo, venga aquí, aquí, súbete aquí, buen chico.

—Estoy contento.

—Ay va, ¡¡¡un perro que habla!!! No es una leyenda urbana, es verdad.

—Por supuesto que es verdad. Tiene un chip en el cerebro que interpreta tanto sus emociones como sus necesidades primarias: sed, hambre, celo, caca, pipi, etc. Cuando determinada zona del cerebro se activa, un sintetizador de voz integrado en el collar que está usted viendo traduce y enuncia en simples frases esos estados emocionales e instintos primarios. Y hasta aquí puedo leer.

—Y dígame, si quiere usted dejar de trabajar para el sistema, ¿por qué no hace lo mismo que han hecho muchos, vender la tecnología y vivir podrido de dinero hasta el final de sus días?

—Toda esta conversación, permítame que cambie ligeramente de tema, ¿cómo debo interpretarla? Si quiere decir usted algo, dígalo directamente.

—Muchas gracias, doctor Roger. Ha sido una charla muy interesante. Por cierto, y ya no le entretengo más, le informo de que el FBI ha solicitado que se someta al suero de la verdad. No es una práctica legal muy corriente, pero el fiscal lo ha solicitado y el juez Madison, que como usted ya sabrá, es bastante contrario a todo lo que está aquí pasando, lo ha autorizado. También quiero recordarle que de este tipo de cosas nos encargamos nosotros, la CIA. Así que le traigo esta citación y le informo de que dentro de una semana debe personarse en esta dirección para someterse a esta prueba. Queremos cerciorarnos de que usted no ha cometido los crímenes.

—Hablaré con mi abogado. Esto es un poco inaudito, va contra los derechos de cualquier ciudadano, ¿por qué lo hacen conmigo y no con cualquiera acusado de ser un sicópata?

—Bueno, perdone si le ofendo, pero el que ha hecho esto es un sicópata. Con respecto a la prueba, en vista del aumento del número de sicópatas en la población norteamericana, ya se están empezando a practicar pruebas para detectar el cerebro del sicópata. Esta es solo una más dentro del amplio abanico de pruebas con las que se está experimentando. Mírelo por el lado positivo, usted está seguro de que no lo es, estupendo, veamos qué dice su subconsciente al respecto. Ya sabe, en estos casos, es el subconsciente el que manda; allí guardamos toda la información, la que estamos dispuestos a admitir y la que no. Es una caja de sorpresas. Y a lo mejor se sorprende de lo que encontramos.

—Quiero que mi abogado esté presente y que la prueba se grabe en vídeo. La memoria es subjetiva, no quiero que digáis que donde dije digo ahora vosotros decís que dije diego.

—No se preocupe. Todo está en la notificación. Ha sido un placer conocerle. Probablemente no nos volvamos a ver más. O al menos, no por un tiempo. Me han invitado a pasar una temporada en Un Mundo Feliz, y como usted sabrá, no he podido declinar la oferta.

—¿Un Mundo Feliz? El lugar de descanso para la corte de los faraones… Diviértase, teniente, y espero que dé una buena impresión de mí en su informe.

—De usted y de su perro. No le quepa ninguna duda. Dos animales cuando menos curiosos. Me encanta mi profesión. Uno no para de sorprenderse nunca.

—Es usted muy afortunado de poder dedicarse a lo que le gusta.

—Lo mismo digo. Muchas gracias por su atención, doctor Roger.

—Igualmente. Buena suerte.

—Buena suerte.

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