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Decía Noam Chomsky que se podía averiguar el nivel de desarrollo de una democracia por el número de noticias de crímenes que publicaban las compañías de medios de comunicación de masas en un país.

El caso de Sarah Everard sorprende por no encajar en la conducta habitual de los grandes medios y, sobre todo, los más amarillistas, a la hora de hacer públicos los detalles más escabrosos del caso, sean verdaderos o no, como ocurría frecuentemente con el caso Asunta, o el caso de Meredith Kercher y/o Amanda Knox, que se convirtieron en una gran maquinaria de hacer dinero para saciar la curiosidad de las masas, de las cuales todes formamos parte.

A estas alturas, tenemos asumido que Ellos nos ‘echan’ la información fragmentada, unas veces exquista, otras, comida basura, otras, directamente, ‘cosa tóxica’, y nuestras mentes, que son máquinas de ficción, construyen un novela real de Agatha Christie, con la excepción de que, en la mayoría de las ocasiones, la realidad real no nos ofrece un final tan perfecto, justo y cerrado como nuestra sed de equilibrio desearía, sino que hay agujeros negros por doquier, huecos de información que los medios manejan como futuribles elementos de intriga.

En el caso Asunta o en el Caso X eran las incoherencias las que nos hacían pensar que nos estaban fabricando un paquete de información para encubrir una realidad más profunda a la que NO tenemos permisos de acceso, como dicho sea de paso, ocurre con el caso Epstein, del cual no deberíamos hablar si queremos morir de forma natural.

Sin embargo, con el crimen de Sarah Everard, pasa algo extraño y diferente a lo mencionado más arriba, ya que aquí no son las incoherencias sino la falta de información lo que nos indica que algo no está funcionando bien dentro de la maquinaria de comunicación de crímenes para la masa.

Después de varios días esperando a saber cómo ha muerto la joven Sarah, ayer un medio inglés oficial publicó que se iba a practicar una segunda autopsia puesto que los resultados de la primera no habían sido concluyentes.

Cuando la tónica normal hubiera sido llenar estos huecos de información con ‘invenciones’ de las que luego nadie se responsabiliza (solo hay que pensar en todas las informaciones que se lanzaron sobre el caso Asunta y la herencia y/o testamento de la tristemente finada), en el caso Sarah Everard llama realmente la atención que a día de hoy no se haya divulgado ningún detalle respecto de la causa de su muerte.

Estamos en el siglo XXI y la ciencia forense ha avanzado mucho desde el caso Alcasser, no puede ser que no exista ni siquiera una primera hipótesis sobre la causa de la muerte, o sobre un detalle simple y fácil de comprobar para la ciencia de hoy en día, como es el de si sufrió alguno tipo de abuso sexual.

Sobre esta cuestión, espanta el silencio informativo.

Pero es que aún hay más.

Tampoco se nos ha escapado a los obsesivos conspiranoicos del crimen que no se haya publicado ningún detalle sobre cómo se llevó a cabo el crimen, o en su defecto, sobre cómo fue que ese policía se volvió sospechoso y luego acusado y luego ya casi asesino seguro de Sarah Everard.

No sabemos qué ocurrió, cómo la policía llegó a la conclusión de que había sido él. Y a nosotres, que tenemos mucha imaginación, y que además tenemos licencia poética, porque esto es Universo Borg y aquí todo es un producto de ciencia ficción, se nos ocurre de forma casi absurda, alocada e irracional, que la cosa es tan seria, tan seria, como para parar la máquina de hacer dinero, y eso que estamos en la cuna del capitalismo, y esperar, esperar y esperar a que la cosa se calme.

Y cuando decimos esperar a que la cosa se calme, estamos diciendo que hay que evitar por todos los medios que la revolución de la mujer siga su curso, y no darle más razones de peso a ‘esas rabiosas mujeres feministas’ para invadir las calles; sí, esas feminazis que no hacen más que espolear a las mujeres de ideología neutra (Zizek dixit) que aún no se han salido del mátrix del patriarcado, para se echen a la calle y las tomen como si fueran suyas. Acabáramos, faltaría más. ¿Cuándo se ha visto? Sobre todo si sabemos que en algunos países es muy recomendable ir a la calle acompañado siempre de un hombre que te defienda de las más que aceptadas conductas de acoso del resto de los hombres.

Por sintetizarlo en una frase del castellano medieval: mejor no meneallo.

Y si mejor es no meneallo es porque este hombre-policía, del que se ha insistido, por pasiva y por activa, que NO ESTABA TRABAJANDO cuando ejerció su privilegio patriarcal de asesinar mujeres, a lo mejor, se me ocurre ficcionar, ‘hacía que estaba de servicio’ cuando raptó a Sarah, y se me ocurre imaginar, sin ningún fundamento, porque es un ejercicio de ficción, que iba en el coche de la policía, y que la metió dentro del coche, usando su autoridad policial para hacerla someterse a eso que Max Weber llamaba ‘el monopolio de la violencia’ cuando decía que este era una de las características definitorias del estado.

Y solo deseamos que nada de esto sea verdad, y que la razón de que no se haya maltratado informativamente la figura de Sarah sea, una vez más, una cuestión de clase, y que las chicas de la burguesía se respetan de forma distinta a las chicas trabajadoras sexuales de la calle (ya que en este caso, otro gallo hubiera cantado), y que la razón de este silencio informativo no sea para no levantar la ira social de las feminazis; deseamos también que no se haya usado la autoridad para ejercer el crimen, y, ni mucho menos, que se haya encontrado tan pronto al asesino porque una de las cámaras grabara el rapto infraganti, porque ningún político quiere ponerse en la tesitura de qué pasaría si las imágenes de Sarah Everard subiéndose a un coche de policía salieran a la luz.

Váyanse a dormir y recuerden, si leen esto, no lo compartan, por favor.

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