Yo soy Rociíto, y aunque desconozco los secretos de la norma ortográfica española, una cosa tengo clara, a mí, ningún ’señoro’ de la Real me tiene por qué venir a decir a mí si mi nombre se escribe con tilde o no, porque yo soy la hija de LA MÁS GRANDE, pertenezco a una clase social superior a la de ellos, mi patrimonio supera con creces a la suma todos ellos, y es por eso que, como estamos en una economía capitalista, donde el poder del dinero está por encima del poder del prestigio intelectual, y, además, me consta que ellos están de acuerdo con ello, visto lo visto cómo le rinden pleitesía a las grandes tecnológicas y a las instituciones bancarias, es por eso que, retomo, puedo afirmar sin temor a ser reprendida por ni un solo capitalista sobre la faz de la tierra que la burguesía intelectual no tiene por qué venir a decirme a mí si soy o no una tilde o un diptongo, porque eso en todo caso lo decidiré yo, sí, yo, como mujer que soy, como mujer adinerada que soy, como hija de la más grande, porque soy soy Rocíito, y mi madre me educó para que nadie nunca me dijera lo que debo llevar o no, y sí, la tilde me la pongo yo, si quiero.

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