No me sigas, me dijo el maya

Tras una búsqueda intensa en el tiempo de La Revolución Invisible, y siguiendo la pista de la mujer naranja, Alexandre llegó a la cima del Machupichu y allí se encontró a un maya flotando, en posición de marcharme.

Alexandre aterrizó con su traje volador junto a él. Y antes de que este pudiera siguiera balbucear la primera palabra, el maya le dijo:

—Sé quién eres y lo que haces aquí, pero no me sigas, porque aquí acaba el mundo.

La piel del maya comienza a evaporarse, despojándose de la carne y volviendo a su estado espiritual hasta convertirse en una pequeña bola de luz intensa y confundirse entre las nubes del Machupichu.

Incapaz de seguirlo, Alexander baja apesadumbrado hasta la civilización. Quiere reflexionar sobre lo ocurrido, pero una vez más, los acontecimientos de la revolución le sobrepasan como una ola de mar embravecida.

Tras consultar su móvil e impactado por las nuevas noticias, se cuela por una puerta de la pirámide y, para su sorpresa, sale por un ascensor del Golden State, Un Mundo Feliz. Corre veloz hacia el búnquer y llega justo en el momento en que Moctezuma aprieta el botón que hará explotar todas las cabezas nucleares que hay en el mundo mientras dice:

—Si el mundo no es para mí, entonces no será para nadie.

Todo el Club ha conseguido salir antes de que el botón rojo se accionara. Todos menos Miguel Ángel, que yace muerto en el suelo. Las puertas se cierran. Alexia destrozada grita:

—¡Y las bombas! ¡Dónde están las bombas!

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