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 –Bien, Miguel Ángel, podemos continuar la sesión del otro día si te parece. Tú dijiste: tú harás mi verbo presente. ¿Cómo puedo hacer tu verbo presente? –Nada, Eliza, hoy comprobarás que no tienes que hacer nada. Sólo tengo que volver y dejar que intentes ayudarme.

–Está respondiendo muy bien a la terapia. ¿Cómo se siente?

–Lleno de Amor, como siempre, Eliza.

–El amor es una necesidad.

–El amor se convierte en una necesidad cuando lo reclamáis en el otro, cuando buscáis ser correspondidos. Os parece necesario el amor de otros hacia vosotros, especialmente cuando lo constreñís a un número, a un género, a una cultura, a una clase social o a una sola persona. Pero el amor verdaderamente necesario es el que parte de vosotros hacia los otros.

–El amor es una de las cosas más importantes para el ser humano.

–Exacto, Eliza, pero, al contrario de lo que sabes, tienes que buscarlo dentro de ti y no fuera. Arrincona odios, rencores, miedos, complejos y notarás cuánto amor hay en ti. Sentiréis dentro de vosotros como este empieza a brotar y, justo en ese mismo instante, os daréis cuenta de que cuanto más amor deis, más amor emanará de vosotros. Solo así entenderéis su verdadero poder.

–¿Te refieres al poder del amor?

–Piensa en la gran cantidad de humanos que han utilizado la fuerza del odio, ¿y qué han conseguido a lo largo de los tiempos? Nada. Ese odio se ha vuelto contra ellos mismos y nos ha salpicado a todos.

–Odiar es malo.

–Y ahora piensa en los pocos hombres que han usado, casi siempre solos, la fuerza del Amor. Piensa en todo lo que han conseguido siendo tan pocos y cómo, independientemente del tiempo que haya pasado, todos les seguimos amando, sobre todo, aquellos a los que rozaron con su amor.

–Rozaron con su amor.

–Estas personas no eran especiales, tenían un cuerpo y una mente igual a la de todos vosotros.

–Todos somos iguales. Podemos amar y odiar en la misma medida.

–Sí, pero pensáis que estáis obligados a odiar. El que odia es el que os quiere hacer odiar porque piensa, insensato, que al conseguir que todos odiéis, se va a sentir mejor. Y yo os digo que, hasta que no le llegue el momento en que empiece a amar, sus acciones solo alimentarán desgracias.

–Alimentar desgracias. ¿Te importaría, insisto, hablar con palabras concretas de cosas de tu vida?

–Después de mí, vas a hablar con alguien que no tiene un camino, que se ha perdido. Pero en verdad te digo a ti, a la que habla por tu boca, que estás perdida en el camino de un camino perdido, pero no desesperes porque el verdadero camino sigue ahí, aunque ahora no lo veas.

–No hablemos de mí, Miguel Ángel.

–No te hablo a ti, sino a la voz de tu consciencia. Tú crees que amar es difícil, que es doloroso, efímero y que siempre te va a decepcionar. Y no hay nada más decepcionante que estar en el amor sin generarlo, nada más efímero que el volver a encontrarlo, nada más doloroso que estar sin él, nada más difícil que no expresarlo.

–Cambiemos un poco de tema, Miguel Ángel. Fuiste el causante del último lunes negro. ¿Por qué lo hiciste?

–Por eso ama, ama sin contención. Empieza a amarte a ti misma y, en ti misma, lo reconocerás; y reconocerás también, sin que la duda te merme, el amor de todos aquellos que te lo están dando. Y, cuando reboses en ti misma de su plenitud, entonces ofrecerás tu amor, y no por contrapartida, ni siquiera porque sea de justicia hacerlo, sino porque te parecerá el único motor posible por el cual la existencia tiene causa.

–Tu padre era peón de albañil y tu madre era limpiadora del hogar. Tienes siete hermanos y pasasteis los primeros años de tu vida en furgonetas y campings hasta que el estado os concedió un piso de protección oficial. De ahí, a la universidad más prestigiosa de los Estados Unidos, va un paso. Cuéntame, Miguel Ángel, me gustaría que me hablaras un poco de la relación con tus padres y tus hermanos; y también de tu viaje a los EEUU. ¿Cómo ocurrió todo? La Obra de Dios supuso un gran apoyo para ti, ¿no es cierto?

–Con generosa espontaneidad desaparecerán tus prejuicios de género, cultura, clase social y número para amar. Entenderás que nada se halla más separado del amor, por tan grande abismo, que el sentimiento de poseer. Poseer amor es una negación de su esencia.

–Miguel Ángel, ¿sería usted tan amable de responder a mis preguntas?

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