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Ahora mismo, en este instante, yo me encuentro en el edificio de Correos, en Cibeles, Madrid.

Aún no hemos llegado al mediodía y hace un día precioso, huele a primavera; debido al calentamiento global, las estaciones de calor llegan antes y se van más tarde.

Disfrazado de pobre de solemnidad, asisto a la inauguración del banco Bienaventurado de Adil, con la intención de ponerme luego a la cola para poder entrar y enterarme de qué es lo que se cuece ahí dentro.

Mientras aguardo en la larga cola de gente que, junto conmigo, espera en el banco para pedir crédito, escucho a los periodistas objetivos opinar en los medios de comunicación sobre los acontecimientos de última hora, y muy en especial, de la irrupción de Adil en el panorama económico español:

—Como muchos de nuestros espectadores sabrán, hoy es #UnNuevoDía. Atrás queda el caos en el que sucumbió el país tras la bancarrota y la dimisión al completo de los antiguos partidos institucionales. Hoy ha entrado en vigor el estado privado, a gusto del ciudadano, y, para mayor fortuna, el heredero de la cuarta fortuna más importante del mundo ha elegido la capital de nuestro país para establecer la sede central del banco BienAventurado, que también hoy ha abierto sus puertas. Como sabemos, en su día, Adil Serendip, también conocido en el mundo rosa como el príncipe, se comprometió a absorber la deuda externa de cada español si y solo si, a cambio, el estado español se gestionaba de manera privada y no estuviera en el futuro sujeto a nuevas financiaciones. Gracias a él y a los ciudadanos que, a través de la democracia electrónica votaron masivamente la oferta del magnate, hoy es un nuevo día, y nuestras empresas suben como la espuma en todas las bolsas del mundo, ante la expectativa de ampliar sus negocios a sectores económicos, hasta el momento, monopolizados por el sector público. Pero antes de hablar de ello, escuchemos primero las palabras de Adil, que, según los mensajes de las redes sociales, estaba para comérselo, y perdonen la indiscreción, pero una, aparte de ser presentadora de informativos, también es mujer.

Los miembros de la mesa de debate se ríen al unísono celebrando un poco de humor dentro de la seriedad de la cadena. Las imágenes de Adil comienzan a proyectarse:

—Le estoy muy agradecido a todos los españoles por haber asistido hoy aquí a este grandioso momento en la vida de todos nosotros. Es para mí una gran alegría inaugurar la creación de este magnífico instrumento económico y financiero para el pueblo, un banco que va a resolver los problemas económicos, un banco que apostará por temas sociales, un banco que dará crédito a cada español, que dará crédito a cada sueño, crédito sin condiciones, porque todo el mundo merece una oportunidad, todo el mundo merece que le tengan fe, que le crean en aquello que dice que está capacitado para hacer.

La muchedumbre de fuera le jalea como si fuera un héroe que hubiera salvado a la humanidad del apocalipsis. Adil continúa su discurso de inauguración:

—Pero, además, también, quiero, desde aquí, hacer un llamamiento a la aldea global, no solo a los españoles. Quien tenga un sueño, que venga aquí, nosotros le financiaremos ese sueño. Siento que este banco Bienaventurado nos va a permitir resolver nuestros problemas. Los estados han llegado a su fin, no es tiempo de invertir en abstracciones reguladas por políticos corruptos, sino de invertir en personas de carne y hueso. Esta es una esperanza para los pueblos. Un banco democrático, transparente, para el que no sirven asimetrías, para el que todos somos iguales, un banco donde cualquiera obtendrá su crédito. Confiamos en vosotros porque solo con ustedes podremos recuperar la grandeza de esta gran nación que es Europa.

—Abrimos el turno de intervenciones en nuestra mesa de debate. Señor Kumbudiang, tiene usted la palabra.

—Yo creo que nos deberíamos sentir muy afortunados. La situación de este país era insostenible. Solo el mes pasado se suicidaron en la provincia de Madrid 200 hombres que rondaban la cincuentena para que sus familias pudieran cobrar las pensiones de viudedad. Pensiones que ahora, después de la bancarrota, ya no existen.

—No puedo estar más de acuerdo —interviene otro tertuliano—. Bendito capitalismo por aumentar el precio del dinero; gracias al crédito, muchas personas podrán hacerse cargo de sus mayores, ahora sin pensión. Sin el estado, que hasta el momento era nuestro protector, ahora estamos dejados de la mano de dios. Esto es el sálvese quién pueda. La situación es terrorífica, espasmódica, y, por supuesto, desesperada y el 17R, un movimiento de naturaleza idealista, básicamente, seguía sin arrancar, sin hacer nada real. Adil y su dinero es lo que necesitábamos. Si la gente estaba esperando un profeta, ya ha venido.

—Al parecer, según se ha derivado de fuentes asesoras de Adil, la decisión ha sido realmente difícil, pero, al final, nuestro país ha sido el que, finalmente, se ha llevado el gato al agua. Si bien es cierto que, como todos sabemos, el compromiso con Salomé, una mujer de etnia gitana muy apegada a su clan, ha sido determinante en esta decisión.

—En cualquier caso, yo creo que España va a hacer lo que tiene que hacer, que es apoyar a este banco que puede salvarnos, recordemos, y con esto ya acabo, que Adil se ha comprometido a absorber la deuda del estado, de las comunidades autónomas, de las empresas y de nuestras entidades bancarias. No hay 17R que pueda arreglar de un plumazo todos nuestros problemas. Este hombre ha decidido invertir aquí su riqueza y nosotros, ahora, debemos trabajar mucho y con fe para levantar este país, y por supuesto, dar las gracias, porque es de bien nacidos ser bien agradecidos.

—–Bien. Sin duda, parece que hay una muy buena acogida de esta noticia en las redes sociales.Ya saben que pueden participar on-line con vuestra opinión en @DebateCaballerosMesaRedonda. Una de las noticias que más han estimulado a los internautas es la promesa de Adil de generar tres mil start-up en la primera semana de apertura del banco; una cifra generosa, aunque no suficiente, teniendo en cuenta que hay cinco millones y medio de personas esperando créditos para montar su propia empresa. Sin embargo, los internautas afines al 17R (y sobre todo el canal Populus) advierten de que Adil es el diablo hecho persona, y que si pedimos un crédito con él, volveríamos a ser esclavos de la deuda y ya nunca más podremos obtener nuestra libertad, nuestra independencia económica. ¿Qué opina usted, señor Márquez?

—Yo creo que ya estamos todos un poco hartos de tanta crítica del 17R, que luego no es capaz de ofrecer alternativas. Adil ¿es bueno o es malo? No me importa cómo sea en su casa. Lo que me importa es que va a dar créditos a nuestros jóvenes universitarios para que monten sus empresas, eso sí que es solucionar la situación y no organizando manifestaciones que, al final, no llevan a ninguna parte por muy bonitas y creativas que sean.

—Otra de las noticias que más han dado que hablar en las redes sociales ha sido la de que el banco de Adil va a estar completamente gestionado por robots humanoides. ¿Hemos perdido aquí una gran oportunidad para bajar las apabullantes cifras de desempleo en nuestro país, con más de la mitad de la población activa en el paro?

—Bueno, yo creo que no debemos confundir los términos. La tecnología ayuda a nuestras sociedades. La tecnología tiene que colaborar con nosotros en nuestras funciones. Creo que es mucho más creativo dar dinero para montar una empresa, que dar dinero a cambio de que hagan un trabajo aburrido, repetitivo y mecánico que una máquina puede hacer perfectamente. Además, el uso de robots, de cara al marketing, es un golpe de efecto demoledor para la competencia. El mensaje es claro: un banco nuevo, con nuevas maneras, con la transparencia que ofrecen las máquinas, un banco propio de un siglo nuevo.

—Vayamos a comentar, ahora, cuáles son las nuevas directrices, según Adil, del nuevo modelo de estado, un estado privado, por favor, señorita Demonte, podría ponernos un ejemplo para que el espectador lo vea más claro.

—Bien. Supongamos que me han violado. Pues yo tendré un seguro de justicia, iré a la empresa que yo quiera, que busque al violador y lo lleve a juicio, todo pagado con el dinero de mi seguro, y cuando sea juzgado, este será metido en la cárcel, también pagado con el dinero del seguro. Ahora no habrá impuestos gestionados por el estado, sino grandes empresas de seguros que te aseguran tus derechos constitucionales, a cambio de una suma de dinero cada mes, como cuando ante pagábamos el seguro del entierro. El ciudadano ahora puede elegir la empresa que mejor satisfaga sus necesidades; antiguamente, teníamos que conformarnos con el médico, el profesor, el policía, el juez que el estado nos imponía, nos gustase o no. Ahora hasta se puede elegir juez, puesto que la justicia también será administrada por empresas privadas. Y lo cierto es que, según el punto de vista de Adil, esto va a mejorar grandemente la calidad de los servicios, y por lo menos, hay que darle un voto de confianza, que es el que nos va a sacar del pozo, porque a diferencia de los antisistemas, Adil tiene una propuesta, un proyecto de país, mientras que los bohemios del 17R, no; y, yo, personalmente, creo firmemente en que nos espera un tiempo de bonanza y de mucho crecimiento económico…

Desde su despacho, Adil apaga la televisión con un chasquido de dedos; luego, mira a Eliza, su jefa de gabinete y mano derecha, y le dice:

—¿Ves, Eliza? Todos me aman. Me adoran. No les he dicho que digan eso de mí, y, sin embargo, lo dicen.

—Sí, no es coherente que te defiendan. Al fin y al cabo, no te conocen.

—Confianza, Eliza, se llama confianza, fe. Tú de eso no entiendes. La fe es… Bueno, pregúntaselo a Alexia, ella seguro que encuentra la forma de hacer que tú lo entiendas. Ahora, Eliza, vamos, ponme con John, su equipo de yuppies ya ha finalizado su proyecto de pirámide multinivel invertida. Ya verás, Eliza, esto va a ser pan comido. Dentro de poco, no quedará ni un estado en pie sobre la faz de la tierra.

Eliza interrumpe los delirios de su jefe:

—Adil, debo decirle algo.

—Dime, bella, ¿estás contenta de haber vuelto al trabajo? —dice Adil eufórico bailando alrededor suyo.

—Deje usted de hacerme el candado y atiéndame. Están surgiendo muchos problemas. Los investigadores de la fundación Alquimia se han puesto en huelga. Quieren que vaya a verlos.

—¿Cómo? ¿Si acaban de empezar a trabajar como quien dice y ya están en huelga? Estos científicos… Les das la mano y te cogen el pie. ¿Algo más?

—Sí.

—El pueblo Knu se niega a aceptar su oferta de privatización.

—No puede ser. Imposible. Ofrezco las mejores condiciones. Nadie puede competir conmigo.

—Dicen que se niegan a aceptar el concepto de deuda. Hay que ir a negociar. Su zona se está descongelando y, con ella, la pirámide que está en sus tierras.

—Eso ya es más peliagudo. Hoy tengo un día muy liado. No creo que pueda ir. Tengo que hacer que las cárceles no cuesten dinero, además de miles de compromisos de por medio.

—Es importante ir a negociar.

—¿Crees que puede ser peligroso?

—No lo sé, soy una máquina, no tengo intuición.

—Perdona, Eliza, espera un momento, en unos minutos te digo algo.

Adil levanta un brazo y hace como si bajara una persiana. En pocos segundos, del techo de una de las paredes del despacho desciende una gran pantalla. Adil enciende la televisión y se conecta al Astro Canal. Llama: sí, por favor, soy Adil, quiero hablar con Rosa Espíritu. En la pantalla, aparece una gitana con una hoja de romero en las manos.

—¿Qué quieres, niño?

—¿Cómo me ves el día, querida? Ahora tengo una cita complicada, no sé si es una trampa, no tengo intuición, qué me puedes decir.

—Sigue tu agenda, Adil, y hoy dormirás tranquilo de nuevo en los brazos de tu mujer.

Satisfecho con la respuesta, Adil se conecta a Eliza. Gracias a una nueva modalidad del invento de Roger, el transcriptor mental, los dos pueden hablarse aunque estén separados por miles de kilómetros.

—Eliza, voy a seguir con mi agenda. Conecta con las escuelas de protección, necesito un doble en la pirámide Knu, ya. Mac Cain debe enviar el mejor de todos. Dale instrucciones. Les daremos al pueblo Knu todo lo que quieran a cambio de mantener la boca cerrada, nadie puede cuestionar el concepto de deuda, todavía no, —concluye Adil mientras camina por el puente de cristal directo al Palacio de Linares, sede de la Fundación Alquimia.

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