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Estoy en la zona del Pardo, donde se encuentra la casa del nuevo rey y aledaños.

Todo aquí está muy cambiado. Esto es una gran villa tecnológica, autosuficiente, autosostenible, el nuevo mundo, tal y como se puede leer a la entrada de las tierras del rey cuando entras.

Toda Iberia está muy expectante con el próximo discurso del rey, donde este decidirá su nueva condición dentro del NoEstado. El resto de las monarquías europeas esperan que el rey de Iberia haga lo mismo que ellas, esto es, constituirse en una empresa, que los ciudadanos monárquicos la costeen directamente de sus bolsillos, lo mismo que ha hecho, dicho sea de paso, la iglesia y demás instituciones que hasta la fecha se financiaban con dinero público.

Sin embargo, por La Red Invisible, corren extraños rumores de que el rey de Iberia es un verso suelto, un redomado anarquista, un libertario indomable, y los poderes fácticos temen que la vaya a liar de nuevo, sobre todo ahora que ha ganado mucho poder social gracias a su corte tecnológica, de la cual ha salido el Livuk, la democracia electrónica, y las malas lenguas dicen que incluso el Hacedor fue parido entremuros del palacio real una noche de cerrado invierno.

Paseando por aquí me entero de que la familia real está saliendo en dirección al Palacio Real, y subido a uno de sus automóviles, me dirijo allí con ellos y les acompaño en todo este periplo que están a punto de vivir.

Transcurridos todos los ritos esperables, ahora nos encontramos en uno de los salones más lujosos del Palacio Real, que tras la Gran Reforma, es de nuevo propiedad privada del rey, que ha decidido, con el dinero de su herencia, comprarlo en las grandes subastas de embargo donde se privatizó todo el patrimonio histórico-cultural de Europa.

Con un poco de morro porque estas cosas me dan mucho jijí-jajá, me pongo al lado de la reina y de sus dos hijas. Enfrente, un selecto grupo de cabezas de partidos y altos cargos de empresas militares, bancarias y judiciales esperan anhelantes sus palabras. En tercera fila, un enjambre de periodistas, objetivos y subjetivos, están grabándolo todo.

Los flashes de las cámaras han parado por fin, y tras unos segundos de silencio tenso, muy tenso, el príncipe se ha acercado con un par de notas en la mano al micrófono principal que hay en el centro de la sala.

Antes de hablar, ha vuelto la cabeza para mirar a su mujer y sus hijas, que le han sonreído con amor.

—En el viejo mundo, las leyes eran redactadas por los políticos, que obedeciendo a las altas esferas, regulaban la conducta del pueblo llano, corrompiendo así los principios más básicos de la democracias representativas. Ahora, en el nuevo régimen, las leyes son redactadas entre todos a través del software colaborativo diseñado por mi corte tecnológica. Después, estas leyes son votadas o ratificadas por todos con la e-democracy. Agradezco a los íberos que me hayan permitido a mí hacer una primera redacción del nuevo estatus que la corona tendrá en este nuevo mundo que apenas hoy ha comenzado. Esto que he escrito lo he hecho pensando en vosotros y en vuestra felicidad.

El príncipe hace una pausa para mirar a todas las instituciones que están presentes, y que esperan oír el próximo canon de la corona. Simultáneamente, la guardia real ha entrado y se coloca ahora delante de ellos, en sitios estratégicos, protegiendo al antiguo príncipe y a su familia.

—Título II de la constitución española: De la corona. Apartado 1: Ningún rey de España podrá ser rey por derecho de consanguinidad. Apartado 2: Ningún ciudadano que sea rey tendrá ningún privilegio por el hecho de ser rey. Apartado 3: España se define como una monarquía republicana o una república monárquica, declarándose a sí mismos reyes todos los ciudadanos que la conforman.

El príncipe ha terminado de hablar. Pausadamente, ha doblado las pequeñas cuartillas y se las ha metido en el bolsillo. A continuación, dos guardias reales se han situado a su lado y han desplegado una bandera con muchos colorines y con una corona dentro. A la derecha de la corona, hay un superíndice, un exponencial, que expresa que la corona está elevada matemáticamente al número x.

Cuando la bandera ha estado completamente desplegada, el príncipe ha levantado el brazo derecho y ha gritado con toda sus fuerzas: ¡Viva España! ¡Viva Iberia, viva Cataluña, el País Vasco y Portugal!

Como un acto reflejo, aunque sin salir de su asombro, el resto de los congregantes ha replicado:

—¡Viva!

—¡Viva!

—¡Viva!

El príncipe se da media vuelta, abraza a sus hijas y los cuatro salen de la sala saludando sonrientes con la mano extendida.

La habitación de recepciones del Palacio Real se ha quedado completamente muda por unos segundos. Todos se sienten como si hubieran tenido una especie de alucinación, o como si estuvieran dentro de una película de Buñuel. Paulatinamente, un leve murmullo ha ido apareciendo en el ambiente hasta convertirse en una gran algarabía. Un alto cargo militar, ahora director de una de las empresas militares más importantes del país, se ha puesto rojo como un salmonete del disgusto, y fuera de sí, ha sacado su pistola y se ha puesto a pegar tiros al techo.

Afuera, la reina arranca el coche que les llevará de vuelta a TecnoUtopía, la villa de la autosostenibilidad.

—Qué buena tarde se ha quedado, ¿verdad? Parecía que iba a llover, como el día de nuestra boda, ¿recuerdas?

—Cómo olvidarlo… —dice radiante su esposa.

—Papá, papá, papá, en El Capitán Miguel, también todos los crownbibestarriones son reyes.

—Papá, papá, papá, me estoy haciendo número 1.

—Papá, papá, papá, y yo número 2.

Tras calmar a las niñas, el rey pone la radio y suena Viva la vida, de ColdPlay. La pareja se mira y dice a la vez: ¡pattern matching! Ambos ríen a carcajadas mientras el coche se aleja en el horizonte.

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