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Hoy es el día de la cena de Adil. Toda la humanidad comerá y beberá a su salud con comida de primera calidad. A estas alturas, y después del virus de la hamburguesa, puede decirse que el Livuk que funcionaba sin dinero está prácticamente muerto. Los casos afectaron sobre todo a la comida pasada de fecha, fuente principal de alimento de los desfavorecidos, que usaban la red del 17R para poder satisfacer sus necesidades más primarias. Solo una red se mantiene indemne, la de las prostitutas, pero como es invisible y nadie le echa cuenta, los faraones piensan ya que han ganado la guerra contra el mundo sin dinero.

Para colmo, la vuelta al dinero físico es ya una realidad, y con motivo de su aniversario, Adil ha inaugurado las Lluvias de dinero, el evento más espectacular desde que el siglo comenzó su andadura. El dinero cae del cielo, desde avionetas de diferentes tamaños, y la gente baila que te baila de alegría y le agradecen a Adil una y mil veces, por vídeos, carta, por email, por chat, toda su generosidad, asegurándole que le será mil veces recompensada.

En un acto casi instintivo, la gente coge el dinero y vuelve rápidamente a meterlo en el banco de Adil, en una cuenta de ahorro que sirve también para disminuir la deuda absorbida por el magnate en los tiempos de la bancarrota de los estados. Con este dinero en metálico, convertido en dígitos, Adil paga los créditos que los faraones a su vez le están dando, así como los intereses de la deuda contraída con ellos.

Todo parece marchar como la seda, y, sin embargo, Europa, con el estómago lleno y parte de su perdido bienestar recuperado, está muy envalentonada y le exige al bufón de Populus que cumpla con lo pactado, que lleve a cabo, que ejecute la venganza, el castigo o el acto de justicia necesario para que los faraones no vuelvan a atentar nunca más contra la humanidad. Las masas quieren vengar el Homo Toxicus, y, al vengar esto, vengan de paso, todas las posibles estafas alimentarias del pasado.

Populus, obediente, sumiso, le da al pueblo europeo lo que demanda, y hoy mismo, sin ir más lejos, el bufón ha vuelto a salir de su cueva.

Millones de hipótesis corren por todos los móviles sobre cómo será la venganza del pueblo, la venganza de Populus.

Propuestas hay miles, pero ninguno se atreve a llevarlas a cabo, los populus sugieren, piden, e incluso los más subiditos ordenan, pero a la hora de la verdad, será el bufón el que haga lo que tiene que hacer, el que le descargue a la masa de su responsabilidad moral, el brazo ejecutor de una colectividad que, de momento, desea solamente observar una revolución desde el sofá de su casa.

Y desde el sofá de nuestras casas es desde donde estamos viendo salir al bufón en todas las televisiones, móviles y dispositivos de telecomunicación de todo el mundo.

Viene hoy el bufón ataviado con estrafalarias ropas de gitana, de colores muy chirriosos, que acaban en moneditas brillantes que cuelgan por todos lados.

La bufón adivina está sentada en una mesa camilla en cuyo centro hay una enorme bola de cristal.

De fondo, no hay paredes porque el travestido está flotando en medio del universo; solo se ve un cielo oscuro estrellado, y, en una diagonal, la luna llena.

De un soplido, la bruja hace desaparecer el trapo que cubría la gran bola y, asomándose a ella, comienza a narrar su visión:

—Veo UN GRAN MIEDO que solo los poderosos deben temer. Los débiles les han pedido que sean buenos con ellos, pero sus plegarias han caído en un pozo sin fondo. La naturaleza es injusta por naturaleza, van predicando como si fueran filósofos, pero el futuro no me habla de un mundo injusto, sino de un miedo inmenso y atroz que los devorará hasta no quedar nada, tan solo MIEDO.

La cámara enfoca a la bola de cristal y, de ella, empiezan a salir corriendo por el aire un montón de figuritas pequeñitas, con las cuencas de los ojos huecas, vestidas de smoking, corriendo de una lado para otro gritando como locas esta frase: ¡quien tenga ojos, que oiga, quien tenga oídos, que vea!

—Tienen tanto miedo que necesitan transferirlo a los débiles para no sentir el peso de sus propias cadenas. Ahora veremos que todos esos miedos no eran nuestros, veremos que eran miedos infundados, contemplaremos, asombrados, nuestra verdadera fuerza, el gran poder que concentramos en nuestras manos, y, cuando esto ocurra, una ola de terror caerá sobre los que han hecho su riqueza a costa de nosotros, la sangre de los débiles. Ya no hay vuelta atrás, Populus les devolverá el miedo adeudado con todos sus intereses, porque hoy ¡HOY! HOY COMIENZA… LA VENGANZAAAAAA DE POPULUS.

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