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—Este que ven aquí —dice Adil mientras un bastón de madera preciosamente tallado aparece de la nada en su mano izquierda— es el palo que habéis visto en el vídeo. Este bastón fue labrado con mucho amor por un monje tibetano durante cuarenta largos años de su vida y solo existe este ejemplar. ¿Cuál dirían ustedes que es su valor? Para mí, es incalculable. Ni por todo el oro del mundo me desprendería de él, y, sin embargo, cuando lo encontré, a la muerte del monje, estaba arramplado en un montón de basura. ¿Cuánto valía el bastón entonces?

Con gran soltura y enorme atractivo, Adil comienza a moverse por el escenario, me lo follaba mucho pero mucho, piensan muchas mujeres y gays presentes en la sala.

—Supongamos que subo al Bank Book la venta de este objeto y que lo demandan cien mil personas, ¿ha cambiado para mí el valor del palo? No, porque el valor de este palo es inmutable, ya que inmutables son las emociones que me producen.

Muchos están grabando sus enseñanzas. El mercado de las emociones es el meme más importante de Emerge, y todavía algunos no logran comprender su dinámica.

—Si aplicásemos el paradigma de crecimiento económico exponencial, al cabo de un año, cada persona tendría un palo como este en su casa, ¿cuánto valdría ahora el palo? Y lo que es más importante, ¿a quién le importa su valor? ¡No hay ningún árbol vivo sobre el planeta!

Adil hace un descanso para darle un trago a su cerveza y quitarse la chaqueta y la corbata. Dios, creo que me acabo de correr, le dice una yuppi a otra.

El valor de un producto viene determinado por su coste de producción. ¡MENTIRA! El mejor método es el más caro para el cliente: ¡MENTIRA! Producir un libro es más caro que producir mil: ¡MENTIRA! La economía crece exponencialmente ¡MENTIRA! Sin dinero, no hay economía: ¡MENTIRA! Algo vale más cuanto más cuesta: ¡MENTIRA, MENTIRA Y MENTIRA! Nos han enseñado muy bien enseñadas las cosas equivocadas. El valor de algo es una cuestión íntima, privada, personal, y tiene que ver con las emociones, los recuerdos, que ese producto te causa. ¿Esto me hace feliz? Tiene valor. ¿Con esto no siento nada? No tiene valor. El valor que algo tiene para mí no puede expresarse con un número, porque no es una cualidad del objeto, ni está relacionada con su coste de producción; el valor es un concepto relacional, el valor es una cualidad proyectada por el creador, por el dador, y también una cualidad proyectada por su receptor, y entre todos estos agentes se genera el gran sistema de comunicación emocional que es lo que hace avanzar al universo intangible, y a lo que nadie, a día de hoy, le ha puesto precio, esto es, a lo que nadie le ha dado valor.

—¿Qué está diciendo? No entiendo nada —se cuchichea entre los tiburones de Emerge.

—¿Una economía basada en la cualidad y no en la cantidad? ¿De qué está hablando este hombre? —me dice el yuppi que está a mi derecha.

—Nosotros somos de ciencias, solo entendemos de gráficas, números, estadísticas, la economía es fría, no tiene sentimientos, ni hay personas detrás, solo dinero, —le dice una mujer con pinta de empollona a su amiga…

—Calla, hombre, déjame escuchar, luego me lo cuentas.

Mientras tanto, Adil prosigue con su discurso.

—Somos el nuevo paradigma económico, ¿quieres ser rico y, además, tener mucho dinero? Venid conmigo y juntos, porque sólo juntos, lo seremos todo.

Parecía que el discurso había acabado y que ahora tocaba aplaudir mucho y con gran emoción, pero como un estúpido, he levantado la mano; he esnifado mucha cocaína y no estoy acostumbrado. Al parecer, he preguntado esto:

—¿Cómo espera usted que operemos matemáticamente con valores no matemáticos?

—Dímelo tú, que para eso te he contratado.

—¿Lógica borrosa? ¿Economía cuántica? —contesta una mujer queriendo destacar.

Otra yuppi, con pinta de súperdotada, grita desde atrás:

—Matemáticas vortizales.

Adil mira a John que está al otro extremo del salón, levanta su cerveza, brinda con él y dice mientras se tira desde allí a la piscina de cabeza:

—¡Vivan las matemáticas vortizales!!!!! ¡Viva el patrimonio emocional! ¡Vivan los activos intangibles!

—¡Vivan! ¡Vivan! ¡Vivan!

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