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Se enciende la pantalla, que ahora está en blanco y negro, y aparece una cuenta atrás 3… 2… 1 como en las películas antiguas; a los pocos segundos, vemos, también en sepia, a Adil, que va vestido con una camiseta blanca de algodón de tirantes, unos roquis y unas chanclas.

Esto parece Cañada Real, pero da la sensación de que aún estamos en tiempos de la dictadura fascista del general Francisco Franco, en los años 60. Adil tiene un palo en la mano con el que se ayuda para dirigir a un rebaño de cabras hacia una especie de cuadra construida de hojalata.

Todos escuchamos la maestría de Adil al emitir sonidos chasqueantes con los que comunicarse con sus bestias. Luego, su suegro, el gran patriarca, se le acerca, y, dándole una palmada en la espalda, le dice:

—¿No me digas que esto no es vida? Todo el día sin pegar un palo al agua.

—Así es, como tié que ser, don. Los vagos son los que han hecho avanzar a la humanidad. El máximo rendimiento con el mínimo esfuerzo. Allí donde haya un vago, habrá progreso.

A continuación, da la sensación de que Adil mira a la cámara y dice:

—A todo el que sea vago, le ordeno que venga a mi regazo y yo le daré todo lo que necesita para que continúe siéndolo, porque YO, YO, YO soy más vago que la chaqueta de un guarda, más vago que los botones de Sacarino, soy tan vago tan vago que me levanto pronto para estar más tiempo sin hacer nada, tanto o más vago que el cuñado de Rocky, soy tan vago que podría pasarme toda la vida haciendo solo la única acción que no cansa, respirar.

Con una cara llena de malicia que Adil conoce perfectamente, John extiende el brazo para que se vea que tiene el mando a distancia y pulsa dos veces una tecla.

Adil cambia su expresión y corriendo hacia a John grita ¡Noooooo!!!!

En todo el ático, se ha vuelto a escuchar una vez más la misma voz femenina que salía del ordenador de Paca: Su vídeo ha sido subido a Populus, muchas gracias.

Algunos de la fiesta se lo han bajado inmediatamente para volvérselo a ver, porque es realmente cómico y chocante encontrar a Adil, un pijo exquisito, de imagen perfecta, elegante, intachable, vestido de esa facha y diciendo esas cosas tan absurdas, tan contrarias a Adil.

Frente a frente, los dos amigos se miran. La gente que está en el salón observándoles piensa que va a ocurrir algo malo. Adil hace unos pasos de boxeo y, al tirar un gancho, abraza a su amigo, y todos comienzan a gritar de nuevo inmersos en una gran juerga. La música de discoteca comienza a sonar otra vez.

—No pasa nada, las novatadas, novatadas son, y hay que aceptarlas de buen temple, —ha dicho luego el príncipe robándole a John el auricular con el micrófono para dirigirse a la comunidad Emerge.

Al escuchar su voz, todo el mundo ha pasado al salón; nadie quiere perderse ni una vocal del gurú de la Economía más admirado en estos momentos por la aldea global.

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