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Suegra y yerno se encuentran en una enorme sala de casino llena de mesas de juego. Es un gran casino bursátil, en Saint Petesburgo, Rusia y están rodeados de la más beautiful people.

En este tipo de sitios, las fichas que se juegan en las diferentes mesas equivalen a acciones empresariales y a él acuden accionistas de todo el mundo a sentir cómo el riesgo se mece en las caprichosas manos del azar.

Entre tanto glamour, la mare se siente como un elefante en una cacharrerría y, avergonzada, con miedo de convertirse en el centro de todas las miradas, se lleva las manos al pelo para tratar de recogerse la canosa melena en un adecentado moño. Luego, le arremete a su yerno la camiseta de tirantes por debajo de los calzoncillos como si así fuera a arreglar algo.

—Arrecógete el pelo, chacho, que nos van a echar a patàs daquí.

—Oh Oh… —le contesta Adil.

La suegra tuerce la cabeza y ve que un armario de dos puertas se dirige a ellos con cara de pocos amigos. La pobre mujer quiere correr, pero siente que está paralizada como en una pesadilla. El guarda avanza decidido, con los puños cerrados, y hablando con palabras cortas y secas por un pinganillo que le sale del smoking y le cuelga de la oreja. Cuando llega a la mare, el musculitos la atraviesa como si estuviera hecha de aire.

—He muerto, he muerto, Adil, ¡estamos muertos! —dice la señora llorando con mucho drama.

—Tranquila, mare, —le dice el yerno— que esto parece ser una realidad holográfica.

—¿Holo qué?

—Es una imagen en 3D.

—Ay, shiquilloque ehtamoh muertoh y esto eh el purgatorio —sigue llorando como una plañidera.

—Que nooooo, échate cuenta que tás entro el televisor.

La suegra va a contestar pero enseguida dos mujeres espectacularmente bellas se han acercado a su lado, y con ella en medio, se saludan afectuosamente con besos al aire y comienzan a chismorrear sobre los asuntos del día.

Una de ellas es la madre de Verónika Nóvikov, la fundadora de la organización de Inadaptados al Capitalismo, aquella cuyo padre controlaba toda la distribución del gas en Rusia y países aledaños.

—¿Has oído lo de la nave espacial encontrada en Marte?

—Siempre creí que estábamos solos en el planeta.

—Yo, en cambio, siempre he pensado que los extraterrestres están aquí entre nosotros. A mi lado, observándome sin que yo lo sepa.

La suegra y Adil se miran, y yo a su vez, les miro a ellos y luego miro a las señoras, y comienzo a reírme a carcajada limpia mientras busco información en mi dispositivo sobre la nave de Marte.

Entretanto, las mujeres se ponen a hablar del tema estrella en todas las revistas del corazón: la gran boda de Adil.

Pensando que nadie está escuchándolas bajo el ruido de las ruletas y las tragaperras, una le dice a la otra:

—¿Sabes ya lo último en el bono rumor?

—No, cuenta, cuenta.

Se dice, se cuenta, se rumorea, que Salomé podría convertirse en estatua de sal.

La mujer no parece entender bien la referencia.

—Sodoma y G…

—¿Por ahí?

—Claaaro, tontaaaa.

—Gitanos… —dice la otra mujer con un poco de asco— es que luego dicen, pero son ellos los que no quieren integrarse, son ellos los que viven en la edad media. No sé adónde vamos a llegar…

—Tranquila, mujer, dentro de unos siglos, esta raza se habrá extinguido… y pondremos algunos ejemplares en los museos, disecados… y los miraremos como si fueran obras de arte.

Las dos mujeres ríen con complicidad, y se agarran del brazo, como si gracias al chisme ahora su lazo de amistad fuera más fuerte que nunca.

—¿Y a cuánto cotiza el bono?

—A doscientos dólares. Se dice que hay una persona muy allegada a la intimidad de su familia que lo confirmará el miércoles, dicen que hay un vídeo donde…

—Calla, calla, no me digas más… ¿Tú ya has cogido?

—Sí, ¿y tú? ¿a qué esperas? La palabra clave es topicueto.

Dicho de puta vieja, no entra en mi pelleja—. Le grita en vano la madre de Salomé.

Avergonzado por la situación, Adil se agacha y, a cuatro patas, avanza a ciegas por la cocina, tanteando el suelo, tratando de buscar el escarabajo.

—Eso que estás atravesando muy osadamente son mis pies, con lo que si me buscabas ya me has encontrado.

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