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Entretanto, en La Casa Blanca, en el despacho de la presidenta, el equipo técnico está que se sube por las paredes. Sin información, y, ahora, sin el dinero de Adil, su gobierno acaba de morir sin haber siquiera prácticamente nacido.

—Lo tienen todo estudiado, —habla muy cabreado el jefe de gabinete mientras la señora presidenta se come, despreocupada, un apio mojado en salsa roquefort.

—Do they? —Contesta Barbie como si fuera la Reina de Inglaterra.

—Esto es el fin de la revolución. Nos están mostrando a las claras el gran poder que ostentan, la gran dependencia que la aldea global tiene de su dinero, de su riqueza. Ellos son los que tienen el 80% de todo, y no hay más que hablar, sin ellos… no sé cómo vamos a sacar esto adelante —dice Chomsky mientras consulta los datos de democracia electrónica para saber cómo planificar el día.

La señora presidenta se queda pensativa mirando con ojos de ángel el retrato del presidente J. Barlet, del Ala Oeste de la CasaBlanca, impreso en la alfombra del despacho.

De fondo, por una pantalla de televisión, un periodista está diciendo esto:

—Así es, el 1% se ha puesto de huelga y la mayoría de la aldea global se ha enterado al llegar a su puesto de trabajo. A las doce del medio día, el #1%, muy bien asesorado por un ejército de cerebritos en inteligencia económica y geopolítica, ha dado un comunicado a través de una portavoz femenina anunciando lo siguiente:

Informamos a la población mundial de que el uno por ciento más rico del planeta se pondrá en huelga hasta que la información no aparezca. Muchas gracias, y buenos días.

Venga, ya, por favor, eso no se lo cree nadie, digo en alto como si alguien pudiera escucharme.

Quiero decir que nado en la certeza cuando digo que lo que le ha cabreado a los faraones ha sido el hecho de que se desveleran sus identidades. Antes eran invisibles, nadie podía desmostrar su existencia, se les llamaba ElPoderFáctico, ElPoderFinanciero, se les trataba con el pronombre de ELLOS, pero nunca habían pasado de ser una mera abstracción, y por tanto, siempre habían estado a resguardo, se habían sentido seguros, inmunes e impunes al mismo tiempo.

—Esto, esto, esto no se puede consentir, hay que tomar medidas contundentes, radicales, extremas, porque si no, si no, estaremos cavando nuestra propia tumba, —dice uno de los semifaraones en una reunión sin Adil.

Mientras ellos hablan, la economía capitalista en Occidente está parada: la bolsa, parada; los bancos, parados; los medios de comunicación, parados, las universidades, paradas, los hospitales, los supermercados, los equipos de fútbol… y así se podría continuar ad infinitum con todas y cada una de las actividades socio-económicas controladas por los tentáculos de los semifaraones.

La huelga ha sido inmediatamente secundada por el 99%, que quiere presionar así a los ladrones de información para que la devuelvan.

Uno por uno, como si fuéramos corderitos bien amaestrados, relivuqueamos el livutag #ComeBackInfo, y, mientras, a la espera de que el dinero de Adil vuelva a llover del cielo, volvemos a llenar nuestro Livuk de contenido, subiendo todos los recursos que queremos compartir, explicando de nuevo a los demás cuáles son nuestras necesidades, formalizando nuestra oferta y nuestra demanda, intercambiando, sin símbolos intermediarios, capital simbólico, ejerciendo muy a lo tonto y sin darnos mucha cuenta, simplemente por necesidad, la noble y refinada economía del bien común.

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