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Día 2 de mayo del 12112. Estoy en Kannapolis, Carolina del Norte.

Los clientes más desconfiados del banco de Adil, presos del pánico, se están agolpando muy rudamente a las puertas de las miles de sucursales que el BienAventurados tiene repartidas por todo el mundo, y tanto aquí, como en Madrid, como en la Conchinchina, nos hemos dado con la puertas del Banco en las narices.

Afuera, detrás de una especie de stand de feria, se encuentra una robot Eliza que no da abasto atendiendo a todo el mundo con la amabilidad que se merece.

Sin embargo, hoy los encantos de Eliza no parecen ser suficientes para calmar a tan embravecido personal.

Los adilanos le exigen que les prometan, juren y perjuren por dios, la virgen y la madre que la parió que su dinero, antes del robo de información, está intacto, que ellos tenían tal o cual cantidad, y que quieren que, lo antes posible, pongan en pantalla exactamente cuánto tienen y cuánto deben, como antes, por cosa de la honradez y de la honestidad.

Los más osados, van más allá, y le piden, eso sí, por favor, a los robots que les enseñen el dinero en metálico, el dinero contante y sonante, para que ellos lo puedan oler y tocar.

Por primera vez en mucho tiempo, la gente quiere ver el dinero solo en forma material, atómica, completamente desprovista de su traducción virtual.

—Me jura por Dios, señorita, ¿que mi dinero está ahí dentro?

—Yo soy un robot, no puedo jurar por Dios. Ese acto de habla no está programado en mi red neuronal. Si le jurara esto, le estaría mintiendo, y las Eliza no mentimos, señor.

—Entonces, ¿no tiene usted fe en Dios, señorita? —le pregunta un mecánico de coches a una Eliza en Amsterdam.

—La fe es un lujo, señor, que solamente los humanos pueden sentir.

Mientras observo toda la escena, me percato de que, en la puerta del banco del edificio, hay un cartel de madera con los bordes de oro y letras pintadas de forma muy majestuosa, de estilo gótico. Hago un poco de zoom sobre el vídeo y, al cabo de unos segundos, veo que se puede leer perfectamente:

Cerrado por huelga del 1%.

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