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Me quedo un poco alicaído. Que no se diga que no quiero ayudar a la gente buena, pero aquí nadie escucha. Están todos obsesionados por cumplir unas reglas absurdas, que nadie se cuestiona, y tienen mucho miedo a quedarse sin dinero y sin cosas materiales. Esto es lo que más me llama la atención. No tener dinero es como tener la peste. Pierdes todos tus derechos y la gente se aleja de ti para que tu desgracia no se les contagie. Ya sé que es absurdo pensar que no tener un vulgar puñado de metales en el bolsillo, o de papeles muy inflamables, por cierto, no es ninguna desgracia, pero aquí se les ha metido esto en la cabeza y no hay quien se lo saque. Luego, cuando les intentas explicar lo fácil que es crear dinero de la nada, que creer es crear, te miran como un loco y te contestan que el dinero se gana honradamente, trabajando de sol a sol. Ellos sí que están locos. Hablando de locos, uno se ha subido hace un rato y se me ha sentado al lado. Mientras hacía estas reflexiones que acabo de presentar el hombre me está soltando un rollo sobre Adán, el primer hombre, que nació al caer expulsado de un círculo de luz en medio de la noche oscura. Al parecer, según su historia, este firmó un contrato con dios al nacer sin tener mucho conocimiento de lo que firmaba. Vivía feliz Adán en el paraíso hasta que un día le preguntó a Dios: ¿Por qué desconozco el corazón que late mi vida? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué todo? Y Adán esperó y esperó y esperó. Pero Dios no acudió a su cita. En su lugar, el viento CONVIRTIÓ EN ECO una frase con indiferencia: Ese fue el trato. Me le quedo mirando con el lado derecho de mi labio superior levantado. Este gesto no está en nuestra cultura, me llevó un tiempo practicarlo delante del espejo, pero ahora ya lo domino perfectamente, lo tengo ya incorporado del todo y forma parte de la personalidad. Luego, seguro que a mi vuelta, tardo tiempo en quitármelo de encima, aunque solo lo use para hablar conmigo mismo. Me saco una pastilla de ayaguasca, del botiquín de la nave. Se la extiendo y le digo: no es cierto, cuando veas la serpiente, verás que todo el conocimiento del pasado, presente y futuro está en ella, y que le puedes preguntar a ella, porque ella es la conexión divina. Hemos llegado a otra estación. El hombre, rápidamente, se levanta y sale de chiripa antes de que las puertas se cierren del todo. No sé por qué me echo la mano a la cartera. En efecto, se la ha llevado. ¿Es que a nadie le importa otra cosa que el dinero? Archivo &%$ antes de la eliminación del dinero, Tempohistoriador &%$TGNN

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