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Nombre clave: Carlos V y I: —Me… me debéis un millón setecientas ochenta y cinco mil setecientos catorce dólares con dos céntimos.

Nombre clave: Ramsés:—¿Maldito autista? ¿Sigues llevando las cuentas de todo en la cabeza?

Nombre clave: Napoleón: —Mira, Carlitos, guapo, mis asesores han organizado la reunión y ha costado infinitamente más que el alquiler de esta casucha. Conseguir que los de la comisión de seguridad y los de la federación de automovilismo accedieran a invertir el cauce del evento a modo de señal para que entendierais que os quería ver a todos reunidos aquí, no ha salido muy barato que digamos.

Nombre clave: Moctezuma: —Te habrás gastado el dinero en esa MIERda de bebida azul que tomas, Napolitana. ¿Pues, sabéis lo que OS DIgo? Tranquilos, pandilla de imberbes, pago yo, ¿ok, Seis? Para algo soy yo el más rico, ¿no? ¡Venga, Napo, dinos qué quieres! No dispongo de mucho tiempo, mi Jet me está esperando. ¿Y mis puros? ¿Han traído los inútiles de tus sirvientes mis puros?

Nombre clave: Atila: —De nada eso, viejales, soy el rico más yo; además, aquí no puede se fumar. Si quieres, a la mesa la sillita te acerco de ruedas para que algo comer puedas. ¿O te mueres es que si dejas de oxígeno la mascarilla por un momento?

Nombre clave: Gengis Khan: —Eh, tú, afásico, la comida es para mí, que para eso la he comprado yo con mi dinero, el viejo que fume. Y, por cierto, el más rico de todos soy yo.

Nombre clave: Alejandro Magno: —¡Por Dios, Gengis, te vas a comer todo ese banquete? Madre mía, ¿no vais a ver la carrera o qué? Que ya va a empezar. Y Napo tiene razón, esta casa no es la más cara, yo pillo siempre la de quince millones, pero ahora, como van en sentido contrario, es desde esta donde mejor se ve la chicane, por eso le dije a mis asesores que la cambiaran. He hecho bien, ¿verdad Ramsés? ¿Y mis vinos? ¿Eh? ¿Los has conseguido? No me fío de tus catas, Napoleón.

—Seis no, Moctezuma, quinto y primero y… Y me debéis un millón setecientos ochenta y cinco mil setecientos catorce dólares con dos céntimos.

—Viejo, dale un cheque a quinto y primero, y empecemos de una vez.

—No me llames viejo, Ramsés, o quieres que te llame moro, y fumMO SI ME DA LA GANA y ¡SOY MÁS RICO QUE…! ¡Aaag, gog, gog, aaaag, gog, gog!

—Napoleón, ¿han las traído pastillas de Moctezuma?

—Unas doscientas, Atila, ahí están.

— Acabemos, no soporto estar sin mis criados, ¿alguien sabe cómo encender esto?

—Napoleón… ¿Es que también te limpian el culo?

—Es broma, ¿no, Alejandro? ¿A vosotros, no…?

—Anda, dame, ¿dónde está el mando?

—Está al revés… Y la pantalla estará tras el mueble, en la otra pared, hacia donde apunta el cañón, y basta con hacer con las manitos ¡plas! ¡plas!

—Dar dos palmadas…eh… gracias, Carlos uno y cinco. Venga, veamos ese vídeo.

(…)

—¿Y qué? Que unas momias dicen que se va a acabar el mundo, yo debería pasar, tíos, eso es para ustedes, yo todavía soy joven, el mundo no se va a acabar hasta que yo no me muera.

—Me sudan las manos, Ramsés, solo me sudan las manos cuando siento peligro.

—Siempre te sudan las manos, Napoleón.

—Porque siempre hay peligro. ¿Qué opinas, Genghis?

—Yo lo tomaría en serio, los indicios están claros, el otro día la luna en California se volvió roja por la luz del fuego de los incendios.

—¿No puedes de comer parar para hablar? ¿Y qué si la luna se roja vuelve? ¿Acaso no tú fuiste el genio que optó por la recomendación de la crisis inmobiliaria combatir en California las casas quemando? Te llamar Nerón deberías.

—Sí, me pareció bien. ¿Tú puedes quemar el Amazonas y yo no puedo quemar California, Atila? ¿Y los pozos cuando Kuwait? ¿Quién es el Nerón ahora? ¿Eh? ¿Eh?

—¡De fuera si sigues te dejo de lo te advierto de Corea por, Genghis, ese camino!

—Carlos seis, ayuda.

—¡Quinto y primero! ¡No me escupas comida…! ¡No te ayudo! Estoy harto de traducirle la sintaxis al memo de Atila. ¿Por qué no pagas para que te inventen un traductor que te coloque las palabras en orden correcto con unos cuantos cálculos?

—Caaarlooos, la fusión, setecientos cincuenta y siete millones con cuatrocientos cincuenta mil seiscientos no se qué dóoolares.

—Dice que te advierte de que si sigues por ese camino te deja fuera de lo de Corea.

—¿Lo ves, Gengis? Ya se nos fue Atila al rincón, no sé para qué lo mosqueáis. Alejandro, ¿y tú qué opinas de todo esto? ¿Quieres apartar la mirada de tu I-Pod, por favor?

—Yo que sé, Ramsés, todo esto me da muy mal rollo; además, estoy viendo la carrera, lo que decidáis me parece bien… ¡Ahora! ¡Sí! ¡Sí! ¡Dale la vuelta a la cámara, veamos ese escote, Brina!

—Eso de Corea es basura…Verás lo bueno que será cuando le quitemos el apoyo a Israel y se líe Israel a tiRAR PEPINOS, IRÁN LE RESPONDERÁ Y NOSOTROS GAaaa! ¡Aaago, gog, gog, gog, aaagog!

—¿Y no es precisamente allí, en Israel, donde dice el video que ocurrirá el Armagedón? Pues apoyamos a los políticos más conciliadores y ya está, la gentuza siempre prefiere la paz.

—A ti tanta comida mal te está sentando o estás asustado muy. ¿Sabes dinero cuánto dejaríamos de ganar semejante con situación?

—¿Qué cojones dices, Atila? Soy Genghis Khan, chasqueo los dedos y Pakistán y la India se están tirando pedos nucleares.

—¡Atila, Genghis, tranquilitos! No deseo desencuentros siendo yo, Napoleón, esta vez, el anfitrión. Necesitamos a Pakistán para controlar a la India, ¿no, bonitos? Os recuerdo que allí hemos invertido nuestro dinero; además, necesitamos a Israel para excusar a nuestro fortachón perro sabueso para que cuide de nuestro petróleo, queridos míos.

—Napoleón tiene razón, somos equilibristas, alquimistas, magos. El único motivo por el que podría existir un Armagedón es que lo provoquemos nosotros. Debemos estar muy atentos. Veamos qué indicativos hay.

—No sé, Ramsés, ¿aparte del año de la serpiente, la era de acuario, el final del calendario Maya, Nostradamus, las profecías bíblicas y las del reino del salón de los testigos de Jehová, el calentamiento global, la superpoblación, la escasez del agua, la escasez del petróleo, la muerte de los océanos, el desequilibrio medioambiental, las fugas radioactivas, la tercera guerra mundial termonuclear, la de los venida extraterrestres, los súpervolcanes, terremotos, inundaciones, plagas, la glaciación, etc, etc.?

—Y la luna roja…

—Y la glaciación, el cambio de polaridad, los negros agujeros, las tormentas solares, los rayos cósmicos y el impacto de un meteorito.

—Y la luna roja, Atila.

—Y la luuna rooooja, Genghis, ¿más algo? Lo verdaderamente extraño es que el Armagedón no haya ocurrido todavía.

—Una a seiscientos treinta y seis mil cuatrocientos treinta y tres millones setecientos ochenta y seis mil quinientos veintisiete con veintitrés periódico tres, teniendo en cuenta un cálculo por incidencias en tiempo geológico sin intervención humana.

—Buen cálculo, Carlos, pero seamos francos, salvo fenómenos naturales de tipo espacial o lo que sea, ¿no, Carlos Quince? Porque tú no controlas los meteoritos, ¿no?

—¡Ja, Ja, Ja!… ¡Ja, Ja, Ja!…Tú no controlas los meteoritos… ¡Ja, ja, ja!

—¡Carlos, cállate! Continúa, Ramsés, yo te escucho.

—Vaya, Alejandro, pensaba que te habías ido, pero si te quitas los cascos del I-Pod me escucharás mejor.

—…¡Ja, ja, ja!…Tú no controlas los meteoritos… ¡Ja, ja, ja!

—Os decía que los fenómenos creados por causa humana están bajo nuestro control. Desacreditaremos el cambio climático hasta que vendamos la última gota de petróleo, después seremos los paladines de la nuclear porque controlamos las fuentes de uranio; la escasez de agua afectará, aún más si cabe, al continente Áfricano, esto nos vendrá bien con lo de la superpoblación; y también afectará a Oriente principalmente, sobre todo cuando estén sin petróleo. Que se jodan, si no han querido gastarse los petrodólares en convertir aquello en un vergel, allá ellos, a nosotros ya nos importarán un bledo. Además, con la fortuna que les hemos dado, se irán a otro país; a ellos les importa la gente de allí tan poco como a nosotros.

—Claro, queridos, tendremos cuidado, eh, Genghis, con no provocar la tercera guerra, porque a nosotros lo que nos da dinero es el miedo a que pueda ocurrir y no la guerra en sí.

—Y que Atila no se pase con lo del Amazonas.

—Ya estamos con lo del Amazonas. Me ya he pasado, ¿vale? ¿Qué pasa? ¿Que ahora voy a ser yo el causante del Armagedón? ¿Yo solito? Ni hablar, Gengis, ¿y, Alejandro, qué? ¿Ya nadie se acuerda de la que lió en el mercado de cereales comprando toda la producción para luego revenderla? Casi mata a media humanidad de hambre. ¿Y a él le decís no nada?

—Oye, oye, yo hice lo que me dijisteis y de paso gané unos millones, ¿envidia, Atila?

—Lo único que yo os quiero decir, Alejandro, Atila, señores, es que no existirá el Armagedón a menos que nosotros queramos que exista. O eso o Dios existe.

—Tengo noventa y siete años y no he fallado en mi vida. Y ni los ángeLES TROMPETEROS, NI DIOS, VA A ACA… ¡Aaaagó, agó, agó, agó! …bar conmigo, que traiga la artillería pesaDA, QUE LES ESTARÉ ESPE… ¡Aaaagó, agó, agó, gó, gó, gó!

—Te equivocas, Moctezuma, hemos fallado.

—El joven Ramsés le quiere dar lecciones a este viejo? Explícate.

—Todos sabemos lo que es, ¿o es que yo soy el único que es capaz de reconocerlo?

—…

—¿Qué pasa? ¿Que no hay más comida? Napoleón suelta el puto rape, quiero más comida.

—Un puro, un puro, pásame un puro. ¡Atila, sal de ese jodido rincón y dame…!¡aAATILA, DATE LA VUELTA Y !¡Agh, Agh, aaagó, gó, gó!

—Tres, coma, catorce, quince, noventa y dos…

—¡AY! ¡Me has arrancado los cascos de las orejas, Ramsés! ¿Qué pasa, joder!

—Ya está bien, hostias. ¿Yo, Ramsés, el más nuevo, os lo tiene que decir? Todos sabemos que lo de Wall Street nos salió mal. No pudimos dar el golpe. Los brokers se descontrolaron. Todo el mundo empezó a vender antes de tiempo, como si supieran algo, alguno de nosotros falló, ¿sabéis cuántos cientos de miles de millones de dólares nos ha costado esto? ¿Eh? ¿Eh?

—Eeeh… Posiblemente más de un billón de dólares… Ni siquiera yo puedo calcularlo.

—Aaaagh, no fue un fallo, jovencito.

—Entonces, ¿qué? ¿traición?

—¡No fuE UN FALLO!

—Sus frutos esfuerzos con los dio nuestros del G-8, fondo monetario, banco mundial, el y escribas.

—¿Ya no te escondes, Atila? ¿Eres tú el traidor? Carlos, traduce.

—Dice que nuestros esfuerzos con los escribas del G-8, el fondo monetario y el banco mundial dieron sus frutos.

—Amigos míos, queridos todos, si de verdad queremos evitar el Armagedón, lo peor que podemos hacer es enfrentarnos entre nosotros, eso sí que provocaría el Armagedón.

—Yo no soy tu amigo, cursi de mierda, pero tienes razón, hemos estado unidos más o menos, a lo largo del tiempo; hemos pasado el testigo a quien nos ha venido en gana. Yo se lo pasé a Ramsés, como sabéis, para asegurarle la fortuna a los giLIPOLLAS DE MIS HIJOS. Llevamos controlando al populacho desde hace muchísimo tiempo. Siempre unidos en los grandes proyectos, siempre libres para nuestros negocios, siempre infalibles, nunca detectables. Ramsés, la palabra traición no existe en nuestro diccionario.

—Está bien, Moctezuma, no hay traición. Te lo acepto de momento. Entonces, recordemos los pasos más importantes del plan. A lo mejor así podemos saber qué ha fallado. Bien, comienzo yo. Nosotros íbamos a realizar la mayor y mejor estafa jamás diseñada. El primer paso del plan consistió en incrementar paulatinamente el precio de los bienes inmobiliarios.

—Efectivamente, simultáneamente, aumentamos el número de créditos y, gracias a eso, conseguimos aumentar la cantidad de dinero en circulación.

—La consecuencia lógica de aumentar la cantidad de dinero en circulación fue el aumento del consumo; cuanto más aumentaba el consumo, más aumentaba el crédito y vuelta a empezar. Teníamos al cerdo bien alimentado, je je je.

—¡Ja, ja! GRacioso, Genghis, graciOSO. El dinero invertido en inmuebles nos crecía MÁS que en bolsa.

—Y en bolsa se compraban y vendían esos preciosos créditos, porque su valor en el mercado inmobiliario estaba asegurado al alza.

—Cierto, Napoleón, pero para que la inflación no afectara, se incrementó la producción de bienes de consumo invirtiendo en China y en otras localizaciones la cantidad de… ¿Digo la cifra exacta?

—No, Carlos, es no necesario. Para la demanda mantener de inversión, aumentábamos la de la construcción; las materias primas obteníamos a un dólar como dice quien, arrasando en el Congo, en Liberia, en el Amazonas, fuera donde; luego, manufacturábamos las por dos dólares en otra, y las vendíamos aquí, en el mundo desarrollado, a mil. El se círculo había cerrado, bendito seas tú, Moctezuma, tu plan, la globalización y el mercado libre.

—El diablo sabe más por viejo, Atila, que…

—Dios es igual de viejo y no sabe tanto. ¿Dónde está el fallo entonces? ¿Napoleón? ¿Alguna hipótesis?

—Vale, Ramsés, meditemos un segundo más. Para mantener el Amazonas y lo demás no nos valían los antiguos bienes, sino que había que estar construyendo nuevos bienes y en mayor número, indefinidamente. Como sólo se podía vender a una parte del mundo, teníamos que convencerlos de que cambiaran, de que tiraran. A más basura, mayor necesidad de reponer. Pero el planeta es finito, la presión ambiental ha acabado siendo insostenible, por consiguiente, todo empezará a escasear y a aumentar de precio. Por mucho que se controlara el precio del dinero siempre habría un final; este empezaría con el petróleo, después el carbón y todo lo demás.

—¿Y el detonante? ¿Alejandro?

—Joder, Ramsés, ¿qué es esto? ¿Un examen?

—Vamos, coño, que esto es importante. Estamos recordando paso por paso el plan, para ver dónde está el fallo.

—Joder, estás hoy plasta. En fin, pues resulta que llegaría un momento en que habría un desfase tal entre el precio de los inmuebles y la capacidad adquisitiva que los individuos no se atreverían a solicitar préstamos. La clase media tendría satisfecha la demanda, las ventas se pararían, los especuladores no comprarían y, a su vez, los inversores no le comprarían activos a los especuladores. El valor en bolsa bajaría sin que se creara nuevo dinero por los deudores. En este justo momento, estaríamos al borde de la más grande de las recesiones, pero la abundancia provocaría deflación, y, como consecuencia, todo perdería valor.

—¿Y qué haríamos nosotros justo antes de ese momento?

—Vender, coño, venDER¡ JODIDO TIEMPO PERDIDO,TODO PARA NAdaaa! ¡Aaaagó, aaagó, aaaagó, a, a, aaaaaagó!

—Exacto, Moctezuma, tendríamos que haber vendido nuestros activos en inmuebles y en acciones de todas las empresas, empezando con las financieras contaminadas con hipotecas subprime, y de ahí hacia abajo hasta dejarle el muerto a los peces pequeños, porque después de esto sería la crisis definitiva. Pero antes nosotros nos habríamos asegurado la liquidez en los paraísos fiscales; nos quedaríamos tranquilamente en espera de recuperar el poder, pasado el caos controlado, hasta un nuevo inicio.

—Pe…pero, Ramsés, no ocurrió así…¡Sesenta y cinco, treinta y cinco,…!…

—¡Eso es! Ese es el putTO ARMAGEDÓN, SIN NUESTRO CONTROL ¡Aaggg!

—Es muy alarmante, sin control, estamos perdidos. ¿Veis por qué me sudaban las manos?

—Mal rollo, entonces, las profecías… tenían razón y, además, lo ya si sabían en la Antigüedad, ¿no será que…?

—Eso, Atila, ¿será de verdad lo de la Biblia y lo demás? Yo vi la luna roja…Ya está, se me han quitado las ganas de comer.

—¿Hacemos y qué? ¿Podemos qué hacer?

—Lo que hemos hecho siempre, prevenir, protegernos, anticiparnos, diseñar un plan, un plAN ANTICAOS, ANTIDIOS Y ANTI LO QUE SEA, NOS HAREMOS INVULNERABLES.

—Sí, eso, seamos como dioses mitológicos del Olimpo.

—Déjate de maricoNADAS, necesitamos fuerza sobrehumana.

—Agilidad sobrenatural.

—Tecnología inimaginable.

—Inteligencia suprema.

—Sabiduría extrema.

—¿Y eso no es ser como dioses?

—Dioses con los pies en la tierra.

—¿Y existen dioses con los pies en la tierra, monadas?

—¿Habéis oído hablar de los cisnes negros?

—¿Esas anomalías, Ramsés, que vimos al final del vídeo?

—Eso es lo que nos interesa, Genghis, sus anomalías. De entre ellos, una es la mente más brillante del planeta y ha decidido no emplearla porque intuye que finalmente la usamos nosotros. El otro es el artífice de que se jodiera nuestro plan.

—¡QUIERO A ESOS CABRONES! Quiero a esos bichos raros, los quiero a todos, Ramsés, y que les saQUEMOS SUS FACULTADES DE LAS ENTRAÑAS.

—Ya me estoy ocupando. Los cinco han ingresado hoy en Un Mundo Feliz.

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