Cuando la derecha patriarcal y el vulgo solo quiere que calles, sonrías, te vistas bonito y no envejezcas.

La reina Letizia es un personaje en el que, desgraciadamente para la Historia de España, poco se ha profundizado de cara al pensamiento masa.

De ella, de su personalidad, de su vida, de su visión del mundo y de su estructura mental se podrían hacer sesudos análisis e interpretaciones, y, sin embargo, todo lo que nos llega a nosotres, los mindundis, no son más que comentarios de bajo nivel intelectual sobre su vestimenta.

Tiene que ser cuando menos frustrante que una persona que se esfuerza 24/7 por ser perfecta en todos los planos del desarrollo humano, físico e intelectual y espiritual, sea cosificada, como un personaje de Valle Inclán, a una percha, de la que lo más que se puede argumentar es su sentido político para elegir vestimenta, y esto en el caso de que ella tenga poder de decisión sobre esto.

Y es que el machismos cultural, que reduce a la reina Letizia a una mujer florero, sobre el que se han lanzado, se lanzan y se lanzarán furibundos ataques de resentimiento social, de alteración del orden social, y como el rayo que no cesa, la cosa no tiene visos de calmarse, sobre todo después del irresistible ascenso de Vox, que tiene un problema ideológico no resuelto respecto de esta cuestión, sí, esa cuestión llamada Letizia. Porque siendo el pensamiento de izquierdas el único que tiene marco teórico para ponerla en valor, su republicanismo le obliga a enmudecer, y a abandonarla a los brazos malditos del brazo armado del poder que es el mundo rosa, que entretiene a la masa obrera para que no reflexione sobre su condición y no reclame lo que es suyo.

Porque sí, digámoslo abiertamente, la derecha clasista odia a Letizia. Y el aborregamiento de la masa, también. Uno por exceso y el otro por defecto, pero hay un regimiento de gente que nunca tendrá paladar para saborear sus excelentes cualidades intelectuales ni sus habilidades. Por hache o o por b, sí, la reina Letizia es impopular.

Sobre Letizia planea una paradoja que se convierte en una trampa mortal, un conflicto interno que la estructura y determina. La masa obrera a la que le gustan los cuentos de princesas la tacha de falta de humildad, de campechanía, de estirada, de prepotente, de anti-natural. La clase alta no puede asumir que una persona de abajo se haya colado en lo más alto de la estructura de poder. Porque a estos puestos no se llega por mérito y capacidad, se llega por el privilegio de la sangre, y la sangre de la reina Letizia es oh, sí, roja y muy roja.

Para abundar más en esta paradoja, y tal y como ha destacado Ramón T. Cristo al hablar de Nietzsche y el culo de Kardashian, la masa indocumentada valora que los reyes sean campechanos y humildes, porque no tienen necesidad de serlo, puesto que son seres superiores; pero LAMENTABLEMENTE PARA LA REINA LETIZIA, ella no puede ser humilde, ni cercana, ni natural, ni campechana, porque si lo fuera, entonces, esta conducta no haría más que reforzar su origen social humilde, y se le reprocharía con lengua envenenada que no acepta el protocolo, ni las normas reales, y que no sabe estar a la altura de ser reina.

Es lo que vulgarmente llamamos estar entre la espada y la pared.

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