club-cisnes-negros

—Señor Chan, necesitamos la palabra clave que nos facilite el acceso a las secuencias de los ascensores por si tenemos que proceder a la retirada.

—Imposible, a los laboratorios sólo pueden acceder los científicos. No abandonen la plaza.

—Pero señor Chan, nos está condenando a una muerte segura si no nos facilita la palabra.

—…

—¿Señor Chan? ¡¡¡Señor CHAN!!!

[…]

—¿No te parece Bill que se están pasando acordonando durante todo el día toda la manzana?

—Psicosis terrorista, Sue. Yo lo que quiero es largarme ya para mi casa, llevo todo el día aquí.

—Está sonando el móvil del cadáver, Bill.

—Joder, Sue, lo que nos faltaba para completar el día. ¿Quién será?

—¡Dios mío, Bill! Un mensaje de voz: escucha.

—Margaret, aquí Chan, hemos perdido el búnker. No podemos permitir que los laboratorios caigan en manos hostiles. Voy a conectarme al ordenador de mi despacho para iniciar la secuencia final del Golden State. Margaret, espero que escuches esto antes de 10 minutos.

—¡Terroristas, Sue, terroristas! Avisa urgentemente al FBI.

[…]

—¡Malone, Luciano! Nos vamos.

—Señorita, tenía razón, conforme van entrando los metralletas en los ascensores, desaparecen, ¿a dónde van?

—A la peor cárcel, la que no sabes que lo es. ¡Venga, vámonos!

—¿A dónde, señorita?

—Por aquí, tomamos el ascensor la otra vez.

—¡Valeria!

—¿¡Mac Cain!? Después dices que te persigue la fama de depravado, ¿dónde vas con esa falda?

—Señorita, ¿este travesti es amigo suyo o le doy pasaporte?

—Tú, cállate, Lucciano, y deja a la señorita que hable de sus cosas.

—¿Quiénes son estos dos payasos, Valeria? ¿Amigos tuyos? Porque voy a tener que romperles la cara.

—¡Eh, amigo! Cuidadito con lo que dice.

—No les haga caso, trabajan para papá. Iban a matar a Wittgenstein.

—¿A Wittgenstein? Ya no me caen tan mal.

—¿A dónde vas?

—Busco a mi amor y sé quiénes la tienen. Me ocupo de mi parte. ¿Y el extraterrestre? ¿Dónde anda? ¿Con el traje mimético?

—Hemos cortado.

—Vaya, lo siento.

—Al parecer, mi misión consistía en salvar el otro extremo de la galaxia, como ya la he salvado, ahora me voy a casa.

—Bonita misión, Valeria, sobre todo para ser la primera. Ahora, escucha, los mercenarios se están metiendo en la ratonera de los ascensores. Eso quiere decir que los de seguridad se han rendido, estarán intentando reventar los sistemas informáticos para conseguir las secuencias, con lo que habrán dejado algunos controles en los principales accesos. ¿Crees que los tiarrones estos podrán protegerte?

—¡Eh, amigo! Cuidadito con lo que dice.

—Por ahora no lo han hecho mal.

—Está bien. Oye, Valeria, es de noche y sé que Anicka se maneja bien, pero, en Central Park, sola, de noche, una niña…

—No te preocupes yo iré a recogerla.

—Ve al lago y busca a dos delfines.

—¿Delfines? Ok, no haré preguntas, me abro, Mac Cain, nos vemos.

[…]

—Último piso, bien. Pues aquí estoy. Y ahora, y ahora sí que no puedo dejar de hablar sola. Cómo me gustaría que estuviera aquí alguien conmigo para que me dijera “no lo hagas”. El sky line de Nueva York, eso, eso es lo que debo mirar, nada de mirar abajo. El balcón… No puedo, no puedo. Cerraré los ojos, me pasaré al otro lado de la barandilla. Pensaré en Titanic y en que, justo cuando salte, la mano de Miguel Ángel me sujetará. Tal vez esté loca por no aceptar que soy inmortal. Allá voy…¡SOY INMORTAAAAAAAAAAL! ¡AAAaaahhh!

—¿?

—Señora, apártese, ¿qué hace ahí tendida en la acera?

—Nueva York está llena de locos, ni suicidarse saben.

—Permítame que la ayude, ¿no cree que si se quiere matar debería saltar desde más alto? Me presentaré, mi nombre es Adil, soy amigo de Miguel Ángel. Es más, nos consideramos hermanos. Tal vez me conozca más por Judas, mi apodo. ¿Tampoco? No importa. Usted es Alexia, ¿verdad?

—¿Pero, pero…? Eehhhh… Mucho gusto.

—Sepa que para mí es un honor conocer a la compañera de mi hermano. Su helicóptero la espera, madame.

—¡Vaya! Estoy sin palabras. ¿Cómo es que…?

—Póngase el casco. Curioso ascensor de Chan: baja cuando sube, vertical y horizontal. Estamos en West Side River. Me pregunto para qué alejarse varias manzanas de Un Mundo Feliz. Algo se nos ha escapado. En fin, ya da igual.

—¿Y este helicóptero? ¿Por qué arrastramos esa cosa?

—Es una batea de carga, porta un electroimán. La utilizó el comando mercenario para desembarcar. No sabía cómo quitarla; voy a encenderle las luces y a conectar música al megáfono, así parecerá publicidad.

—¿La banda sonora de Blade Runner?

—Sí, es lo que tengo ahora en el I-pod y me acordé de esos anuncios voladores de la película.

—Primera parada, el prisionero, Alexia.

—¡Ay, qué bien!

[…]

—¡Wittgenstein, Wittgenstein! ¡Amor mío!

—¡Islanovska! ¡Mi amor!

—¡Pensaba que te habías ido con Margaret!

—¡Qué tonterías dices! ¡Pensaba que te había ocurrido algo! ¡Estaba muy preocupado por ti buscándote!

—Ya está bien de besos y abrazos, tortolitos. A ver, club de iluminados, ¿quién me da la vacuna? ¿Ninguno de los doctores aquí presentes porta la vacuna?

—Doctora Eliza, lo que yo tengo es… ¡Uuugg!

—Estupendo, Wittgenstein, este tarrito me vale.

—¡Wittgenstein! Mac Cain, ¿por qué lo ha noqueado?

—Porque encerrado con los doctores está más seguro y porque él no iba a permitir que te vinieras conmigo, andando, Islanovska, que es importante, al despacho de Chan por el ascensor de Margaret.

—…

—Ahí hay alguien, Mac Cain.

—Lo que me suponía. Espere aquí.

—1, 3, 5, 7, 8, ¡Dios! ¿Todavía lleva bragas? No quiero que usted sea lo último que vea en la vida.

—Pues su imagen en el probador no me importaría que fuera la mía.

—Cállese, Mac Cain, Chan ha accedido a su ordenador, pretende volarlo todo, déjeme concentrarme 3, 1, 4, 1, 6,…

—Es inútil, ese sistema no está pensado para ser anulado de ninguna manera.

—Tal vez, 9,8, 7, 6, 5, 4… Es inútil, no responde. ¡Vamos a morir! ¡Lo entiende, Mac Cain! ¡Vamos a morir!

[…]

—Tienes mucho valor en volver, ¡átenlo! Pinochet 1, aquí Videla 1, tenemos al sujeto objetivo 1 de nuevo. Repito, tenemos al objetivo 1… Entiendo.

—Videla 1, aquí videla 13, dos hombres armados y una chica se acercan a la puerta de acceso.

—La chica y los hombres no son importantes, Videla 1, lo importante es que cumpla las ordenes de Pinochet 1 y me escolte al helicóptero de carga que me espera en la salida.

—Videla 13, deje el puesto y ocúpese de escoltar a esta escoria hasta la salida. Un helicóptero les espera.

[…]

—¡Anicka! ¡Anicka! Toca el claxon. Es aquí, ahí están los delfines.

—PI, PIIIIII.

—¡Qué cosa más cursi el pito de esta limusina! ¡Toca más fuerte, hombre yaaa!

—Es el que tiene señorita. PI, PIIIIII.

—¡Diantre! ¡Es la niña! Ha aparecido ahí atrás como si fuera el diablo.

—Eso a ti ya no te importa, Luccianno, lo que te importa es que las llevamos a casa del jefe. Ya está bien el día, ¿no crees?

—Pues si te digo la verdad, lo que es importarme, me importa una mierda, Malone.

(…)

—Señoritas, hemos llegado, esperad en el coche a que avisemos a tu padre de tu presencia, no vaya a ver algún marrón…

—Ehhh…quiere decir alguna visita importante dentro. Vamos, Luccianno.

—Pero, al jefe, se lo cuentas tú, Malone.

—¡¿Qué es eso?! ¡¿Un OVNI?!

—Pues yo no le veo la importancia, Malone. Es el novio de la señorita que viene a recogerla para dar un voltio.

—¡Joder, que se lleva el coche volando!

—¿Disparo, Malone?

—Tú estás tonto o qué. ¡Jefe! ¿Qué hace fuera? Verá…el coche…su hija…el OVNI…

—¡Mi bambina! ¡Tutto quello que m’aveva detto era vero!

—¡Mi novio, mi novio, Anicka! ¡Ha vuelto!

(…)

—¿Alejo? ¿Alejo? ¿Estás aquí?

—…

—¿Hola me vas a decir, capullo?

—…

—Que sí hombre, yo también. Te perdoonoo.

—…

—¿Qué dice, Valeria? No sé cómo lo entiendes con ese acento.

—Espera, espera, Anicka.

—…

—Dice que era verdad lo que se imaginaba, de vuelta del otro extremo de la galaxia apareció 18 años antes. Dice que la realidad la conformamos nosotros y que ningún hecho que conozcamos podemos cambiar, así que, como sabía que yo era de Brooklyn y quienes le había dicho yo que eran mis padres, fue a mi casa; esta misma, pero hace dieciocho años. A mi madre acababan de traerla de Sicilia para casarse, faltaba un mes para la boda, pero, para que yo naciera cuando tenía que nacer, tuvo que implantarle el feto a mi madre. Embarazada y virgen. Dicen que por eso mis padres siempre me miraban como a un bicho raro. Claro, tan supersticiosos y católicos… En fin, Anicka, después de eso se fue a dormir a su nave 18 años…se criogenizó, vale. Y se despertó justo después de irse.

—…

—No te he preguntado por tu planeta porque si no lo has salvado es para matarte. Además, bólido, ¿no se te ha ocurrido pensar que la primera vez podrías haber llegado por error 18 años más tarde?

(…)

—Bueno, querida Alexia, segunda parada, Valeria y Anicka. La tercera es la más difícil.

—Pues, en esta, te has llevado una limusina pegada al electroimán, no sé si te has dado cuenta.

[…]

—Agente Ellen, un helicóptero se está posando en la puerta principal de Un Mundo Feliz.

—Agente Towers, no consigo detener… Quiero que sepas que…

—¡Tenemos una información relevante del FBI! ¡Le hemos triangulado el móvil! Dios, Ellen, Chan está aquí mismo, en las inmediaciones!

[…]

—¡Bill! ¿Has escuchado la radio? Ese tipo está aquí al lado.

(—1, 2, 3, 4, 5, 6, 7…)

—¡Alto, capullo! ¡Las manos arriba! ¡Sal del coche!

—¡No es ningún arma, es mi móvil!..8…

—¡Que sueltes el arma! ¡Sue, dispara si mueve un solo dedo!

—…9…

—¡PANG!

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