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EL JUEGO DEL AGUA

Pronto hemos sabido que un periodista subjetivo que #livuquea sobre Angola ha denunciado al mundo R que se ha quemado en una cabaña a doscientos niños que jugaban al juego del agua.

Estaban abriendo y cerrando los niños los grifos de las fuentes, de forma sincronizada, jugando con las vibraciones del agua, consiguiendo tocar, después de muchas horas de ensayo, el himno de la alegría, cuando un grupo de militares los ha sacado de las fuentes subterráneas, descubiertas y construidas por ellos mismos, y se los ha llevado a una cabaña en la selva donde los han quemado vivos.

Tras esto, hemos visto cómo las fuentes han pasado a ser ocupadas por un grupo de militares que cobra dinero a la gente por darle agua.

Acostumbrada está la aldea R a escuchar y ver esta clase de atrocidades, y, hasta el día de hoy, habían llevado muy bien eso de esconder la conciencia bajo los trajes de lujo que cada día llevan por la calle, ocultar las desgracias e inhumanidades que ocurren más allá de sus fronteras, porque hacer algo sería poner en peligro su propio bienestar.

Los más comprometidos con los habitantes no R van a estos lugares a ayudar, y esta es la forma en la que normalmente colabora la aldea R, con una especie de colonialismo cultural de muy baja intensidad, que no logra poner nunca nervioso a los políticos, y ni a las autoridades que controlan la población. Son las comunidades del amor, las nuevas ONG’s, y, estas sí que van protegidas por las escuelas de protección, con una tecnología antiviolencia muy superior a la de los que en estas tierras ostentan las armas.

Esta noticia, tan lejana para la cotidianidad del que vive en un mundo muy muy guay, no habría tenido más que unos minutos de gloria en la consciencia del livuquiense si no fuera porque, en las próximas horas, se han sucedido más casos de este tipo.

Les quitan el agua a los niños de las fuentes y los dañan, y, de paso, entorpecen uno de los proyectos más importantes de la aldea R, la red de aguas mundial, un proyecto al que juega mucha gente a través del Tabula Rasa Arrasa, y, gracias al cual, se prevee que el hacedor piense más de prisa, quizás a la velocidad de la luz, algo que llevará a la humanidad a la creación de una superpotetente inteligencia colectiva, hecha de todas las inteligencias del hombre, y que le conducirá, según los científicos, a dar el #gransalto.

Sea por motivos humanitarios o por su propio interés personal, los ciudadanos R siguen muy de cerca el tema de los niños en África. Muchos errerinos se han apuntado a la red de protección como voluntarios para ir a proteger a los niños, pero Mac Cain ha dicho, NADIE MUEVE UN PELO SIN QUE YO LO SEPA.

Algunos se han quejado de que el ejército R es horizontal, que Mac Cain no es más que nadie, que en sus estatutos está el artículo de que toda orden debe ser, primero, cuestionada, pero lo dicen con la boca pequeña, nadie le enmienda nunca la plana al antiguo agente de la CIA, el teniente Mac Cain.

Con estas, nos vamos a la cama. Antes de dormir, hemos sabido que los ejércitos de tierra de los países alienados por el Kapital están moviendo todas sus tropas hacia las fronteras de sus respectivos países.

Aunque la tercera guerra mundial está a punto de estallar, al paraíso R nada parece quitarle el sueño.

A la mañana siguiente, me despierto y decido recorrer con la nave la luna en busca de la pirámide. No llevo recorrido ni un cuarto del planeta cuando mi cucaracha se pone roja, y no puedo evitar aparcar mi trabajo para irme a cotillear el Livuk, intrigado por lo que pueda estar pasando en el planeta tierra.

Las bombas, digo, no, los niños, digo después. Suelo ponerme a mí mismo estúpidas pruebas que consisten en adivinar qué es lo que va a pasar, pero tengo que reconocer que, últimamente, no estoy muy fino.

—¡Las mujeres! —exclamo en medio del silencio lunar.

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