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EL FINAL DE POPULUS

No puedo dejar de esbozar una sonrisa de satisfacción y cierta nostalgia, por qué no confesarlo, al escuchar de nuevo estas famosas palabras, que tantas emociones nos han hecho sentir.

En la realidad virtual proyectada por el crótalo, lo primero que veo es el cuadro del Jardín de las Delicias del Bosco; un zoom cada vez más amplio y veloz, centra el ojo en la parte central del tríptico, y, dentro de esta, en el hombre que carga una especie de cáscara de mejillón, del que asoma un cuerpo humano, que poco a poco, sale del cascarón hasta caer en el jardín. Este hombre recién parido es el bufón.

Ahora, este escenario ha desaparecido y ha sido sustituido por un fondo sicodélico, propio de los años setenta del siglo XX. Sin modificar su posición de Buda, con los dedos sobre las rodillas haciendo un círculo, el bufón, con su tradicional tono dicharachero, optimista y burlón, se dispone a dar su mensaje con una amplia sonrisa de iluminado en la cara:

—Se dice, se cuenta, se rumorea, que Adil tiene cero moneditas en su haber. Se dice, se cuenta, se chismorrea, que grandes cantidades de dinero ha llovido sobre la faz de la tierra. Se dice, se cuenta, se #murmurea, que este dinero es ¡FALSO! ¡Arriba el telón!

La realidad virtual se pone en blanco dos segundos y, en seguida, aparece un hombre vestido con una pajarita, camisa, chalequito de lana, que está paseando por un campus universitario. Abajo, en los teletipos, pone doctor Ivanov, catedrático de matemáticas y experto en teoría monetaria por la universidad del Sexo. Autor del libro Solo el necio confunde valor y precio.

Una voz en off le pide que explique su teoría de la forma más sencilla posible, para que todo el mundo, independientemente de sus conocimientos matemáticos, pueda comprenderla.

—Haré todo lo posible, —dice evidenciando un gran compromiso como profesor.

El hombre destapa un rotulador blanco y comienza a escribir en una pantalla transparente, de la que nadie se había percatado hasta que los caracteres no se han empezado a quedar imprimidos en el aire.

El señor ha comenzado a exponer a los internautas su razonamiento:

—Muy brevemente voy a exponer las conclusiones de nuestra investigación sobre los datos publicados por Populus de las cuentas del banco de Adil el llamado día R. Tras una profunda investigación, la red de matemáticos que se ha dedicado a estudiar el caso ha terminado concluyendo que Adil fundó su banco con un importe total de reservas CERO. Tras esto, y sin que sepamos cómo ni por qué, los bancos que ya existían comenzaron a abrirle su línea de crédito. Simultáneamente, el banco Bienaventurado comenzó a prestar dinero, falseando sus balances, escribiendo en sus libros de cuentas que tenía el rating necesario para prestar dinero. El rating es la cantidad que puedes prestar en función de tus depósitos. En Estados Unidos por cada dólar que supuestamente tenía en su banco, Adil prestó 8; y así fue haciendo en el resto de los países que le permitieron establecer sus sucursales, ajustando el rating a la legislación de los países. Este dinero que Adil prestaba a sus clientes, retornaba a él mediante el modelo empresarial Emerge, basado en puntos, Job for free y monedero electrónico, lo cual le permitía a su vez seguir dando más créditos, creando una enorme burbuja financiera de dinero virtual.

El matemático ha sacado una aguja y ha explotado un enorme globo que se iba inflando a medida que él iba dando las explicaciones.

—Los faraones podrían haberla hecho estallar pero no lo hicieron. Después del día R, Populus sacó esta verdad a la luz, en efecto, las cuentas del banco de Adil estaban a cero, porque cero era el dinero con el que había comenzado su negocio. Los demás bancos, mosqueados, comenzaron a pedir que le devolviera los créditos en su totalidad. Querían demostrar así qué tan ciertos eran los datos que tras el gran robo de información habían sido publicados por Populus. Adil sabía que no podría devolver otra cosa que cero, pero fue tan osado que salió indemne de este aprieto. El último faraón comenzó a enviar camiones enormes llenos de dinero falso y a ingresarlos en las sucursales de sus bancos acreedores. Y, estos bancos, aun sabiendo que era imposible que existieran tales masas de dinero, puesto que se sabe cuánto dinero tiene que haber en el mundo, no dijeron nada. Se callaron. Lo aceptaron como si ese dinero no fuera lo que en realidad es, dinero falso, y tiene el mismo valor que el de su banco, esto es, C-E-R-O. Casi todo el dinero físico está concentrado en los semifaraones, y, su valor es CE-RO. Solo queda el RCOIN. La riqueza de nuestra cara del RCoin equivalía a todo el oro que hay en el mundo, pero en el Livuk nadie tiene oro. ¿Dónde está el oro? ¿Ha desaparecido? Y si el oro ha desaparecido, ¿cuánto vale nuestro RCoin? C-E-R-O.

Aquí acaba la intervención del profesor y el bufón sale otra vez a escena. Muy jocoso, comienza a deletrear otra vez la palabra cero y luego continúa diciendo:

—Cuenta la leyenda que hubo un loco que quemó todo su dinero alrededor de una hoguera en la selva del Amazonas. También cuenta la leyenda que este loco quedó huérfano y sin herencia, y que un día, salió descalzo de su choza y caminó con la absoluta certeza de que llevaba los zapatos más bellos y más caros de la tierra… Y tanto caminó y caminó, y tanto habló y habló que la gente terminó creyendo lo que decía y su sueño se hizo realidad, y él y todos los demás locos pensaron que era el hombre más rico de la tierra cuando, en realidad, todo lo que él poseía, posee y poseerá es C-E-R-O. Ya ven, señores, que como dijo aquel visionario en el que todos estamos pensando Todo lo sólido…se desvanece en el aire…

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