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La frecuencia del amor

Alexia y el doctor Emoto escuchan de fondo estas palabras que han cambiado el mundo de la noche a la mañana sin prestarle mucha atención.

Lo que ha hecho Miguel Ángel en el Taj Majal es absolutamente asombroso, y aún están analizando las frecuencias musicales del canto, pasándolas a fórmulas matemáticas, e intentando averiguar qué tipo de gramática, para usar la terminología de las teorías de Alexia, está usando Miguel Ángel para intervenir en la materia.

—Parece con toda claridad que esta es la frecuencia del amor… Dice señalando unos números. Pero ¿qué relación hay entre estos datos y los símbolos desconocidos de la fórmula?

—Mira una cosa.

El doctor Emoto pone un poco de agua de Izram en una especie de cuenco y lo somete a la vibración del Taj Mahal.

Los colores del cuenco comienzan a moverse, y a medida que la frecuencia sube, se van uniendo entre sí formando símbolos.

—¡Qué símbolos más raros!

—Y tal y como dijiste, son fractales, porque dentro de unos hay otros, es como un mandala dentro de otro mandala que a su vez está dentro de otro mandala.

—Fractalidad pura y dura. ¡Mira! ¡Esos son los símbolos de la fórmula!

—Sí, pero parece que hay muchos.

—Habrá muchos, pero estoy segura de que se pueden reducir a un par de docenas. Todas las lenguas funcionan así, el infinito se hizo recursivizando unas pocas partículas elementales. Este sistema de información no escapa a los principios de mi gramática del universo.

Alexia abre su ordenador y busca la información volcada del cerebro de la Paca, toda ella compuesta de ceros y unos que se extienden en millones y millones de líneas hasta el infinito.

Siguiendo una corazonada, traduce esta información a información cuántica, tal y como hizo Ramón, y ¡voilá! Los símbolos han aparecido.

—Aquí está todo, aunque para nosotros ahora no signifique nada.

—¿No hay forma de hacer pattern matching? —pregunta Roger.

Alexia se queda completamente paralizada. Blanca como la pared. Se acaba de dar cuenta de una cosa, y se le ha puesto un nudo en la garganta, luego se ha puesto roja de vergüenza, como si alguien la estuviera humillando y no pudiera escapar de esa pesadilla de ridículo.

—Pero, ahora, ¿qué he dicho? Hija, estás de un tonto… ¡Últimamente, te sienta todo mal! —le dice Roger enfadado también.

Con el nudo en la garganta, Alexia abre su gramática del universo, aquella con la que está programada el hacedor, y busca su algoritmo de pattern matching, el algoritmo del hacedor.

Alexia pasa su algoritmo de pattern matching entero por toda la información cuántica del mundo, haciendo un metapatternmatching, un pattern matching del pattern matching, que termina dando lo que ella esperaba: la fórmula del amor.

—¡Tú! ¡Has sido tú! ¡Siempre fuiste tú! ¡Por eso Alejo te dio la fórmula, porque la inventaste tú, porque era el Hacedor! —dice Roger.

Alexia se pone a llorar.

—Sí, soy tonta, cómo he podido ser tan tonta, nunca me entero de nada, estoy empanada.

El cerebro de Erin Von Danicken está procesando información a mil por hora.

—Lo sabía, lo sabía, lo sabía, ¡Alejo viene del futuro! Esto no está inventado, este lenguaje está por inventar, esto es una anomalía histórica —dice Erin Von Danicken, gritando, saltando de alegría por toda la estancia y bailando una recién aprendida muñeira.

—Bien, ahora ya sabemos lo que dice la fórmula del amor, pero los demás símbolos, hay cientos, miles, ¿cómo descomponerlos? ¿Cómo descodificar toda la información?

—Esto es trabajo de chinos. Ni todos los vagos del mundo podrían afrontar semejante tarea —contesta Alexia.

—Hola.

—¡Coño, Anicka, qué susto nos has metido!

—Vengo a jugar con Wilburg al juego del agua.

—Wilburg está con su padre en China, querida, decía que conmigo a veces se aburría, ¿te lo puedes creer? ¿Anicka? ¿Ya te has ido?

Intento ir tras ella pero es imposible. Seguir a los seres de luz nunca fue mi especialidad.

Cansado de tantas emociones, me acurruco un poco aquí en un rincón del Taj Majal, ahora que la noche ha caído y todo el mundo ha comenzado de nuevo a trabajar. Trato de dormirme, pero no puedo, porque tengo la absoluta certeza de que cuando lo haga, me va a volver a sonar el maldito mensaje de siempre.

Espero y espero, hasta que los párpados se me van cayendo, e imágenes del pasado y del futuro llegan a mi cabeza, y parece que floto en el aire, como lo hacía Miguel Ángel esta mañana, y, ay qué vientecito más rico corre aquí por el Taj Majal, y una mariposa se coloca en la punta de la nariz, cuando Baaaang Baaaang: Experimento cuántico primitivo: Help.

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