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INDIA: LA FICCIÓN DE LOS TANGIBLES

En efecto, la #ficción de los tangibles. Esto es precisamente lo que está ocurriendo ahora. India está haciendo una huelga a la japonesa y el efecto en la economía mundial está siendo brutal.

Los usuarios R no quieren estos productos. Alegan que no son productos éticos, que en su etiqueta no figura información sobre las emociones con las que fueron hechos, sobre el tiempo que han tardado en producirlo, sobre el conocimiento técnico empleado, sobre los valores y la historia de las personas que los produjeron.

Son ahora los pachamama muy pejigueros con la cuestión del consumo ético, y forma parte de la economía R que las etiquetas sean digitales y tengan toda la información disponible, y, sobre todo la más fundamental, de dónde viene y cómo es la materia prima con la que se hizo, algo que remite a otro texto dentro de la etiqueta electrónica.

Los faraones se enfrentan a un gran dilema, puesto que al haber tanta producción, sus exclusivos productos se deprecian por momentos, y la clase alta ya no quiere consumirlos, porque han perdido su valor más importante, la exclusividad.

Ante la falta de demanda interna de la India, ya que todo el mundo está trabajando gratis y no tienen dinero ni tiempo para consumir, los faraones les venden estos productos por toneladas a Asia Oriental y al continente Africano. Y, también, como ya hemos visto, a China, que comienza a despedir a sus empleados, como a la hija del viejo, porque comprar producto indio les sale más a cuenta.

Parecíamos todos contentos en este estúpido equilibrio, pero hoy algo ha pasado que ha cambiado un poco las tornas. El coronel amigo de Mac Cain, al que conocimos en la tertulia del hombre más inteligente del mundo, se ha sumado al movimiento, introduciendo una variante nueva en el trabajo iluminado: la producción de medicinas.

Miguel Ángel, en seguida, le ha secundado y, tras de él, todos los micaelistas, que ahora trabajan solo para la salud del pueblo indio.

Se curan y auto curan los indios ahora con las medicinas que producen con productos de la tierra que cultivan y embasan y etiquetan.

Como en el caso de la ropa, la medicina es entregada a la casta más alta del país, la dueña de los medios de producción, que la distribuye por el mundo, tratando de venderla.

Estos medicamentos sí que son interesantes para el mundo R, que está muy concienciado ya en que la farmacopea occidental está concebida para hacer crónica la enfermedad y no para crear salud, y se muestran muy interesados en comprar estos productos.

Europa compra estos productos a la India con los euros del banco de Adil (recordemos que Europa aún conserva el doble sistema) y, luego, se los vende en RCoins a la Pachamama, que muy aficcionados a los mejunjes, los compran para reproducirlos ellos en sus casas.

Las grandes multinacionales que especulaban con el precio de los medicamentos, otro de los grandes imperios de los faraones, están bajando su valor de forma muy muy dramática, y allí esperan sedientos de sangre tiburones como Virgilio, Emerge, Liduvina y los rusos que se fagotizan sin contemplaciones todo lo que pasa por el casino.

Un rico es sólo aquel que desconoce cuánto dinero tiene. Esta frase la solían decir los dueños de la pirámide económica hace tan solo un año. Ahora, ya muy pocos de ellos la repiten en las fiestas y demás reuniones, donde por primera vez en mucho tiempo, no hacen más que hablar de lo mal que está todo, y de cómo todos sus negocios se están yendo a pique.

Hay una cierta desazón en el mundo que quiere parar a la India, pero como esta tiene armamento nuclear, no saben muy bien de qué manera atajar la ficción de los tangibles.

Además, y para colmo de los recolmos, cada vez más castas se están convirtiendo en job iluminati, y donan todos sus recursos a disposición de la comunidad para producir cada vez más cosas en aras de un gran sentimiento de amor que les engancha como si fuera la peor de las drogas.

Este hecho de la India ha provocado que se apruebe el sexto artículo de la Constitución Universal: el trabajo es libre, que viene a decir como que el trabajo es algo voluntario y que nadie te puede decir en qué trabajas, si trabajas o no, o cuántas horas trabajas.

En poco tiempo, el sistema de castas se ha derrumbado, habiendo solamente estas tres clases, los que trabajan gratis para los indios, los que trabajan gratis para la casta, y la casta político-empresarial, que no trabaja, recibe toda la riqueza y la vende al exterior para ser más rica.

Parecía que este era un nuevo sistema muy guay para todos, ya que todos aseguran salir ganando, los indios dicen que ganan en amor e iluminación, los micaelistas, así lo afirman también, y la casta, un poco acomplejada de cara a esta nueva cultura, aseguran que también ellos están llenos de amor, que realmente este fenómeno social les ha impactado, y los domingos, acuden a los grandes campos de trabajo, como quien va a misa, para disimular, para aparentar que ellos también están iluminados espiritualmente, que la clase dirigente del país lo es porque la superioridad no solo es externa sino también interna, tal y como rezan los textos antiguos.

Acuden los políticos, como digo, el domingo al Taj Majal y allí, la presidenta del país, hace una especie de ceremonia ritual del trabajo, en la que le lava las manos a Miguel Ángel, en señal de agradecimiento por servir al pueblo indio, y permitirle que este a su vez pueda servir a su casta. Se recoge este evento en todo el mundo como una forma de explicar más allá de sus fronteras, el nuevo círculo virtuoso en el que está implicado la India.

Sin embargo, la ceremonia de este domingo no ha transcurrido como una ceremonia cualquiera.

En el Taj Mahal y por todas partes de sus alrededores se concentran miles y miles de JobIluminati y Micaelistas que han ido a presenciar el nuevo rito.

La presidenta del país, acompañada por muchos banqueros indios, se arrodilla ante Miguel Ángel, para limpiarle las manos con un bello paño de lino mojado previamente en un barreño de plata lleno de agua.

Hay flores y mandalas por todas partes, así como monjes budistas cantando mantras que hacen que la ceremonia te haga conectar realmente con tu lado más profundo.

De pronto, Miguel Ángel ha comenzado a cantar un mantra muy grave, con gran potencia, y, en seguida, toda la masa le ha seguido.

La presidenta se aparta y comienza ella también a hacer lo mismo que su pueblo, para no desentonar. Cierra los ojos para disimular, y, piensa en otras cosas mientras, cosas estúpidas, inanes, como la de que tiene un poco de hambre, y que hace mucho que no come una buena hamburguesa. Se avergüenza un poco de pensar en estas estupideces en un momento de ese calibre y abre los ojos un momento para huir del pensamiento anterior y poder volver a dirigir la mente hacia el estado de meditación.

Pero una vez abiertos los ojos, ya no ha sido capaz de volverlos a cerrar. Observa la presidenta en estos momentos cómo el agua del estanque del Taj Majal crea ondas vibratorias muy rápidas, a las que se han unido unas pequeñas vibraciones del suelo que hay bajo sus posaderas.

La presidenta mira de un lado para otro, pero solo se encuentra con la mirada desconcertada de la gente de su clase social, ya que los otros están altamente concentrados en la meditación y no paran de emitir ese canto profundo, que a la presidenta se le está metiendo por todo el cuerpo, sintiendo cómo atraviesa sus ovarios, su vientre, su corazón, la garganta, hasta subírsele por completo a la cabeza.

Siente la presidenta que su cuerpo se ondula, que deja de ser material, y, un poco desconcertada, mira hacia las columnas, y ve que a estas también les está pasando lo mismo, que se ondulan como si fueran de agua.

Se difunde en todas la redes sociales las imágenes de lo que está pasando en estos momentos: El Taj Mahal ¿apunto de derrumbarse?, se puede leer en la portada de un periódico virtual en Japón.

La clase empresario-política que acompaña a la presidenta, y que está sintiendo el mismo movimiento de ondulación, comienza a asustarse de veras, y, alterados, con miedo a que todo lo que hay allí se derrumbe y mueran sepultados bajo las piedras, se levantan haciendo reverencias y se largan por donde han venido protegidos por sus guardaespaldas.

Pero la presidenta se queda, y se pone de pie, y mira al cielo con los brazos levantados hacia arriba.

Comienza a llover entonces una lluvia muy rara, hecha de rocío, que a los presentes les resulta muy agradable. Los ultrarricos indios, al final, contemplan todo este espectáculo metidos en sus coches blindados, a salvo de lo que pueda pasar.

Contemplan también este espectáculo los neonazis, que ahora se confirman en la idea de que Hitler hizo bien yendo a buscar el súper hombre a la India.

Comienza poco a poco a diluirse el Taj Mahal, a derretirse como si estuviera hecho de nata, a convertirse en líquido, a inundar todo el suelo con una densa amalgama de materiales.

Se eleva entonces todo el personal, que comienza a levitar a la altura de un metro, de forma completamente sincronizada, en perfecto estado de iluminación.

Ni que decir tiene que desde el mundo R todos estamos flipando en colores, y más aún los faraones.

—¿Nexo? ¿Estás seguro de que el arca está en tu poder?

—Afirmativo, señor.

—Y lo que está ocurriendo en el Taj Mahal.

—Un chusquero truco de magia, señor, ya se lo he visto hacer a Miguel Ángel antes. No hay de qué preocuparse —miente Nexo como un bellaco.

Cambia la nota del canto ahora, y el líquido del Taj Majal comienza a subir hacia arriba, como si fuera una tarta, hasta estabilizarse y volverse materia, y ser como antes, perfecto, divino en su geometría, imperturbable al paso del tiempo.

Tras haber vivido esta experiencia tan impactante, la señora presidenta de la India ha comenzado a desnudarse por completo. Miguel Ángel le ha prestado su chilaba, y, con ella, la política se ha vestido.

Se pone Miguel Ángel, recíprocamente, las ropas de ella, una vestido de Chanel del que sólamente existe ese ejemplar.

Ante cientos de periodistas haciendo fotos, la presidenta ha dicho estas palabras:

—Me declaro ciudadano R y no pararé de trabajar hasta que la India satisfaga todas sus necesidades.

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