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EL VAGO DE MICAEL

Se parece tanto todo al clima de los comienzos de la segunda guerra mundial, que muchos vagos europeos han abandonado su tierra y se han largado a Sudámerica, refugiándose en el movimiento micaelista, uno de los muchos nombres para hablar de las andanzas de Miguel Ángel.

De un tiempo a esta parte, la NO Religión se ha expandido por toda la Pachamama. Ha recorrido el continente de rabo a cabo el nuevo profeta, y los habitantes que lo han deseado, han podido experimentar con la mística de las drogas, las cuales son ahora ya completamente legales.

No por ello el consumo de drogas entorpece la actividad productiva del ser humano. Las drogas naturales, sanas, extraídas directamente de la planta, parecen estimular la creatividad del pueblo Pachamama, y, competir sanamente con Europa, aun sabiendo que, de momento, la batalla está perdida, porque los europeos, dicen los pachamama, no poseen nada, salvo cultura, y eso les hace grandes, piensan algunos que van a allí aprender.

Gracias a Miguel Ángel, se ha reconciliado el pueblo americano con los valores espirituales del mundo indígena, y, una ola de amor a la naturaleza inunda los corazones pachamamos, que han basado casi toda su economía en el respeto a sus valiosos recursos naturales, su gran orgullo, el motivo de admiración de otros pueblos que carecen de ellos como Japón, Izram o la misma Europa.

Aún así, la llegada de los vagos a su territorio es observada con diferentes opiniones al respecto por toda Pachamama, incluido EEUU, Canadá y, Australia, que desde hace tan sólo unas semanas, también es R.

En la Pachamama Sur, los aldeanos R están consolidando la vida digna, desean llegar, con todas sus fuerzas, a la abundancia radical, al lujo supremo, como sus habitantes del Norte, y piensan que la baja productividad de los vagos son un peso para las previsiones de de-crecimiento del continente.

Se quejan los vagos de que esas acusaciones son injustas, y que por muchos millones que sean, no requieren mucho para vivir, y que ellos pagan con su renta de abundancia todos los servicios, que no piden favores, que tienen sus qcoins, y que deben ser aceptados.

—Restan y no suman, —dice América Latina de los vagos.

—Me dan igual, —dicen los yanquis y los australianos.

—Suman, —dicen los canadienses, conscientes del capital intelectual que llevan consigo los vagos.

Y es una diatriba sin consecuencias puesto que en un mundo sin fronteras, los vagos pueden vivir, como ha dicho un livuquero sicialiano, donde les salga del nabo, por tanto, punto en boca.

A todo esto, y para añadir más candela a la polémica, Miguel Ángel acaba de anunciar que el próximo destino de su movimiento será China.

Rápidamente, el gobierno comunista chino ha emitido hoy un comunicado donde le cierra las fronteras al movimiento micaelista, alegando que es una tapadera para que los vagos que no quieren trabajar se vayan al comunismo chino a aprovecharse de él.

Dice el presidente de la República China que los chinos no están para mantener ni trabajar para nadie, y que la vagueza es un defecto despreciable de la condición humana, que hay que estirpar, y que es un firme defensor de lo que en su día en neolengua se denominó #vagoeugenesia, que defiende la estirpación del vago gen cuando los científicos lo encuentren, ya que el #vagogen es una combinación aleatoria fallida del código genético, a la misma altura que el síndrome de Down o el autismo.

Se defienden los vagos diciendo que ellos son la utopía, el futuro, que ellos trabajan en la búsqueda de experimentar la felicidad, y que la felicidad es una rosa sin causa externa, sino interna, y que si ellos no hacen su trabajo, la humanidad está perdida.

El ejército chino ha mandado tropas a reforzar sus vastas fronteras, quieren evitar que ningún hombre vago entre ni por tierra ni por aire ni por mar al país y está restringiendo el turismo, limitándolo solo a la visita para hacer negocios.

En medio de esta pequeña disputa sobre la filosofía del trabajo, nos ha asaltado una noticia con la que el mundo R se ha quedado completamente boquiabierto.

Por la red social del Livuk, se ha corrido la voz de que en India hay una mujer que, dicen, no para de trabajar día y noche y no muere de cansancio nunca.

Intrigados por este rumor popular, los periodistas subjetivos se han trasladado a la India en busca de esa mujer a la que los empleados de las fábricas, que trabajan para grandes compañías faraónicas, han querido matar, y a la que los patrones protegen bajo una fuerte pantalla de cristal, donde solo le acompaña una máquina de coser y dos grandes cubos de bolsos, uno de entrada y otro de salida, bolsos que son de muy alta gama, solo consumidos por las mujeres de alto standing, como la madre de Verónica.

Se ha convertido para la clase alta esta señora en un ejemplo a seguir por todos, y la exhiben orgullosos en una de sus fábricas, como si fuera un animal en un zoológico, para que todos los trabajadores de la industria india tomen ejemplo de su capacidad sobre humana.

Es querida esta mujer también entre los neonazis, como un ejemplo de trabajo, y, un ejemplo también que ilustra la existencia de la Súper mujeruna mujer que hace cosas de mujer sin cansarse ni quejarse nunca, según la definición de los neonazis.

Al conocer esta noticia, Miguel Ángel ha movilizado su movimiento y ha dicho:

—Levantamos el campamento.

—¿Y adónde vamos, maestro?

—A la India.

Se han quedado muy aliviados los pachamamas, en cambio, al ver que los micaelistas se van por fin y ellos pueden centrarse en lo que más desean, que es en ser ricos, espiritual, cultural y materialmente, aunque no necesariamente por este orden.

Se han quedado también muy contentos los chinos, que ven que la patata caliente ahora la tiene que sufrir la India, y, muchos de los altos cargos funcionarios chinos #se descojonan de los indios, por el marrón que se van a comer: gente follando y drogándose todo el día, ya verás.

—Maestro, ¿y cómo nos iluminaremos? —pregunta un seguidor.

—Con el trabajo.

—¿Qué dice? —exclaman los vagos viendo que todo su plan se va al garete.

De lo mismo se quejan los seguidores del movimiento. Mucho de ellos sienten que han avanzado mucho en el plano espiritual, y no quieren renunciar a las drogas ni al sexo, y mucho menos por el trabajo, una excrecencia de la vida terrenal, que nada tiene que ver con su idea del paraíso celestial.

—Este es el camino. Quien quiera, que se pierda en los senderos. Pero los senderos no son el camino, aunque el camino esté formado por todos los senderos —predica Miguel Ángel.

No se sienten los micaelistas fuertes para emigrar a la India. La Pachamama era, para ellos, los más próximo al paraíso, el dolce fare niente, drogas, sexo y misticismo a tutti plain. ¿De dónde iban a sacar ellos ahora la voluntad para depreciar los baños calientes y correr deseosos al agua fría? ¿Era ese el camino?

Miles de personas se quedarán en la Pachamama, y harán allí sus vidas, pero el resto, que se cuentan por millones, sí se animan a experimentar cuotas más altas de amor en su interior, porque sienten que este es el sentimiento más fuerte de la naturaleza, y que gracias al amor, pueden transformar su propio cuerpo, e incluso, algunos, ya se atreven a transformar la materia ajena a ellos con su pensamiento.

Dos barcos muy parecidos al Titanic, a cargo del Faraón Adil, uno de los más fieles seguidores de los micaelistas, esperan en las costas del Pacífico y del Mediterráneo para trasladar en diferentes viajes al mayor movimiento de peregrinación de la historia moderna.

Parten los dos barcos hacia el continente Indio, uno surcando el Pacífico y el otro el Mediterráneo. Con el nuevo sistema de propulsión intramalaquita, en pocas horas, atracamos los del pacífico en Anjugramán, en la punta Sur del país.

Subimos y subimos, en diferentes medios de transporte, y también caminando, en busca de la mujer más trabajadora del mundo, hasta llegar a la ciudad de Hyderabad, en Telangana, sobre la mitad sur del país.

Hay mucho revuelo aquí delante de la fábrica. Tras algunas conversaciones, Miguel Ángel consigue que le dejen pasar a verla. Al entrar, comprueba que ya no es una, sino muchas, cientos de mujeres que trabajan en éxtasis sin parar día y noche.

—Ha nacido algo nuevo —dice Miguel Ángel. Y sus palabras son oídas en toda la aldea R, que a partir de ahora estará muy pendiente de lo que ocurra en esta extensa zona del mundo.

Tras decir esto, Miguel Ángel se sienta en posición de flor de loto y comienza a trabajar, y, siguiéndole, todo su movimiento, fuera de las fábricas, que hace todo tipo de trabajo que le mandan los patrones, e incluso la gente del lugar.

En cuestión de pocos días, el movimiento se ha extendido a todos los rincones del país, sobrepasando incluso las fronteras con Pakistán, y, por el Sur, extendiéndose a Sri Lanka.

Tanto hinduistas como musulmanes se han hecho eco de las experiencias de iluminación que cuentan los llamados #LightJobtrabajo lumínico, relatos que hablan de un amor infinito alcanzado a las setenta y dos horas de trabajar sin dormir e ingiriendo sólo la dieta de Mahatma Gandhi: agua, frutos secos y fruta.

El mundo R mira con asombro estos acontecimientos, y piden a los científicos de datos de las consultoras de Emerge que den informes sobre qué consecuencias pudiera tener para el mundo global una sobre producción de estas características.

Tan pendientes está el mundo de esto, que a la mayoría, pero no a mí, se les ha escapado el hecho de que el Lusitania, el otro barco que transportaba micaelistas, aún no ha desembarcado en la India, es más, parece haberse esfumado en la nada.

El último registro de la cámara externa, una cucaracha que les seguía grabándolo todo, dice que a la altura del Triángulo de las Bermudas desapareció, sin que nadie pudiera hacer nada para evitarlo, sin que nadie se atreva a entrar en el triángulo a buscarlos también y, como digo, sin que nadie se haya percatado de su desaparición.

Yo, que no me he tragado esta versión de la historia, me pongo en seguida rumbo a China, para comprobar mi primera hipótesis de trabajo.

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