Érase una vez una princesa que vivía en un palacio de cristal en medio del bosque.
El palacio era completamente transparente y todos los habitantes de las aldeas de alrededor podían siempre ir a mirar lo que estaba haciendo.
Y cierto es que siempre había alguien mirando, porque todos habían visto por sus propios ojos que el palacio estaba encantado y que hacía cosas maravillosas.
Entre ellas, el palacio le daba a la princesa todo lo que la princesa pedía por su boca. Y si la princesa quería una manzana, el palacio le daba una manzana. Y si la princesa quería oro, plata o bronce, bronce, plata u oro era lo que le daba el palacio. Todos sus deseos el palacio los podía hacer realidad.
Y aún así, era evidente según los aldeanos de las tierras de al rededor, que la princesa estaba triste, pero ¿por qué estaba triste la princesa?