Empresas, partidos políticos, universidades, comunidades de vecinos… las organizaciones del siglo XXI heredan los problemas del siglo pasado, que siguen sin solucionarse.

El problema más importante está relacionado con la toma de decisiones y la incapacidad para llegar a consenso.

La falta de herramientas computacionales para gestionar el consenso obliga a las organizaciones a recurrir a una estructura jerárquica, de tipo piramidal, en cuya cúspide siempre hay un líder.

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