Varón de 65 años encontrado muerto en su cama. Vestido de blanco. Semiamortajado. Sin signos de violencia aparente. Los pies, descalzos. La cara, maquillada. Las manos en cruz sobre el pecho, expresando un religioso ‘descanse en paz’. El cuerpo fue encontrado por la asistenta, que entró con una copia de la llave, a las 9:00 a.m.

Sobre el escritorio, una botella de agua vacía, una caja de 25 comprimidos de Orfidal, también vacía, y dos cartas simétricamente colocadas en paralelo. La primera, del gobierno español, rechazando la solicitud de vuelta a España. La segunda, una solicitud de ‘muerte digna’ al estado de Andorra. También rechazada.

Todo apunta a un suicidio. Salvo por un pequeño detalle. En la cara, a la altura de los labios y de las mejillas, se observa un conjunto de petequias, pequeñas manchas sanguinolentas que suelen aflorar en las muertes por asfixia con un objeto blando.

El informe criminalístico no recoge la existencia de otras huellas dactilares que no sean las del propio finado o las de su asistenta.

La casa está limpia, ordenada y recogida. No hay restos de comida del día anterior. Tampoco se ha encontrado ningún objeto blando con el que pudiera haberse perpetrado el ahogamiento.

Por la interneteca, sabemos que Manuel García Sánchez fue un antiguo youtuber de gran éxito entre los jóvenes que emigró a Andorra por las ventajas fiscales antes de la caída de la Unión Europea, antes de la privatización de los estados, de que las fronteras se cerraran, de que los muros se levantaran y antes del triunfo y establecimiento del Nuevo Orden Mundial, basado en un feudalismo ultracapitalista.

Según la Wikipedia, el Rubius cayó en picado a causa de una nueva enfermedad rara, de tratamiento estratosféricamente caro. Sus fans, ahora mayores, se arrepienten de haberle seguido.

En su última intervención en meanstream, se le puede ver vestido de Súper Man, con un gorro ruso, quemando dinero en metálico y amartilleando un monedero de euros digitales.

Tras la emisión del vídeo, perdió los pocos seguidores que le quedaban. Y dos días después, se perpetra su aparente suicidio.

Solo, abandonado de todos, menos de su asesino, que sin duda, era conocido suyo.

Nos entrevistamos con otros youtubers de la época. Todos reniegan de su amistad, como si El Rubius hubiera tenido la peste.

En la calle, alguien canta una coplilla anónima, comentando con sorna la última aventura del héroe y lo sube a la red social del momento, BuySky.

Su hijo ha pedido un crédito para poder pagar la autopsia de su padre. El informe es concluyente: ha sido asfixiado con un objeto blando. Nada nuevo bajo el sol. Con el resto del crédito, ha contratado a una empresa de seguridad, conformada por antiguos policías funcionarios, para que investiguen su asesinato. Y aquí estoy yo. Una detective venida a menos, vieja y condenada a trabajar hasta el último de mis días, ahora que la palabra jubilación ha pasado al diccionario histórico de la Real academia de la lengua española.

Medio, ocasión y motivo. Si encontrara un motivo, la asistenta se llevaba el premio gordo. Tuvo todo el tiempo del mundo para preparar la escena. La investigo. Mujer de 56 años, de origen marroquí, de confesión musulmana, cuatro hijos. Su marido, albañil. Tienen un permiso temporal de trabajo de seis meses. Dentro de dos meses, deben largarse con viento fresco a otro lugar o volver a los barcos de inmigrantes que hay por todo el Mediterráneo. Mano de obra barata ‘a volonté’.

En homenaje a quien tú ya sabes, me hago una tortilla a las finas hierbas, y me pregunto qué haría él si estuviera en mi lugar. Sin ninguna pista de la que tirar, a no ser que…

Hago una búsqueda sencilla en las bases de datos abiertas de delicuentes y ¡bingo!, en los últimos cinco años, dos youtubers y tres cantantes del pasado ya de moda estilo reggeton han sido encontrados muertos bajo las mismas circunstancias. Esto está cobrando una dimensión mayor.

La muerte del Rubius se ha convertido en el nuevo salseo del verano. Y genera mucho ruido en los foros de true crime. El crimen vende, ahora más que nunca.

Gracias a mi doble grado en Crimonología e Ingeniería Informática, tengo habilidades que me diferencian de lo que yo llamo ‘la caterva’ de los ex cuerpos de seguridad del Estado. Mis algoritmos de síntesis de información olfatean por mí como un sabueso entre los archivos digitales del ordenador la víctima. Tras una hora de procesamiento computacional, ‘mi kiki’, que así es como yo llamo a mi inteligencia artificial criminalística, me escupe una palabra, a juzgar por ella, clave: conspiración.

Me pongo a analizar críticamente, con mis propios ojos, los archivos que contienen dicha palabra y veo que proceden del antiguo chat ruso prohibido en Europa llamado Telegram. Vaya, vaya, vaya, esto se pone interesante, le digo a mi gato negro ‘Toto Lenin’.

La ciberseguridad nunca ha sido mi fuerte y prefiero no arriesgar. El Sebas, un hacker del trinque que trabaja barriendo calles con robots de compañero, me hace un favor con favor se paga, y me busca en las bases de datos de inteligencia de Andorra. Eureka. El Rubius llevaba siendo un espía ruso desde su más tierna adolescencia. Y visto lo visto en las cartas de rechazo de vuelta del exilio, España estaba al tanto.

Esto excede mis competencias, le digo a su hijo. La traición se paga con la muerte. Se lo suelto así, sin paños calientes. Podría decir que soy Asperger, pero no, soy directamente bruta. Y ya.

El hijo me mira y me dice con el labio temblando: quiero vengar su muerte. Yo no debería estar escuchando esto, le replico. Y tú me vas a ayudar. ¿Yo? ¿Y qué cambiaría? Siempre es la misma mierda en todas partes. No creo que tras eso que tú quieres hacer, amanezca un mundo utópico después. Mi padre siempre pensó en grande, y todo lo que hizo fue por el bien de la humanidad. Quiero que el mundo sepa que le mataron porque estaba maniobrando en la sombra para que todos naciéramos iguales y muriéramos diferentes, después de dar lo mejor de nosotros mismos al prójimo.

Lamentablemente, como decía Napoleón, la historia es una selección interesada de los hechos, y tu padre pasará a la historia por haber sido un ser humano, como lo expresaría yo… un ser humano sin abstracción.

No le entiendo. Quiero decir que lo que ha quedado de él es que fue incapaz de elevarse por encima de su propio ego, de sus miserias. Pero sabes que no fue así, sino todo lo contrario. Estos archivos demuestran el plan en el que él junto con más gente estaban trabajando. Es una idea grande, magnánima, una idea que puede cambiar el mundo de la noche a la ma…

CONTINUARÁ

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