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Salomón tiene un anillo que funciona a medio gas. Y se entera de que hay un mestizo, Asmodeo, que conoce sus secretos. Acude a verle, y llena el agua del que Asmodeo bebe todos los días con la piedra, y el agua se pone roja, y Asmodeo la bebe y sabe que está bebiendo de la fuente de la eterna juventud, y comienza a tomar más en serio a Salomón, y decide ir con él al templo. Una vez allí, Asmodeo le embauca para que le dé la piedra. Salomón no es tonto, pero sabe que Asmodeo conoce el lenguaje de la música, que puede hacerla funcionar a pleno rendimiento, con lo cual, al final, termina dándole el anillo. Y este en el momento en que se lo pone, los dos se esfuman como por arte de magia, ya que está usando el valor de la traslación o teletransportación de esa piedra, que es el que está en ON, pero sin ‘tele’. Y Asmodeo y Salomón aparecen en un desierto y luego se larga y lo deja allí, solo, y Salomón comienza su lamentable peregrinaje hasta que vuelve a hacerse con el poder. A la vuelta, Salomón se hace con Asmodeo y le obliga a largar toda la información necesaria para conseguir construir el templo. No confundir con Hiram, que era el ingeniero.

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