La dominación masculina en las relaciones sexuales de las culturas patriarcales, según Pierre Bordieu, y segundo flechazo de Roger

—Ah, pues no. No viene. Se habrá ido a duchar. Bueno, mejor, así tenemos más tiempo para hablar de cosas de hombres, las mujeres, ya se saben, si no hablan de cotilleos, no se divierten. Y dígame, compadre, ¿cómo le trata el capitalismo?

—De momento, le voy engañando como puedo. ¡Anda que no tienes limpia la casa! ¡Quién lo diría!

—Mi pibi, que cuando viene me limpia y me cocina. Es una mujer hecha y derecha. Oye, ¿tú eres comunista?

—¿Por qué? Me vas a denunciar, ¿o qué?

—No, por nada, es que eso de que en tu antro todo el mundo cobre lo mismo, independientemente de lo que haga, no sé, es un poco fuerte, ¿no? Yo no estoy de acuerdo. ¿Cómo va a cobrar lo mismo que tú el que limpia los baños del Kalifornia’s? Eso es una injusticia.

—Con todos mis respetos, me suda la polla si tú estás de acuerdo o no. Yo tampoco estoy de acuerdo viendo cómo tiras el dinero de la droga en cadenas y dientes de oro en lugar de hacerte un buen seguro médico, a ti y a los de tu familia.

—Como decís vosotros, los que habéis estudiado, estoy abierto a cualquier sugerencia.

—Bueno, otro día te daré algunos consejillos. Ahora no tengo tiempo. ¿Te importa si vamos al grano? Tengo mucho que estudiar.

—Por mí, vale. Tengo dos clases de Indica y dos tipos de Sativa.

—Si no te importa, tengo que tocarla y olerla. Como dice Miguel Cervantes, en un video del Youtube del que ya te pasaré el link, en materia de marihuana, fíate de tus sentidos.

—Qué bueno ese tronco, chaval. He visto el vídeo. Se sale.

—Hola.

—Hola.

—Pero ¿qué te pasa, trooon? No sabía que fueras tan cortado con las mujeres. Esta es mi pibi. Julietta. Julietta te presento a la eminencia, el doctor Roger. Este pibe es un crack. Es de esta gente a la que le gusta darle al coco todo el día mientras se rasca lo cojones.

—Si los griegos no se hubieran rascado los cojones todo el día como tú dices, ahora tú no sabrías multiplicar.

—Oye, oye, que yo no digo nada. Es una forma de hablar, no me malinterpretes.

—No, no, si yo tampoco digo nada, tampoco me malinterpretes tú a mí. Solo digo lo que digo.

—Ya, bueno. ¿Qué tal, gorda? Guau, estás muy pero que muy buena con esa minifalda, no sé si salir contigo a celebrar lo de tu carnet de conducir o decirte que te pases por mi despacho.

—Jajajajaja.

—Ah, sí, felicidades, ya me han dicho que has aprobado.

—Sí, estoy muy contenta. Es que hacía mucho tiempo que no estudiaba, y no sabía cómo se me iba a dar.

—Ya. Bueno, pero el práctico no es de estudiar.

—Ya. Pero, tú sabes, las mujeres tenemos menos inteligencia práctica que los hombres.

—Sí, eso es verdad, ya lo dice el refrán, mujer al volante, peligro constante.

—Los refranes son píldoras de conocimiento con rima para que se memoricen mejor. Pero eso no quiere decir que el conocimiento que codifican sea verdad. Tú dices ya lo dice el refrán, pero los refranes no hablan. Un machista se inventó el dicho y luego todos los demás lo copiaron y van razonando con estos discursos, como si fueran suyos, para sacar conclusiones acerca de la realidad a partir de proposiciones falsas, como esta. No está demostrado científicamente que las mujeres tengan menos inteligencia práctica que los hombres. Otra cosa es que las mujeres, influidas por el dicho, se conciban así mismas como torpes y todo les cueste más. Es la profecía autocumplida, ¿no?

—Si tú lo dices…

—Bueno, chicos, yo os dejo, me voy a depilar.

—Muy bien, churri, ay ese culito que no pase hambre… Jajajaja. Ciao.

—¿Has visto? Está súper buena. No sé todavía ni por qué está conmigo. Pero no se lo digas, no se me tiene que notar. A las mujeres, no les gusta estar con blandengues, les pierden el respeto. Yo por eso me pongo todo lo chulito que puedo, sobre todo, cuando me la estoy follando. Me pongo esta cadena de oro en el cuello, la gorra, el peluco este que me he comprado de segunda mano, y luego le doy cachetaditas en el culo, en las tetas y, a veces, cuando está muy caliente, en la cara, mientras la llamó putita, calentorra y guarrona. Eso le pone a cien. Es como lo que me explicaste un día de los perros de esos del Pablo.

—Pavlov.

—Sí, bueno, pues eso. Pavlov. La llamo perrita cachonda y es como tocar una campana, en seguida se baja a chupármela como una posesa. Es total, tío, no veas lo que he aprendido contigo.

—…

—Pero, ¿qué te pasa? ¿Estás blanco? ¿No te estará dando la pálida con la marihuana esta no?

—No, no, qué va, es que tanta información sobre tus relaciones sexuales me abruma.

—¿Te abruma? Tú no serás gay, ¿no? Deberías salir más, tanto estudiar no debe ser bueno.

—Querrás decir no debe de ser bueno.

—¿Y qué he dicho?

—Da igual.

—Los tíos somos así, hablamos de estas cosas, hombre, hay confianza, ¿somos amigos o no somos amigos?

—Sí, somos amigos.

—Yo te quiero, tío. Noto que soy mejor persona desde que te conozco.

—Gracias, gracias, yo también te aprecio mucho. Pero ahora me tengo que ir, de verdad, otro día quedamos con más calma. Dime cuánto te debo.

—Si me das un bono, te la dejo gratis.

—Entonces no sería gratis, porque intercambiaría un capital por otro, aunque no fuera dinero. Eso sería un trueque. Y, no, porque el negocio no es mío, es de todos los que trabajan allí. Yo te pago con el dinero que gano allí.

—Pero es que no lo entiendo, es tu empresa, ¿por qué dices que el dinero que ganas no es tuyo?

—Porque la riqueza que produce esta empresa pertenece a partes iguales a todos los que trabajan en ella. Es la empresa de todos. La idea ha sido mía, pero sin la gente que trabaja allí, no pudiera haberse hecho realidad, ¿lo entiendes?

—Tú eres comunista, ¿no?

—Bueno, dame un abrazo, tengo que irme.

—Ok, tron, te quiero, ¿lo sabes no? Cuídate.

—Lo sé, yo también a ti. Hablamos.

—Hablamos.

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