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Steve Jobs

Carta de despedida

Querido Steve Jobs,

Vaya por delante que te amamos, te queremos, te admiramos, incluso después de muerto, ¿acaso no es lo que querías? ¿Pasar a la historia? Y, muy sin embargo, a pesar de todo, y precisamente por todos los pesares que has causado, decidimos no salvarte, que no vinieras a Shambala, al paraíso. Pasarás, por tanto, a la otra historia, la historia oficial, la historia de los otros, de los faraones, o la historia de los usurpadores de la gnosis, pero no a nuestra historia, puesto que, al igual que Hitler, te acercaste a nosotros con buenas intenciones, y en el huerto de manzanos de tu tío te conectaste, como él, a través de drogas, a nuestras red, y nosotros te dejamos pasar, pero una vez entrado y bebido de nuestra fuente de la sabiduría, al igual que a él, te serviste de la estructura del mal para llevar a cabo nuestros inventos, sí, nuestros inventos, sí, nuestra tecnología, la tecnología de nosotros, la de los invisibles, la tecnología de la utopía, del paraíso, la tecnología concebida bajo la lógica del bien. Y, como he dicho antes, aunque mucho bien fue lo que le diste a media humanidad, fue a costa de la sangre de la otra media, y eso, eso, solo tiene un nombre, y nosotros lo llamamos la estructura del mal.

Las ideas que penetraron en tu cabeza en el huerto del tío de tu amigo lo hicieron porque tu corazón era aún puro, tu alma libre y tu mente, tu mente un campo sobre el que sembrar el bien para todo el mundo. Visualizaste parte del arca de Noé y con ello te pensaste que eras un visionario, exigías a los demás una especie de condescencia que no te merecías, puesto que tu corazón ya se había llenado de vanidad y no de amor. Jugaste con el dinero fiduciario, evadiendo impuestos, pagando lo menos posible a los enanitos de las minas, destrozaste el medioambiente, y no pusiste medios para que la antignosis espiara a toda la humanidad a través de nuestros dispositivos, porque te repito, una vez más, que eso que la historia dice que salió de tu cabeza en realidad salió de nuestras cuevas. Y esa patente que patentas debería ser libre, puesto que todo lo que nosotros hacemos es patrimonio universal de la humanidad,para su uso y disfrute, sin pedir nada a cambio.

Y aún, en tu lecho de muerte, cuando nadie te ha venido a visitar, te preguntas que por qué no te salvamos cuando enfermaste? pregúntate mejor por qué fue que enfermaste? Querías curarte con medicina tradicional, pensando que aún tu corazón era puro, como si no estuviera lleno de vanidad, odio, sed de venganza y ánimo de lucro. Rechazaste la medicina oficial de los otros, pensando que con nuestro paradigma científico te podrías curar, pero no te curaste porque habías dejado de estar iluminado y ya no eras uno de los nuestros […]

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