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UN SECRETO A VOCES

Qué extraño que nadie haya podido expresar en ninguna lengua a lo largo de miles años de historia del ser humano esa atmósfera tan especial que se crea cuando un bebé recién nacido llega a una casa, el amor que en el aire se diluye, y el ambiente que dura toda la infancia. Y qué especiales son los niños, inocencia pura, amor puro, ingenuidad pura. Algo tan sagrado que ni el mismísimo Mozart podía conseguir con su música en el salón del Vaticano pintado por Miguel Ángel, la primera vez que entró en la Logia.

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