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—Bueno, bueno, doctor Roger. Parece que las cosas no podrían ir mejor para usted. Los dos cadáveres anteriores murieron de lo que usted llamaría muerte virtual, pero ahora, ¿qué tenemos aquí? ¿No es para morirse de risa? Chorizo, salchichón, oreja. Esto es un curso de gastronomía…

—Me encanta la gente que practica la ironía, detective Krahmer. Es muy sano. Respecto de la gastronomía, sí, española, gastronomía española. Aquí se ha hecho una matanza con un ser humano.

—Efectivamente. Usted hizo una estancia de investigación en España, tiempo suficiente para familiarizarse con estos ritos gastronómicos, ¿no es así, doctor?

—Así es, detective, íbamos por los pueblos preguntándole a la gente cómo hacía la matanza, investigábamos la evolución del sistema pronominal en el castellano rural, ¿quiere que abundemos en esta cuestión? Ya suponía que no. En fin, no tengo ningún problema en reconocer que he asistido a más de una matanza, aunque confieso que no soy un aficionado. Y, vuelvo a repetir, yo no he sido.

—Usted no ha sido. Sin duda, debe de ser su frase favorita, porque es la que más repite. Vamos a ver, pero, ¿qué tenemos aquí? Esto ya es surrealista. Estoy leyendo en el informe que el señor que se encuentra aquí de matanza presente es un miembro de su antiguo departamento. Un catedrático. El fundador del Laboratorio en el que trabajaba. No sé si estoy preparada para soportar tanta coincidencia.

—Sí, lo cierto es que a todo cerdo le llega su San Martín, como dice el dicho en España.

—¿San Martín?

—Sí, el día en que se hace.

—¿Y qué día es ese?

—El mismo que fue ayer.

—Acompáñeme a comisaría por favor.

—¿Por? Si voy, perderé toda la mañana. ¿Qué tiene contra mí? ¿Tres coincidencias? Presénteme la relación de causa y consecuencia entre dichas coincidencias e iré.

—Pero, usted, ¿qué se ha creído? ¿Qué se piensa que soy? ¿Su alumna o qué?

—No puede hacerlo, ¿verdad? Y dígame, inspectora, ¿por qué no consultamos las cámaras que han puesto ustedes por todo el Kalifornia’s y, de paso, también miramos qué servicio se había solicitado para esa sala?

—Ya lo he hecho. Y le pido que rebaje ese tonito, ya que no sé si le queda a usted claro con quién está hablando. Yo, por si no se había enterado, tengo la autoridad. Los ciudadanos me pagan para que detenga a chiflados que vayan organizando matanzas para expresarle su odio o sus traumas al mundo. Cuando le pille, usted va a ir derechito a la pena de muerte. Y nadie le irá a ver a la cárcel porque es usted insoportable. El cliente pidió saciar su amor hacia sí mismo cocinándose y comiéndose después. Las cámaras de ese día a esa hora muestran un hombre con un casco en la cabeza, riéndose, hablando solo, y haciendo que cocina y come. Cocinero y cocinado, comedor y comido son la misma persona, la misma que se encuentra en la habitación por partes, embuchada. ¿Algún brillante puzzle que hacer con esta información, doctor? ¿Quiere ver lo que pasa después? Fíjese bien, el hombre se va, se cierra la puerta y se apaga la luz de la habitación. ¿Se puede saber por qué apagan las luces? Se le conminó explícitamente a que no lo hiciera.

—Bueno, es que hay que ahorrar energía. El cambio climático es un hecho científico, se ponga como se ponga la derecha. Si una habitación no se está usando, se apaga toda la conexión. Pero el pasillo tiene luz. Si alguien pudiera haber entrado, tendría que haber aparecido en el pasillo.

—Pues no, doctor. No aparece nadie frente al pasillo en tooooda la noche después de que el hombre salga de la habitación hasta la calle. Todo registrado por las cámaras.

—Bueno, las cámaras no son objetivas. También son subjetivas, y este caso lo demuestra. No nos están dando toda la información.

—Ya veo que le gusta jugar a estas cosas. ¿No se cansa nunca de actuar? Le aviso de que hemos investigado la red social del Kalifornia’s Dreaming. Hemos reconstruido la ruta de invitaciones, quién invitó a quién, y ¿sabe lo que hemos averiguado? No se lo podrá usted creer. Todos pertenecen a la misma red social de invitaciones, se invitaron entre ellos, pero la primera de todas la hizo el Kalifornia’s a su querido director de tesis. Con lo que aún quedaría un cadáver más.

—¿Ya está matándole antes de que muera?

—Él no va a morir. Está protegido por las fuerzas del estado. Hagamos una cosa. Yo, que soy la autoridad, ahora le esposo, dese la vuelta, por favor, si no le importa, ¿y por qué hago esto? Pues porque le voy a retener en comisaría 48 horas; mañana supuestamente, le tocaría su próxima víctima, ya que todas murieron en el mismo día de la semana. Veamos qué pasa.

—Y, si pasa algo, ¿me suelta?

—Digamos que, si alguien de la red social creada muere mañana, se abriría otra línea de investigación en el caso.

—Eso me gusta. Déjeme primero ir al despacho, que tengo que coger el portátil y mis libros, espero que me proporcionen un clima adecuado de estudio, es lo menos que puedo pedir a cambio de mi colaboración con las fuerzas del orden.

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