A estas alturas, y por mucho que se hace arqueología de la red, nadie es capaz de identificar la primera publicación en la que un humano se apenara por la muerte de su mascota.

El big bang de información científica del movimiento R-E ha dificultado ha vuelto a la internet muy pesada, imposible de recorrer en pocos segundos, y los pocos ordenadores cuánticos que hay en el mundo están en manos de unos pocos, y a pesar de que se les ha solicitado que busquen ’la mascota zero’, ningún estado quiere invertir recursos en esta tontería, ya que no hay vidas humanas en peligro.

Y es que la cosa se ha desmadrado de una forma inimaginable. Lo cierto es que ya por el mes de enero, los algoritmos de las redes sociales empezaban a ponerse un poco \textit{pesaditos} publicando esquelas o vídeos de gente que decía haber perdido a su mascota de una gripe o resfriado o de no se sabe qué.

Pero ya hoy, día uno de la semana 3 del primer mes del año 2012, está claro que esto es una pandemia, y que hay tantas, pero tantas mascotas muertas que lo asemejan a la peste negra.

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