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Cuando me cansé de buscar, empecé a hallar. Me viene esta frase de Nietzsche a la cabeza como por arte de magia, sin que yo la haya pedido, y de nuevo, no sé por qué, repaso mentalmente las imágenes de Bildelberg, buscando entre el público algo nuevo que se me haya escapado antes y a lo que seguirle la pista. No tardo un milisegundo en exclamar con toda mi alma ¡Eureka! ¡Es cierto! Así es, había una niña entre los invitados, en la que, cometiendo un imperdonable error de observación por mi parte, no había reparado.

Me levanto de un salto y observo el vídeo. ¡Ecco di là! Al lado de la reina de Inglaterra, el fogonazo intermitente de una niña con un traje blanco, tirabuzones amarillos y zapatos de charol escucha a Alexia con cara de pena.

Tal y como explican en el canal La Gruta del Misterio, que va de cosas sobrenaturales, la niña fantasma aparece y desaparece a velocidades difícilmente procesables por el cerebro.

—¡Te pillé!

Manos a la obra. Vuelvo al hotel Ritz a Barcelona y me pongo al lado de la reina y, cuando la niña aparece ¡fiuuuum!, me engancho a ella y los dos viajamos a las bellas tierras del Sur de Francia, hoy el País Vasco francés.

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