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En el día de hoy, los Cisnes Negros se reúnen por primera vez después de su último encuentro en la Bahía de Cádiz, en el sur de España, tras la caída de los faraones.

Es mediodía. Disfrazado de turista, con bermudas y una cámara colgando del cuello, le hago fotos a la Cibeles y paseo por la calle simulando cierto despiste.

En estos momentos, acabo de pasar por delante de la puerta del antiguo Edificio de Correos, frente a la plaza de la antigua diosa.

Claramente, me doy cuenta de que hay más observadores registrando el histórico evento; y no es para menos, hasta yo estoy nervioso. También es un momento importante para mí, esperado, anhelado durante largo tiempo, mucho antes incluso de mi entrada a la Academia.

Anicka acaba de llegar de la mano de su padre y, cuando ha visto a Mac Cain, se ha soltado para saltar a los brazos del antiguo teniente de la CIA, fingiendo que hacía mucho tiempo que no le veía. Ya solo faltan Adil y Alexia.

Mac Cain, que por deformación profesional siempre está alerta a todas las modificaciones del ambiente, ha sido el primero en verle llegar: hombre, mira, hablando del rey de Roma…

En efecto, por la rotonda de la plaza, aparece una esplendorosa limousine negra que se para enfrente del edificio. Un hombre impecablemente vestido desciende del coche con gran estilo y se acerca con ademanes familiares al grupo. Al saludar, Mac Cain le hace un placaje a la antigua usanza que deja al pobre Adil completamente inmovilizado en el suelo.

—Tú no eres Adil. Eres un impostor —dice Mac Cain levantándole con un solo brazo del suelo.

Como si no fuera con él, el hombre se compone el traje, reconoce, en efecto, su falsa identidad y luego, como si fuera un mayordomo muy bien amaestrado, dice: ya me advirtieron de que esto podía pasar. Síganme por favor. El verdadero Adil está arriba esperándoles.

Desde el último piso del edificio, el último faraón está mirando por un gran ventanal al Club. Sus ojos observan la escena por segunda vez, aunque su mente se encuentra aún en el sótano del edificio, sin poder dejar de pensar en lo que allí ha encontrado.

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