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El nuevo profeta se levanta y sale a hablar al pasillo.

Roger respira profundamente; primera vez que respira así. Al expulsar el aire, se siente sorprendentemente relajado, como si hubiera fumado mucha marihuana. ¡Marihuana! Hacía mucho tiempo que no pensaba en ella. Tantas novedades me están sacando de mi mundo, de mis cosas, se lee en el transcriptor.

Para hacer tiempo, abre un libro y comienza a leer, pero no puede concentrarse. Gira la cabeza y busca a Miguel Ángel. Por un momento, piensa que todo ha sido un sueño y que el pasillo del baño, en realidad, está vacío u ocupado por otra persona. Al siguiente parpadeo, sus ojos vuelven a ver a Miguel Ángel pasear mientras habla por teléfono. Roger está realmente impresionado por su presencia. Se siente expuesto, atravesado por ella, sin máscaras lo suficientemente fuertes como para resistir la onda expansiva de su persona. Es como una ola de mar acariciando una playa. Pura paz. No puede ser, se dice todo el tiempo. Es imposible. ¿Un mundo donde todo sea gratis? Este hombre está loco.

Reanalizando su proceso mental, Roger se da cuenta de que le ha vuelto a pasar: de nuevo, se está diciendo a sí mismo que es imposible. Está bien. Debo pensar algo. Algo con lo que impresionarle. Algo que demuestre que puedo pensar en positivo, que valgo para el trabajo. Puedo hablar del Kalifornia’s, pero no, esto ya lo saben ellos. Sería repetir información. ¿Qué puedo decir?

Roger cierra los ojos. Es mi peor entrevista de trabajo, piensa primero. Después, le viene a la mente la visión de un enorme supermercado. Es su supermercado favorito en San Francisco. Me encantaba ir a comprar allí. Roger se lo imagina con la gente entrando a coger los productos que necesitan y yéndose, tan tranquilos, sin pagar, sin cajas, ni barreras de seguridad. De pronto, una carcajada sale de su boca. Era una imagen realmente loca y súper divertida, ¿de dónde habría salido? Vas, llegas, coges lo que quieres y te vas. Libre. Liberado. Liberalizado. Libertado. Jajaja, se ríe en alto estrepitosamente.

—¿Caballero?

—¿Sí? Dígame.

—Mi nombre es Marina. Su amigo me ha dicho que le traiga esto de beber. Es una infusión para su enfermedad. Usted ya me entiende.

—Muchas gracias —dice por educación sin atreverse a preguntar.

—Su amigo es fantástico. Debe sentirse afortunado de tener a alguien que le cuide. Mi madre murió de cáncer y todos sus hijos, incluida yo, estábamos trabajando; ya sabe, las cosas están muy feas, y yo trabajo doce horas al día, fines de semana incluidos, y aún así vivo a duras penas. No llegamos a tiempo para despedirnos de ella. Perdone, no le quiero… Seguro que con usted es diferente, bueno, ahora, está la vacuna del cáncer, si usted se la puede permitir… En fin… No sé por qué me he puesto a hablar de esto, espero que su infusión le ayude.

—No, no se preocupe. Lo entiendo. Gracias por la infusión.

—De nada, y olvídese de lo que le he contado antes, no significa que usted… ya sabe. La vida es como un libro que está vivo, y cada persona escribe el suyo.

—¡Eso es! ¡La vida es un libro! ¡Un libro vivo!

Dice Roger mientras abraza a la azafata. De pronto, Miguel Ángel aparece como si hubiera surgido de la nada.

—¿Qué te parece Free VirtuAlive Book? —dice Miguel Ángel.

—¿Cómo sabías lo que estaba pensando? Ni yo mismo le había puesto palab…

—Ahora ya eres dueño de tu secreto, Roger, no lo olvides nunca: lo que piensas con sentimiento, con fe, viene a ti. Tú controlas tus hechos, que son consecuencia de tu pensamiento. Hola, Marina, veo que estás disfrutando de la interesante personalidad del doctor Roger, uno de los científicos más importantes de Norteamérica. Los dos tenéis muchas cosas en común, aunque los contextos aparenten lo contrario.

—Miguel Ángel, abróchese el cinturón, pasamos por un área de turbulencias.

—Bueno, y ahora, ¿dónde vamos?

—Después de aquí, nuestras vidas se separan. Tienes que cumplir una misión en la corte del rey, La Acampada Real. Allí, busca a la chica de esta foto, Valeria, es mi hija y ayúdala en todo lo que puedas. Aquí tienes una tarjeta de crédito, pide todo lo que desees y se te concederá. Para el día de La Fiesta, espero que el Free VirtuAlive Book esté en todos los móviles del movimiento 17R.

De repente, se encienden todas las pantallas de televisión situadas en los asientos del avión y aparece Alexia in media res:

Un viejo se pasea por Marbella en un Ferrari rojo. Y este viejo tiene más valor que si fuera andando sobre un bastón de madera hecho por él mismo. Antes, en el metro, he visto una publicidad de un banco que decía “La vida se paga en euros”. Después, justo al lado, otro se publicitaba con el lema de “Sé 500 euros más feliz”. A estos animales privilegiados, les encanta traducir las emociones a dinero, porque solamente de esta manera pueden percibir su valor. Estos homínidos hacen oídos sordos de los estudios científicos que insisten en que la felicidad reside en el acto de dar, no en el de acumular. Estos animales disfrutan creando una población esclavizada mediante el dinero, una población inconsciente de la gran mentira, ignorante del matrix, de la ilusión óptica que han construido y que venden como el único mundo posible. Sí, este único mundo posible en el que el ser humano debe pagar si quiere vivir, este único mundo posible en el que los individuos no valen nada si no tienen un buen fajo de papel timbrado en una cuenta bancaria. Traigamos, pues, a este siglo a un hombre del neolítico y este pensará que la especie humana ha involucionado.

El mal presentimiento sigue aguijoneando al jefe de seguridad, que ha emitido nivel dos de seguridad haciendo que sus hombres, poco a poco, se vayan infiltrando entre los oyentes. Ignorando estos movimientos, Alexia se abre paso en su discurso, mientras, sus dedos se deslizan por las bolas de su cinturón como si este fuera un rosario.

Ahora, levanto mi vista, y veo que estoy delante, cara a cara, de estos animales, que son invisibles para el noventa y ocho por ciento de la población.

La cámara que Miguel Ángel ha colocado en el vestido de Alexia está grabando toda la escena. Ahora, uno de sus tirantes se ha resbalado por el hombro y el ojo digital está enfocando los pies de todos los asistentes. Al subirse el tirante, el máximo jefe de seguridad del evento da la orden al francotirador encubierto en la planta de arriba de apuntar al blanco.

Muchos de vosotros sois muy inteligentes. Conocéis los secretos que encierra el conocimiento. Sabéis que cuanto mejor nada uno en el océano oscuro más sincronizado estará con su realidad física. Vosotros sabéis que la pobreza material es un problema de fácil resolución. Sabéis que el dinero no tiene ningún valor. Sabéis que sois iguales al resto y que no merecéis un trato especial porque poseáis un número más grande de dígitos en una cuenta bancaria. El dinero es una excusa. ¡Reconocedlo! El dinero es una excusa para poseer, dominar al otro, una excusa para sentirse superior, una excusa para parecer diferentes.

En este momento, ejecutando la orden del jefe de seguridad, hay tres agentes en el piso de arriba apuntando a Alexia sin esconderse.

Uno de ellos ha accionado la videocámara de su rifle, si tiene que disparar, se dice para sus adentros, quiere grabarlo todo para verlo en casa con sus amigos el próximo sábado, antes del derbi.

La mirilla de su arma está acariciando la frente de Alexia. Ha fijado su vista tanto que se ha dado cuenta de que, si no parpadea, Alexia se vuelve borrosa y comienza a desprender colores. Asustado por la visión, deja de apuntarla y dirige la mirilla del arma hacia el público. Allí ve a un camarero vestido de forma exquisita pero con un sombrero de bufón en la cabeza y una máscara de V de Vendetta cubriéndole la cara. Con inerte sonrisa de sabelotodo, el bufón se está inclinando de forma reverencial ante la reina de Inglaterra para rellenar su copa de champán. No puede ser, piensa mientras se retira de la mirilla del arma y posa su vista sobre el gran salón. El camarero acaba de servir la copa, y no lleva nada en la cara ni en la cabeza; al igual que lo de los colores, ha sido todo una alucinación. Ha llegado el momento, se dice el agente de seguridad para sí, de dejar los porros.

Baja Roger del avión de incógnito, disfrazado de mujer, y coge rápidamente un taxi.

—¿A dónde quiere que le lleve?

—A la Acampada Real, por favor.

—Ir a ese lugar es peligroso, el ejército y la policía nacional han acordonado la zona para impedir que más personas acampen. No creo que le dejen pasar.

—Soy periodista, debo ir por trabajo.

—A mí plín, duermo en Pikolín —dice arrancando el motor.

Sin entender muy bien lo que ha querido decir, Roger se sumerge en sus interioridades tratando de imaginar cómo será el nuevo mundo.

Viendo que el cliente no quiere charlar, el taxista se ha puesto la radio para entretenerse. ¡Hombre! Mira, ha dicho en alto, hablando del rey de Roma…

En la radio, una locutora está dando el resumen de los titulares más importantes del día:

—La acampada itinerante del movimiento 17R ha consesuado okupar los campos de la hacienda del rey de Iberia…

¡Buahhh! Bostezo grandemente como si no hubiera dormido en ocho días. Parece ya un hecho que este mundo me baja la tensión. Me vuelvo y lo apago todo, mañana, me digo cogiendo el sueño con mucho regustico, será otro día.

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