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AQUÍ DONDE ESTOY, en el templo, se ha venido a refugiar nuestro querido amigo el Papa Piero Passoli, que tras la impactante experiencia de la #AlquimiaSexual, pornografía pura y dura para la mayoría de la gente, ha sufrido ya tres intentos de asesinato.

Los agentes 007 de Mac Cain, especialistas en protección, consiguieron sacarle con vida de la última emboscada y traerlo en secreto aquí, a Izram, el lugar más seguro del planeta, donde el ejército pacífico de Israel, la mejor escuela de protección de la actualidad, cuida de él las 24 horas del día.

Espero al Papa sentado a la entrada del templo, ya que sé, por mis fuentes, que será desde aquí desde donde lanzará su último discurso.

Las puertas del templo acaban de abrirse y todos, un poco acongojados, podemos admirar la magnificencia de su interior.

En el altar principal se libera un gran holograma del Papa que avanza por el pasillo principal hasta salir a la plaza, donde el holograma se ha puesto a crecer y a crecer, hasta alcanzar una altura de siete metros convirtiendo a su santidad en un Gulliver en el país de los diminutos.

Si nos vamos a cualquier parte del mundo, encontramos también este mismo holograma proyectado en el interior de todos los edificios religiosos católicos de la aldea global. En torno a los altares de todos los monasterios, catedrales, iglesias y ermitas que pueblan la geografía divina, se arremolina una gran cantidad de gente, que ha acudido a sus lugares de culto a escuchar lo que los rumores cuentan que será, como ya he dicho, el último discurso papal.

También la plaza del Templo se ha ido llenando hasta abarrotarse tanto que algunas personas piden perdón al #papa3D por invadir su espacio corporal.

Hacen esto los agüitas más por curiosidad que por fe en el catolicismo, ya que la mayoría de los agüitas se declaran, según El Hacedor, partidarios de la religión universal.

Los izramitas solo se rigen por una ley universal, el amor, y cuya fórmula, aún no descodificada por Alexia, se ha convertido en el único principio de su religión.

Apoyan mucho a Alexia los izramitas para que demuestre matemáticamente la fórmula del amor; quiere este pueblo ya, de una vez por todas, unificar la ciencia y la religión, porque así dicen que es como estaba antes, según ellos, en la sabiduría de los hombres más antiguos.

Así pues, es esta una sociedad muy poco amiga de las regulaciones: ni mandamientos, ni preceptos, ni normas sociales, ni, como diría alguien demasiado vulgar, pollas en vinagre (perdonen la grosería, pero a veces no me resisto a usar los vulgarismos de neolengua que voy aprendiendo).

Los izramitas piensan que el principio del amor se basta y se sobra para regular toda la conducta humana y, de él, es de lo único que se sirven para solucionar los conflictos de intereses que puedan surgir en las comunidades.

En la plaza, hay muchos turistas, algunos de ellos católicos, que están muy furiosos con la conducta sexual del Papa y desean que el discurso comience y acabe lo antes posible. Tienen estos extranjeros unos modos de actuar que son entendidos por la gente de Izram como actos incívicos contrarios a la filosofía del amor. Sin ir más lejos, un grupo de ellos se ha puesto a insultar el holograma, ofendiendo con sus palabras y actitudes al resto de los agüitas que con calma esperan allí jugando con él como si fuera un globo gigante.

Educadamente, algunos izramitas les han pedido que modulen la voz, por no tener una tonalidad amorosa. Pero ellos, sin comprender muy bien lo que se les pedía, han seguido con su cantinela, y los más rabiosos, deseosos justo de que alguien les dijera algo, han comenzado una pelea y en estos momentos, en la plaza #se está liando parda.

No pasan ni cinco minutos cuando se presenta en medio de la plaza el ejército agüita, temido en todo el mundo, por ser buenos con los de adentro y muy muy malos con los de afuera.

Ahora, van a lidiar con gente de afuera, y lo hacen sin violencia pero #acaraperro.

La gente, en seguida, les ha abierto un pasillo, ya que, como digo, la cosa ha llegado a las manos y algunos turistas están pegando a algunos agüitas, que se resisten de forma pacífica a los golpes.

Por el pasillo humano, avanza un militar vestido con el típico uniforme del ejército de protección para la paz: una chilaba, unas sandalias de cuero y un macuto. De este, saca una especie de spray que, en seguida, aplica sobre la zona de conflicto.

—Señor, ¿qué emoción le posee? ¿Por qué el amor no habita en su corazón?

Quiere chillar el turista pero no puede. Se siente como si estuviera flotando en una nube, con el cuerpo lleno de ondas de mar, que le mecen de un lado a otro.

—¿Por qué salen de su boca palabras feas que ensucian el ambiente? —continúa el militar hablando.

Al escuchar esto, el turista parece haber recordado la causa de su indignación y sacando fuerzas de las tripas dice con todo el odio que logra acumular:

—Yo hablo lo que quiera. El Papa se ha acostado con la puta más puta del planeta. Es su concubina, tengo derecho a quejarme, a insultarle, porque él nos ha insultado a todos.

El militar va a contestarle, pero algo nuevo ha pasado con el holograma, y el turista mira hacia arriba, como el resto de la plaza, sin hacer ya mucho caso de la diatriba anterior.

El #papa3d se está haciendo cada vez más y más pequeño, hasta volver a su tamaño normal y colocarse en el centro de la plaza. Desde atrás, y sin que el militar haya podido percatarse, alguien le ha tirado un tanga al sumo pontífice, y este lo ha cogido al vuelo con la mano. La gente, muy sorprendida, exclama ohhhh y murmura que el Papa se ha reencarnado, que ya no es una figura virtual, sino física, y luego guardan silencio, porque intuyen que el Papa va a hablar.