Entre los círculos más íntimos de la izquierda intelectual, culebrea por lo bajini una teoría que dicen que salió de la intelligentia del partido, que postula que la semilla del odio visceral hacia Irene Montero germinó en el seno de las mujeres conservadoras de clase media-media, madres de familia con estudios universitarios, que habían renunciado a ocupar grandes puestos en la sociedad en pos de la familia. Según cuenta esta loca teoría, de naturaleza marxista, la raíz del odio somontano se encontraría ubicado en el área intestinal, y lo que lo sustentaría sería la rabia, la frustración, y, en última instancia, la envidia de que una obrera con pelos en el sobaco llegara a un máximo puesto de representación política. Y es por eso que se hacía completa y absolutamente necesario cuestionar el mérito de la sirvienta, deslegitimarlo, haciendo hincapié una y mil veces, y las que fueran necesarias, ¡faltaría más! que su llegada al poder había sido por un camino ilegítimo, impuro, inmoral, y, al fin y al cabo, el mismo que llevan usando las mujeres para llegar a cualquier sitio, el camino de la transacción sexual. Irene Montero, esa mujer sucia, esa mala madre, esa cajera de supermercado, que según los círculos de derechas, no tiene ni la ESO, Irene Montero, esa mujer que no hubiera llegado a nada si no se hubiera fagotizado a Errejón y alguna otra cosa más.

¿Pero es esta interpretación correcta o es una película más de ellos se han fabricado en sus cabezas con el fin de no admitir lo que es obvio para el común es de sentido común?

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