Final: Alla fine, nessuno muore di amore

Estoy en una depresión total. Llebo seis meses sin salir de casa. Me he pasado durmiendo como una marmota prácticamente la mayoría del tiempo. Rosa me ha llamado esta mañana para despedirse. Estaba muy afectada. Pobrecita, yo también la quiero mucho. Al final de la conversación, me he enterado de que quien, en realidad, se iba era yo. Hoy es el día en que debo exiliarme. He cogido las llaves de casa, la visa oro y el pasaporte y, ahora, estoy aquí sentado en un banco del JFK, delante de un panel, decidiendo a dónde ir. Aunque sea obvio, tengo que decir que en estos momentos hay un muro infranqueable entre la gente que está pasando a mi alrededor y yo. Solo pienso en que he perdido el gran amor de mi vida. Estoy de doloroso luto y la pena me hunde en una profunda depresión. De pronto, se me viene a la mente un momento feliz y tengo que bajar la cabeza porque me entran ganas de llorar; para retener las lágrimas, desvío la vista hacia un lado, miro hacia arriba, suspiro, bajo los ojos, y veo una carta en el asiento de al lado. Observo el sobre. En la portada pone una frase: This is for you. Le doy la vuelta. La figura que sella el sobre es un cisne negro. No hay nada en el remitente. ¿Un cisne negro? Los cisnes negros son ejemplos típicos de eso fenómenos raros de la naturaleza que no se pueden predecir. Dentro hay un billete Los Ángeles-Madrid, recogidos por una tarjeta. El corazón me empieza a latir a mil por hora. Retiro los billetes de la tarjeta y comienzo a leer:

La mente que vive de los recuerdos vivirá muchos pasados y ningún futuro. Para Un Súper Mundo Feliz sería un orgullo que usted fuera miembro de nuestro proyecto empresarial. Estamos al tanto de su experimento en el Kalifornia’s Dreaming. Su participación sería de gran ayuda a la hora de reproducir a gran escala algunas de sus iniciativas. Si está interesado en nuestra oferta, acuda a esta dirección en el día y la hora señalados.

Un saludo,

Acampada Real, en tierras de la residencia del Príncipe de Asturias. Madrid.

Firma: EL Club de los Cisnes Negros

¡El Club de los Cisnes Negros! Los héroes que pusieron en jaque a los faraones. Consulto el panel de salidas y veo que mi avión sale dentro de 10 minutos. Comienzo a correr como un loco. Diez minutos. Es imposible. Ya habrán cerrado facturación. ¿Qué hago? Me entran muchas ganas de llorar, pero sigo corriendo. Me tropiezo con algo y voy al suelo.

—¿Por qué corre, doctor Roger? ¿Sabe usted ya dónde se va a exiliar?

—Sí. Voy de camino. Mi avión sale dentro de 6 minutos y no tengo ni siquiera la tarjeta de embarque. Me he dormido.

—No, no, no. Muy mal, doctorcito. A su edad, ya debería tener el cuerpo acostumbrado a madrugar, que es como lo hemos acostumbrado, independientemente de nuestra voluntad, el resto de la población.

—Por favor, ayúdeme.

—No se preocupe, doctor, es más, si le ayudo a coger ese avión, es porque en el fondo, el favor nos lo está haciendo usted a nosotros. Venga por aquí.

—¿Y usted? ¿De dónde ha salido? ¿De la nada?

—Estaba tan tranquila en mi oficina, cuando uno de mis hombres me ha avisado de que se dirigía al aeropuerto. Y he pensado que debería al menos declararle mi amor secreto antes de que se fuera y no volviera a verlo nunca más.

—…

—Está usted blanco. Si ahora me río, ¿usted interpretará que es una broma? Jajajaja.

—Ja, ja, ja.

—Así me gusta, buen chico. Uno siempre debe obedecer a la autoridad. Buen viaje, doctor Roger, y ya sabe, olvídese de todo, la vida es impredecible.

—Hasta luego, gracias.

Ya estoy sentado en el avión. ¿Alguna interpretación para este diálogo con la detective? Estoy relajadísimo. Lo he conseguido. No sé cómo, pero lo he conseguido. Un Súper Mundo Feliz. Voy al bolsillo. Mientras mi mano se dirige a él, como siempre, me entra el miedo de haber perdido la carta. La busco, y efectivamente, no está. Con el corazón en la boca voy al otro bolsillo. Y encuentro una carta, me tranquilizo, pero en vano; cuando la miro, no es la carta de Un Súper Mundo Feliz, sino una del Kalifornia’s Dreaming. ¿Qué hace esto aquí? La abro. Estoy emocionadísimo, no paran de suceder cosas extrañas. Hay una hoja de papel grueso, escrita a tinta.

La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida.

El Kalifornia’s Dreaming le agradece que haya usado nuestros servicios. Deseamos que haya quedado satisfecho, y recuerde, si tiene usted un sueño, no dude en llamarnos de nuevo, estamos aquí para hacerle feliz.

El personal del Kalifornia’s Coop.

El Quijote. Abro mi IPhone. Estoy a punto de despegar. Tengo solo unos minutos. Busco en el directorio Dulcinea, selecciono su cara de una de las fotos que tengo aquí guardadas, me meto en el Facebook del Kalifornia’s, cómo no se me había ocurrido esto antes, estoy gilipollas perdido, ejecuto el programa de reconocimiento de patrones faciales sobre todas las caras del Face, y voilà, ¡Dulcinea está en el Facebook del Kalifornia’s! Cómo he podido ser tan tonto. Nombre del Face: Dulcinea del Toboso. Profesión: fantasía de Don Quijote. Dulcinea del Toboso es fan del grupo de teatro de La Universidad del Sexo.

Cierro los ojos. Suspiro profundamente. Me levanto. Voy al servicio. Saco un inhalador para el asma refuncionalizado a inhalador de marihuana. Y me acuerdo, de una manera absurda, de que debo todavía ir a registrar la patente del invento. Odio hacer trámites burocráticos. Salgo del baño. Me siento. Enciendo el IPhone, lo pongo a todo volumen, e intento dormirme escuchando la música:

mentira el amor

mentira el sabor

mentira la que manda

mentira comanda

mentira la tristeza

cuando empieza

mentira no se va

Pero no puedo, se me viene a la mente la primera clase que di sobre El Quijote en la Universidad del Sexo. Hablamos de la Insula de Barataria, de la creación de ficciones para satisfacer la corriente de pensamiento de los humanos. Recuerdo muy bien ese día. También inauguramos Eliza, el programa virtual. Le tocó a Rosa escribir la primera fantasía para Eliza. Recuerdo sus palabras porque me desconcertaron, no supe cómo interpretarlas. Dijo que había estado escuchando los sueños de todas las personas que trabajaban allí y que había decidido usar su invitación para escribir en el mensaje el sueño de otro. Y que esto no lo había por generosidad sino por agradecimiento. Acto seguido, los demás comenzaron a aplaudir y José dijo una cosa que en su día no entendí pero que, ahora… Ay, madre, estoy agilipollado… Voy a dejar de fumar marihuana, los daños en la recuperación de la información son más que evidentes, tú pon el mensaje que nosotros trabajaremos para cumplir ese sueño en realidad. Y yo recuerdo que en ese momento le interrumpí y le eché la bronca porque no comprendía por qué tenía que reproducir esta persona unas frases hechas que no venían a cuento, porque no hay por qué estar todo el tiempo aparentando tu compromiso con el trabajo. Siempre la estoy cagando. No entiendo por qué la gente me quiere tanto.

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