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Gracias a todos por darme el verbo, gracias por darme este alegre día, porque este es el día en el que os voy a hablar, con toda certeza, de quiénes sois. Hoy le voy a hablar a Dios, os voy a hablar a vosotros. Porque todos llevamos un dios dentro, yo, vosotros y también ellos; sí, ellos, porque detrás de esos cascos y esas porras, también hay un dios. Algunos de estos dioses uniformados aguardan con deseos violentos; otros, con deseos de paz, y la mayoría espera simplemente a que el tiempo pase para poder volver, sin disgustos y con la conciencia limpia, a sus casas, a sus familias, a aquellos quehaceres que realmente les reconfortan y les apegan a la vida… Es hora de saber que, cuando le hablamos a Dios, le hablamos a todo, a todos y, sobre todo, a nosotros mismos. Tal es el poder que nos confiere la horizontalidad, gracias a la cual, todos y cada uno de nosotros somos benefactores y responsables de la realidad que creamos, de esta realidad que soñamos día a día con nuestro pensamiento. Porque es con nuestro pensamiento que construimos nuestras acciones y perfilamos nuestro destino.

Una ola de aplausos se levanta entre el sector católico de la asamblea. Algunos del 17R levantan las manos expresando acuerdo. Tras el silencio, Miguel Ángel continúa:

Miremos a estos seres armados, que, para muchos, están aquí para recordarnos nuestra falta de libertad. Y mirémoslos con amor. Y, al hacerlo, preguntémonos por qué estas personas esperan aquí a marcharse a sus vidas reales, por qué les obligamos a estar en este lugar perdiendo su verdadero oro. Hoy estamos aquí para brindar juntos por el único oro que existe: nuestro tiempo de vida. Un tiempo que no le debemos a nadie y que, por derecho, nos pertenece. Porque ¿qué es el tiempo sino vida? ¡Vida que por derecho nos pertenece! Libertad para gozar el tiempo de nuestra vida. ¡Que por derecho de nuestro poder horizontal de Dios nos es legítimo y es nuestra causa!

La orquesta sinfónica del 17R estaba pacientemente esperando a que el discurso finalizara para tocar el himno de la paz de Beethoven, en conmemoración al movimiento revolucionario anterior, del cual, el 17R se siente heredero. Pero, ahora, al ver el cariz que están tomando los acontecimientos, ha decidido aprovechar las pausas estructurales del discurso del profeta para tocar el allegro einekleinenachtmusik de Mozart.

La música vuela hacia los corazones de los asistentes, y el ambiente cobra un halo de unión, de empatía, de amor, que ha hecho que la comunidad de danza acompañe a la música bailando con pañuelos rojos, antes de que Miguel Ángel retome de nuevo su discurso.

Sus palabras retumban en todas las plazas de las ciudades más importantes del mundo en las que se está celebrando la gran fiesta global del 17R. Yo, personalmente, estoy viviendo los hechos con gran emoción. Había leído algo en las crónicas sobre este día, pero nunca imaginé lo que hoy está aquí pasando, y puedo comprender mucho mejor lo que vendrá después.

Preguntémonos quién es el amo que hace esclavos a los pacientes y a los impacientes, y qué es lo que está endeudando este tiempo de vida que por derecho nos pertenece. Preguntémonos quién ostenta el poder vertical, que utiliza como instrumento esta línea de dioses uniformados para que le obedezcamos. Y preguntémonos qué es lo que hace que estas personas estén aquí defendiendo al poder vertical, que también a ellos les oprime. Preguntémonos todas estas cosas y nos daremos cuenta de que la respuesta es esto.

Miguel Ángel se ha acercado a la mujer hippie y ha sacado de su oreja un billete de quinientos euros. Eso no es mío, dice en alto ella. El nuevo profeta comienza a sacar dinero de todas las partes del cuerpo de la mujer, y luego, del resto de los asistentes, después del micrófono, de todas partes, mientras sigue diciendo: Esto, esto nos lo impide. A ti, a mí, y a ellos, con sus porras y sus cascos.

Luego, el nuevo profeta vuelve a su posición de orador, equilibrado, en silencio, parece que se va a disponer a hablar pero no; de un guiño, la orquesta vuelve a sonar; el profeta se desnuda el brazo y la palma de su mano se convierte en un surtidor de monedas de oro que tintinean con gran belleza al caer al suelo.

Como las habichuelas de Pulgarcito, estas suben y suben hasta el cielo y, al caer, se convierten en pétalos de rosa con forma de corazones. ¡Guauuu!, exclaman en la asamblea de Wall Street, ¡ohhh! en Barcelona, ¡ja! en Berlín… En todas las ciudades del mundo se puede ver a Miguel Ángel en un holograma en 3D:

Esto es un trozo de papel con un número, un dibujo y una firma. Por estar aquí, esperando, pacientes, estos guardias recibirán este simple papel a cambio de su tiempo de vida. Un papel en lugar de su verdadero oro. Ellos y nosotros somos esclavos de un trozo de papel…

Poco a poco, Miguel Ángel comienza a desnudarse. Mientras, va diciendo:

¿Cómo se atreve una cosa tan insignificante a robarnos el tiempo, a robarnos la vida? ¿En nombre de quién este trozo de papel se atreve a decirnos que todo tiene un precio? ¿Por qué este papel osa imponernos a todos lo que tiene valor y lo que no? Tal es el poder de su símbolo que este nos embriaga hasta llegar a pensar que el precio y valor es una misma cosa.

Completamente desnudo, Miguel Ángel levanta los brazos en cruz y se eleva.

El valor… El valor del primer beso de tu recién nacido, el valor de las caricias recibidas por tu amor, tus sentimientos, las ideas, el conocimiento, las habilidades, los deseos… ¿Cuánto es el valor de todo esto? No, no es así, me diréis, se trata del valor de un auto de color rojo y ruedas anchas o el de un brillante barco de lujosos salones. Pero escuchadme cuando yo os pregunto, ¿quién es este trozo de papel para indicar el valor que yo le doy al coche rojo o al barco brillante? ¿Por qué no os dan trozos de papel cada vez que amáis, que ayudáis al prójimo? Ya que amar, sin duda, tiene más valor que cualquier coche rojo o que cualquier barco brillante.

Miguel Ángel apaga su voz para hacer una pausa, desciende al suelo, da una palmada en el aire y las ropas vuelven a estar en su cuerpo. La orquesta reinicia el Allegro. La gente ha sacado pañuelos blancos y los mueve de arriba a abajo, siguiendo el compás de la música. La euforia colectiva está en su punto más álgido, y muchos cristianos en la plaza de Sol se han puesto a dar la paz entre la gente de su alrededor.

Creer que se le puede dar un precio al valor es una falacia. El valor surge de cada necesidad y la necesidad es el fruto subjetivo de nuestros deseos. Todo tiene exactamente el valor que cada uno quiera darle. El valor no puede expresarse cuantitativamente de forma estable, los valores son subjetivos, relativos, cualitativos, espacio-temporales… Mirad este traje de Armani, ¿lo deseáis porque os gusta o porque es caro, porque está demandado, porque es prohibitivo, porque os hace sentiros superiores a vuestros hermanos? Y yo os impreco: ¿Qué hay de todos los valores que no valen dinero? ¿Qué hay de las demandas ocultas para las que todavía nadie ha generado una oferta? Los mercados solo deben dejarse acariciar por la mano invisible de las necesidades.

En la plaza de Thianamen, la representación virtual de Miguel Ángel está siendo acompañada por un traductor que, en estos momentos, está tan emocionado por las palabras del orador, que ha tenido que pedir que le suplan.

Muchos ciegos argumentarán que no hay riqueza suficiente para colmar las necesidades de todos, pero yo os exhorto: ¿acaso alguien cree que siete mil millones de hacedores no son sobradamente capaces de satisfacer todas y cada una de nuestras necesidades?

Millones de personas en todo el mundo que escuchan este mensaje levantan los pañuelos, aplauden, gritan bravo, y muchos de ellos se han levantado de la emoción. La comunidad de convivencia y organización está pidiendo a los participantes que se sienten y dejen hablar a Miguel Ángel.

Es por eso, hermanos, que ha llegado el momento de que lo mejor de ti sea para todos, de que lo mejor de todos sea para ti. Y aquellos que se empeñen en decir que es imposible, que no puede ser, les diré que ya no nos sustentaremos en costes, puesto que no habrá costes, ni en presupuestos, puesto que también estos dejarán de existir. La mente humana se verá libre de su yugo de papel y saltaremos a un futuro de creatividad, innovación y talento. El bienestar nos está ahora vedado porque el interés que lo mueve es falso. Y yo les digo a aquellos que no tienen fe y solo falso interés que se está perpetrando un crimen contra la humanidad a favor de dicho interés. Y que no hay otro interés válido que el interés en la felicidad del ser humano.

Aplausos y más aplausos se oyen por todo el globo terráqueo. Arriba, en el cielo, un ser extraño, tumbado en una nube, escucha el avatar de Miguel Ángel en la plaza de Roja de Moscú, comiendo de un racimo de uvas negras, cogidas de las viñas del Mediterráneo.

Miro este papel y veo un número. Un número que pretende decirme que mis gustos, mis necesidades, mis valores son traducibles a una medida, a una cantidad que indica su valor. Pero cuando yo miro este pedazo de papel, yo solo veo todas las atrocidades e injusticias cometidas por su existencia. Y también veo su fin, porque todos empezamos a ver letras dónde ahora hay números y esas letras forman una palabra: CULPABLE. Y os veo aquí, esperanzados, mis amados hermanos Dioses, preguntándoos ¿qué hacer? ¿Atacamos la casa del dinero? ¿Es que los hechos han de ser de violencia para que no quede casa, ni dinero, ni culpable y así podamos construir de nuevo? ¡No! Construiremos otra casa y la erigiremos a su lado. Y esta casa será tan bella, sus encantos nos seducirán de tal manera, que nadie, desde el más desfavorecido hasta el más acaudalado, querrá sino caminar libremente a su nueva morada. Una morada de justicia, de conocimiento, de imaginación, de libertad, de amor. Y es en esta nueva casa donde encontrareis el verdadero oro y viviendo en ella podréis decir: yo soy el dueño de mi tiempo, el dueño de mi vida.

En la asamblea de Santiago de Chile algunos han aprovechado la pausa para levantar una gran pancarta con un arco-iris dibujado en la que pone Rumbo al Nuevo Mundo.

Y algunos de vosotros os estaréis preguntando: ¿y quién va a ostentar el poder en la nueva casa si somos todos igualmente Dioses? NADIE. Nada más que el poder del horizonte, este horizonte que nos circunda, nos engloba y nos convierte en un único ser. En verdad os digo que esta casa ya está siendo construida. La construyen Dioses. La construís vosotros. Y, pronto, muy pronto, también la erigirán ELLOS, porque esta será una verdadera revolución, y dicha evolución será invisible a los ojos del que no quiera ver.

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