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Adil ha llegado a parar a una gran mansión en un para él desconocido lugar. Se sienta en el suelo y se pone a reflexionar. El tema de la herencia le ha dejado más que chafado, y, ahora está atravesando una gran crisis de confianza.

De sobra sabe él, piensa para sus adentros, que no es más que un actor, un generador de estructuras en el tiempo, un constructor de almenas, y que, a diferencia de su amigo, el iluminadono puede comunicarse emocionalmente con la información, presentirla antes de que pase, ver el mundo en su cuarta dimensión, suspendido en el tiempo, tal y como se desprendía de las enseñanzas de Miguel Ángel. Para él, en cambio, el futuro solo es una pantalla negra de energía oscura todavía por definir, como en la que estaba ahora.

Por el momento, solo la naturaleza dialógica de su mente le está ayudando a salir de la situación en la que se encuentra. Los vaivenes de pensamiento le conducen a las palabras de su amigo, que le dice como si fuera un hipnotizador de los sesenta: lo que piensas se aparece, lo que piensas se aparece…

Adil comienza a repetir en alto esta frase pero sin ningún convencimiento. Al rato, desanimado, suspira y dice también en alto: no se puede, es imposible, no lo lograré.

Un ruido se escucha de fondo. Es como el sonido de un reloj de cuco. Una pequeña luz nace a partir de un punto negro y la habitación se va iluminando. Al fondo, aparece un hombre de espaldas sentado en un sillón orejero, hecho a base de muchos tipos de retales. Se encuentra el hombre leyendo un libro, pero al presentir a Adil lo cierra de golpe y dice:

—¿Se puede o no se puede?

—¡Tío George!

—¿Se puede o no se puede?

—No, no se puede. Quiero ayudar a mi hermano, pero no puedo. Soy un impostor sin poder.

—¿Sin poder? ¿Un impostor? Dime, ¿cómo está Miguel Ángel, mi discípulo?

—Enamorado, muy enamorado.

—Él siempre estuvo enamorado de la vida. Eso no es ninguna novedad.

—Ahora lo está de una mujer. Quiere hacer algo por ella, pero yo no creo en él, pienso que es imposible. Por eso sé que voy a fracasar, porque me doy cuenta perfectamente de que este pensamiento solo me puede llevar al fracaso.

—Yo te haré creer que cualquier cosa es posible. El universo no entiende de dificultades, solo escucha deseos. Mira la escena de esta película que te voy a proyectar.

—¿Perdón? —pregunta Adil.

—Tú mira con atención.

¿Hacia dónde tenía que mirar? Se pregunta Adil. Sus ojos otean rápidamente la biblioteca. No hay nada raro, solo libros descansando pesadamente sobre largas filas de estanterías. Tampoco hay nada con lo que proyectar.

Adil mira con cariño al anciano, que ahora está sentado en un sillón y parece haberse quedado como traspuesto.

Mientras espera, Adil hace memoria. El tío George era el mejor amigo de su padre. Cuando Adil era un adolescente, George veraneaba con ellos en la casa de las Bahamas. Había pasado mucho tiempo desde aquellos veranos felices. Ahora, George es ya un hombre mayor, un anciano que vive, a ojos de Adil, servido por sus criados en el gran castillo de la familia, reformulado recientemente en gran parador nacional.

—Esta luz es ideal. ¿Lo ves ya? La película, digo, ¿estás mirando hacia la ventana?

—¡Mahoma! —exclama Adil en árabe, su lengua madre.

Lentamente, comienza a conformarse en el aire una película de imágenes en 3D. Adil empieza a reconocer algunas de ellas. Ese soy yo, dice en alto.

En efecto, Adil ha logrado reconocer la imagen. Pertenece a unos años atrás, a una fiesta cumpleaños de la reina de Inglaterra. Seguidamente, comienza a escuchar su propia voz, clara, distante, con cierto tono de arrogancia. Le está diciendo al faraón más poderoso del planeta, Moctezuma, que él no quiere ser como él, que rechaza su ofrecimiento de ser un faraón y su futuro sucesor cuando él muera.

Tras el inesperado desaire, que parece haber alentado aún más en su propósito al gran Moctezuma, ha aparecido el padre de Adil, que va tras el hijo tratando de hacerle entrar en razón.

Al ver a su padre, la cara del Adil de la biblioteca se transforma en un sentimiento de profunda pena y amor.

En la proyección, el padre le suplica que acepte; va detrás de él, explicándole cómo había luchado toda su vida para que él, su primogénito, le superara en poder y riqueza, para que se sentara en la cima de la pirámide, no te imaginas todo lo que he tenido que hacer para llegar hasta aquí, hijo mío, y todo lo he hecho por ti… Pero Adil hace oídos sordos y se va de la fiesta.

Tras observar esta escena, Adil siente cómo el corazón le da un vuelco: ahora viene su intento de suicidio.

—¡Basta! —le dice a su tío George— no quiero ver más. Es demasiado doloroso para mí. No puedo presentarme así, de esta manera, ante esos tiburones hambrientos de codicia; no estoy preparado para lo que voy a hacer, tú no sabes lo que yo oculto.

—¿No quieres ver el momento en el que Miguel Ángel truca los fuegos artificiales de la fiesta de la reina? ¿No quieres ver escritos en el cielo estrellado de Inglaterra los nuevos diez mandamientos? Esa es la nueva ética, Adil, el nuevo civismo que va a penetrar en la conciencia de todos los seres humanos y que va a cambiar el rumbo de la especie humana. ¿Te acuerdas de cuáles eran?

—Sí.

—Tu aura está alterada y no permite que tu razón intuya el orden del universo.

—No es a ti a quien me enfrento, sino a seis perros de presa sin consciencia ni amor como decía la prem…

—Aristóteles decía que el bruto es malo por bruto, y que, por el contrario, la bondad es la máxima expresión de la inteligencia. Sabes perfectamente lo fácil que fue para mí hacer caer la libra en un día. El sistema financiero actual está gobernado por unas matemáticas tan simples que cualquier doctorando puede manejarlo a su antojo, como si fuera el juguete de un niño pequeño. Muchos ingenieros, físicos y matemáticos se dedican a jugar en el mercado financiero como si fuera un casino, condenando a la infelicidad a países enteros.

—Nunca nadie supo de qué lado estabas, tío George.

—Delante de los medios siempre declararé lo mismo: no es mi culpa que el sistema sea injusto, que esté mal hecho. Yo busco sus puntos débiles y me aprovecho de ellos, para mi beneficio y el de aquellos a quien yo quiera beneficiar. Pero la verdad de mi corazón debe seguir siendo una incógnita, así como la de mi organización.

—Miguel Ángel nunca me habló de vosotros, pero tanto yo como los faraones sabíamos que la masonería inferencial era una realidad; aunque nunca pudimos infiltrarnos en su núcleo, sí dominábamos el nivel de los iniciados.

—¿Sabes cómo vivo ahora? A ojos del sistema, de la oficialidad, soy dueño y señor de este castillo-parador, pero lo cierto es que todo lo que ves aquí, y parte de la economía local del pueblo, se mantiene sin dinero. Libre intercambio de capital simbólico con valor subjetivo. El futuro ya está aquí, Adil. A la vuelta de la esquina. Lo presiento. Déjame que te cuente algo. Es la primera vez que vienes a mi hogar. Ya eres mayor, te has hecho un hombre, has realizado una gran hazaña derrotando a los faraones. Eres como un antiguo héroe inmerso en una épica moderna. Aunque todos somos héroes y esto es lo que quiero que comprendas. Mira todo esto, fue aquí donde me crié; mis padres viajaban todo el tiempo y yo pasaba muchas horas en soledad. Un día, leí el famoso libro de cuentos titulado Historias extraordinarias e hice el experimento de la vela. Y me salió. El aburrimiento es un gran potenciador. Practicaba una media de ocho horas al día. Fueron los comienzos a la hora de ganarle tiempo al tiempo. Pero, si te soy sincero, no fueron mis recién adquiridas facultades mentales lo que evitó que pusiera fin a mi vida, sino el amor de los criados, que me trataron como a un hijo. No tardé mucho tiempo en darme cuenta de lo falso de las estructuras de poder y comencé a sentir una gran inclinación hacia las conductas altruistas. Fue el altruismo el que me abrió las puertas de los secretos más secretos de la historia de la humanidad, y junto con ellos, de su tecnología más potente, escondida a través de los siglos, sin que la ciencia o la cultura se hayan podido nutrir de ella. Ahora, tú tienes la oportunidad de estar de nuestro lado y de usarla siempre para el bien de la humanidad, y no para fines propios.

El tío George abre una urna y le da a su ahijado una radio muy vieja y raída.

—Si aceptas este humilde presente, serás uno de los nuestros y figurarás al lado de grandes personajes de la historia oculta de la humanidad, así como lo hicieron Julio Verne o el gran maestre Da Vinci. Ahora conocerás el verdadero significado de los grandes símbolos, como la pirámide o el ojo de Horus. Ellos han corrompido los símbolos de la cultura madre, apropiándose de ellos para su propio beneficio. Pero el calendario dice que ha llegado la hora de que…

Mientras su padrino divaga, Adil coge la vieja radio y la mira con cierta confusión. Se esperaba algo más rimbombante como un bastón de oro o algo así. El tío George ha terminado de hablar y ahora le saca de sus pensamientos para meterle un poco de prisa:

—Ven aquí, a Aquimqum, estás invitado, aquí tendrás todo lo necesario para convencer a los buitres rojos de que eres el único faraón sobre la tierra. Tú serás uno de los hombres más amados por toda la humanidad de tu tiempo.

A duras penas, Adil se separa del abrazo de su tío. Su cuerpo se está ondulando de amor recogido, una luz cálida comienza a brillar con fuerza en el fondo de su pecho. Ahora, decidido, renovado, lleno de certezas, camina hacia la salida en dirección a una gran escalera de caracol. Al bajar, escucha la voz del hacedor anunciando que el hombre del tabaco sano que está a punto de hablar.

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