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Sábado anterior al miércoles de ceniza. Oficialmente, desde que el calendario de fiestas se ha globalizado, hoy comienzan los carnavales en toda la aldea global.

Tras el episodio del Súperman a principios de mes, las aguas han permanecido más o menos tranquilas, quizás anticipando una gran tormenta, según dicen los semifaraones, que aunque no se bajan del burro con el tema de la deuda, viven temerosos y a la vez con cierto sadismo, deseando que estalle la violencia, para vender armas como locos y hacer ya, en definitiva, el negocio redondo, una vez más, una operación mil veces repetida, y, mil veces inadvertida para el ciudadano de a pie, que, perdónenme la expresión, #no se entera de lo que va la vaina.

Nada memorable ha transcurrido hasta la fecha salvo un pequeño detalle, inofensivo pero, sin duda, inquietante para nosotros los historiadores que estamos siempre al acecho de cualquier anomalía. Queda documentado y bien documentado que, de un tiempo a esta parte, el número de círculos de la cosecha ha aumentado sobremanera.

Igualmente, tanto en las ciudades como en los pueblos, como si se hubieran hecho de forma automática, no han parado de aparecer millones y millones de graffitis a lo Banksy, anunciando la llegada del carnaval y animando a todo el mundo a que se disfrace. También hemos registrado una fórmula extraña, Libertad de X elevada al infinito, y el símbolo de anarquía al revés.

Como no podía ser de otra manera, los ayuntamientos hacen todo lo posible para borrar una y otra vez tales mensajes, con la excusa de que es un delito de gamberrismo, que afea a las ciudades y atenta contra la propiedad privada, así como contra la estética urbana o rural de nuestros hábitats.

Sin embargo, mucho me temo que no han podido evitar que el espíritu del carnaval se haya ido poco a poco colando en las almas de los pueblos. Populus ha lanzado una aplicación que se llama SubeTuDisfraz y litle by litle, todos se han ido disfrazando virtualmente, anunciando una pedazo de fiesta para el martes de Carnaval #QueSeCagaLaPerraChaval.

Los mass media semifaraónicos tratan de evitar la celebración, apelando al laicismo occidental y al comunismo de China y de los países aledaños, la religión es el opio del pueblo, dicen citando por conveniencia y por primera vez en su vida al muy invisibilizado Karl Marx, que si el pobre levantara la cabeza…

No obstante, en esta operación antifiesta R, un verso suelto ha escapado al control de las nuevas élites, algo que en el caso de los verdaderos faraones hubiera sido impensable, tan atado y bien atado que lo tenían siempre todo, en especial a una de sus mejores armas: la iglesia católica.

En efecto, sí, señoras y señores, tal y como diría Don Quijote, Sancho, con la iglesia hemos topado, y esta no está dispuesta ni por asomo a que se prohíba una fiesta religiosa y el Papa, que sabe que las nuevas elites han usurpado los tronos, les escupe a la cara en su discurso, animando a todo católico viviente a que celebre la fiesta del carnaval, y su posterior Semana Santa, a que celebre la muerte y resurrección de Dios nuestro señor en la tierra.

Así ha sido cómo hemos llegado al domingo, e, inevitablemente, como no podía ser de otra manera, una primera marea de disfrazados ha inundado las calles. La temática no ha podido ser más maquiavélicamente inofensiva: dibujos animados.

Por la Torre Eiffel, sobre los restos del muro de Berlín, en la plaza del Vaticano, por la plaza Sol de Madrid, pasean los personajes de Walt Diney, Barrio Sésamo, Dora la Exploradora, Bob Esponja, y un largo etecé bailando a ritmo de samba, jotas, muñeiras, cumbias y demás bailes regionales, y cantando canciones populares de toda clase y condición, donde las frases revolucionarias están metidas a capón, entre las letras tradicionales, algo que provoca mucha risa entre el personal.

Tenemos en la plaza del Obradoiro, en Santiago de Compostela, término de una de las líneas de la ley, a un grupo de aragoneses bailando una jota muy verde, y entre verso guarro y guarro verso…

Los maños de Zaragoza
Se levantan con tres patas
La del medio no llega al suelo
Porque no lleva alpargata

La deuda ha originado
la mayoría de las revoluciones
la deuda se ha nacionalizado
chúpate mis cojones

Tú enseñas la gramática
Más pronto que un profesor,
porque al verte hacemos todos
Un signo de admiración.

Llevan así todo el día, y ya se está haciendo de noche y la cosa no tiene pinta de que vaya a parar. El carnaval es el carnaval y, en principio, nadie les puede decir nada. Yo, por si acaso, no pienso dormir en toda la semana, y sigo despierto a pesar de que ya está amaneciendo. Lejos de calmarse la cosa, esto va en aumento.

El temita de los disfraces ya parece haberse convertido en una moda y a día de hoy, lunes ya, cientos de personas bajan a las calles disfrazadas, y se ponen a hablar en la calle de lo cara carísima que está la vida, de su próximo desahucio y de una coplilla que está circulando en todos los idiomas por todo el planeta en estos momentos sobre el impago de la deuda.

Una idea que ha aterrizado en el pensamiento colectivo para quedarse, enraizándose cada día que avanza el carnaval más y más en el sentido común de la gente, que no para de repetir como loritos que si #ElReset para acá, que si #ElReset para allá, en los bailes, en las conversaciones, en las redes sociales de internet, reset, reset, reiniciemos el contador, pongámoslo a cero, volvamos a empezar, como hacían los antiguos faraones de Babilonia cuando llegaban al poder.

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