Tardábamos años en desenredar una trama faraónica. Años. A pesar de que nuestros recursos eran casi ilimitados. A pesar de que casi toda la humanidad dedicaba una media de una hora al día de media a investigar lo que terminamos llamando La Gran Conspiración de la Historia de la Humanidad.
Podríamos decir que además de nuestros quehaceres cotidianos, toda la humanidad, en mayor o menor medida, se había convertido en un gran centro de inteligencia colectiva y distribuida.
Y, aún así, repito, tardábamos años en desmadejar la confusa madeja de las tramas faraónicas; depurar responsabilidades no era tan fácil, y menos fácil aún, ir escalando en la cima de la pirámide, y casi imposible, intentar ponerle cara a los miembros que componían su cima en cada momento de la historia, puesto que los faraones eran invisibles, no había registro de ningún tipo sobre sus comunicaciones ni sobre sus directrices.
Hasta que por fin conseguimos colarnos en un Un mundo feliz, y descubrimos a Nexo, que no se llamaba Nexo, pero que la civilización posterior a la abolición del dinero lo llamó así, por votación electrónica.
Y es por eso que La gran hazaña, la trama de los cisnes negros, el descabezamiento de la pirámide, fue un evento tan importante para la humanidad, y es por eso que, a partir de de ella, se desencadenó la revolución, que llamamos invisible, porque solo vimos sus efectos, pero no sus causas.
Y fue en tiempos de revolución donde surgió esta necesidad por descifrar los grandes misterios de nuestra historia. Una necesidad que se convirtió casi en obsesión, y que fue alimentada casi azuzada por Populus y sus mortales de necesidad. Con este nombre es como se denominó a las bombas de información que Populus lanzaba interrumpiendo todas las comunicaciones del planeta, desde una cadena de televisión hasta una conversación cotidiana con tu hermana o tu madre. De repente, todo se paraba y el mundo solo tenía ojos o oídos para ver o escuchar esa dinamita de información.
Y de todos los mortales de necesidad, el que despertó el vicio de investigar fue la difusión de un vídeo que contenía las imágenes y las palabras de Diana de Gales en el coche tras el accidente. Lo que esa mujer dijo fue completamente ESPANTOSO, e inmediatamente, miles de informáticos se pusieron a hackear a los servicios de inteligencia británicos para destapar toda la información sobre este caso.
Y después de Diana, vino el 11-S, las verdaderas causas de las dos guerras mundiales, vino Roswell, la cueva de los tallos, el misterio de las pirámides, el lago Vostok, los moháis de Isla de Pascua, la crisis de las hipotecas en el 2009, la revolución rusa, la francesa, Juana de Arco, el descubrimiento de América, y unas tramas se iban conectando con otras, creando un gran puzzle que de tan grande que era tuvimos que hacerlo virtual, y aparecía en todas las pantallas del planeta un gran mapa mental colaborativo, un gran árbol, donde cada día, se ponían piezas más pequeñas, se añadía algo, y en cada pequeña rama de una rama más grande podías invertir toda una vida entera.
Sí, ahora, que vivíamos en la utopía, y todas las necesidades estaban cubiertas, podíamos entregarnos a nuestras vocaciones de forma apasionada, porque la vida era plácida, placentera, vivir era una delicia, una suma de momentos felices, y tan solo teníamos el pesar de la vida arrastrada y de penurias que habían tenido nuestros ascendientes, y este come come es lo que nos hacía sumergirnos una y otra vez en esta conspiración, con la motivación de contestar a una pregunta muy simple: ¿Por qué?
Y así pasamos mucho tiempo, hasta que de repente, algo pasó, que lo aceleró todo.
Un buen día, se difundió la noticia a nivel global de que un hombre había entrado en la torre Eiffel y había salido por la estatua de la libertad, y este punto histórico, que llamamos LA PRIMERA ANOMALÍA, fue el comienzo de una nueva era de la humanidad: La Tempohistoria.