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Y si hay algo, algo, que el esclavo no permite, ni tolera, ni pasa, ni consiente, por nada del mundo, es…

QUE SUS DIOSES NO SEAN HUMILDES.

Sí, oh, sí, y me corro de gusto, con la lefa estampándose por las paredes de mi despacho (“¿otra vez con el semen en las paredes, Ramón???” Dice mi no jefa como si fuera mi madre, maternándome; pues ya sabes que te toca limpiarlo a ti. Que aquí cada uno se limpia lo suyo, por ideología empresarial.)

Sí, oh, sí. Porque los esclavos podrán adorar el culo de la Kardashian, y emplear su tiempo de vida, en esperarla horas en la calle mientras ella, en dos segundos, sale de un coche, y saluda, como hacía Hitler al levantar la mano y las masas se derretían de gusto, porque sentían que la energía de esa mano les tocaba, y les protegía, y les daba de comer, y les proyectaba hacia un ser superior.

Pero, no, oh, no.

Lo que NUNCA, jamás de los jamazes, permitirá un esclavo es que si el culo de la Kardashian se acerca, ese culo no le trate con humildad.

Porque tienen que saber todos los aspirantes a faraones, que la humildad es la cualidad más digna del esclavo, la más definitoria, su valor más ensalzado, aquello que le hace ser lo que es. Y el único requisito que se le exige con una crueldad apabullante al faraón, es que cuando el faraón se acerque trate a sus esclavos con humildad. Y que no les escupa a la cara. Porque él sabe que podría perfectamente escupirles a la cara, pero en el momento en que lo hiciera, ese aspirante a faraón perdería el juego.

El culo de la Kardashian sabe que a los humildes se les trata con humildad, y que no hay mayor halago que el esclavo diga: Me encontré al culo de la Kardashian, y es un culo muy normal, me saludó como si fuera él un culo muy normal, y ese culo me habló de forma normal, y me trató con toda la humildad del mundo.

Y esto es lo que significa la democracia para los humildes, los esclavos, según Nietzsche, que un ser al que la masa ha decidido convertir en superior, se baje para ellos y por ellos, a su nivel, por un segundo, para que los ojos se miren, y se digan, como Rosalía: yo por ti, tú por mí.

Como pueden ustedes ver, la masa tiene muchos problemas, muchos; y su falta de auto estima es quizá el problema mayor, un secreto a voces para los que ostentan el poder, que minan un día tras otro, dicha autoestima, y un tabú casi aterrador para los humildes, que ya de por sí se acomplejan por no tener dinero, se acomplejan por no destacar, se acomplejan por ser normales, se acomplejan porque estar en paro, por ser calvos, POR CUALQUIER PUTA COSA, estos humanos se acompleja y se sienten, POR NORMA, inferiores, para que los de arriba cojan sus corazones, se los arranquen y se los devoren día tras día, como el buitre a las tripas de Prometeo.

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