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Ya hemos dicho en alguna ocasión que siguiendo a la Retórica de Aristóteles, la realidad no tiene porqué ser verosímil, pero es exigencia de la ficción que así lo sea.

Y una vez que los crímenes son cometidos y sometidos a investigación, se impregnan de ciertos rasgos de narratividad, de retórica, de ficción, necesarios para poder ser expresados, entendidos y explicados delante de un tribunal, y es por eso que aquí, determinados hechos, independientemente de si sucedieron o no, de si fueron reales o no, no soportan la lógica de la verdad jurídica, y uno de estos hechos es el testimonio de los caballistas, que da al traste con ‘any’ coartada que trate de ser verosímil.

Y es que, para que nos entendamos, ¿quién en su sano juicio iba a matar a cuchillo a un padre y su niña y se iba a dejar ver a la luz del día, de camino al crimen? La única posibilidad de que esto sucediera así es que el detonante psicológico aún no hubiera tenido lugar, que la decisión de cometer el crimen hubiera sido completamente impulsiva, provocada por una información ‘nueva’ que hubiera surgido en ese lapso de tiempo comprendido entre ‘los caballistas’ y la llegada a la casa, porque lo contrario, es caer en la sinrazón, en la ilógica, en la estupidez, en la incoherencia, y esto, como ya hemos dicho, es malo para la comprensión cognitiva de hechos del pasado sobre los que no ha quedado registro histórico y que el ser humano debe re-construir hasta que la máquina del tiempo sea inventada.

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