Blog

Se ha puesto demasiado el foco en que Medina ha sido liberado por la falta de cualificación del jurado, por sus prejuicios machistas, por la prueba del ADN, pero no nos engañemos. En esto, como en cualquier campo del saber, cuenta más lo que no está que lo que está, esto es, lo que debería haber pasado y no pasó, que lo que en realidad ocurrió.

Y lo que debería haber pasado y que no pasó es que la coartada de FM no estaba lo suficientemente cuestionada y, luego, derrumbada. Más allá del ADN, y de la inopia del jurado, si no se es capaz de tocar las trompetas de Jericó y hacer vibrar el muro levantado por el sospechoso para que no se penetre en su corazón, en su culpabilidad, en su verdad verdadera, hasta pulverizarlo en granos de arena chiquita, no puede esperarse que el jurado se avenga a la hipótesis, sí, a la hipótesis de la policía sin suficientes evidencias, evidencias del tipo: el elefante blanco en el que te dicen que no debes pensar.

Y es verdad también, ya hemos mencionado en más de otra ocasión, que las investigaciones se agotan cuando ya no hay más pistas que te lleven a otras pistas, que finalmente te terminan conduciendo a la verdad, pero el problema del relato de la UCO es que está levantado sobre premisas que se excluyen entre sí, y por lo tanto, no ha sabido decidir cuáles dejaba fuera, y cuáles daba por válidas, para construir un relato sólido, coherente y fijo en el tiempo; un discurso o una posición política que mantener y con la que convencer, independientemente de si se ajustaba a la realidad de los hechos, puesto que llegados ‘a certo punto’, dicha realidad ya es oscura e irrecuperable. Dicen que un juicio es un teatro donde se escenifica el crimen. Seguro que el sociólogo Erving Goffman tendría que aportar mucho en este sentido. Cuando se arma un caso, a pesar de que la información ‘se está moviendo’, y las versiones de los hechos se actualizan, llegados al día del juicio, la versión tiene que estar atada y bien atada, insisto, aquí la verdad deja de ser relevante, y que importa, nos guste o no, es ‘el relato político’, la construcción sin fisuras, que se haga de cómo sucedieron los hechos, y como ya hemos señalado, aunque no sea obligatorio, de por qué ocurrieron, porque añadiendo el móvil o la causa, la narración se comprende mucho mejor.

Continuará…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Universo Borg
error: Content is protected !!