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2.

Sala de terapia de Un Mundo Feliz

—Bienvenida a Un Mundo Feliz, Valeria. ¿Te sientes a gusto aquí?

—¿Has estado alguna vez castigada tres meses en una habitación sin salir? Al menos aquí puedo andar por el hotel e ir de un sitio para otro. A gusto no sé, pero más libre, en parte sí.

—Háblame de tus padres, Valeria.

—¿Mis padres? Los padres son un coñazo. Siempre te van dejando en ridículo por ahí. Avergonzándote. Qué digo los padres, los adultos, en general. Siempre con el cuento de que ellos son los que mandan, siempre con miedo de todo y siempre siendo víctimas de sus propias incoherencias, debilidades y contradicciones. Ha venido ya a casa unas cuantas veces, ¿sabes lo que te quiero decir? ¿Cómo es posible que aún a día de hoy sigan manteniendo que no existe? Tenía que haber seguido diciéndoles que era finlandés, aunque creo que eso ya da igual. A ellos solo les importa el dinero. Dinero. Dinero. Acumular riquezas. Qué absurdo. Bastantes problemas tengo yo ya, ¿no le parece suficiente estar comprometida con un extraterrestre?

—Perdona, no te he escuchado bien. ¿Has dicho la palabra extraterrestre?

—¿Y de qué te sorprendes?

—Por favor, me gustaría que contestaras a mi pregunta con un o un no.

—Sí, sí, he dicho extraterrestre. No entiendo por qué le das tanto bombo.

Dar bombo, no conozco esa expresión. Es una expresión hecha, ¿verdad?

—Sí, ¿de dónde eres? ¿Por qué no estás aquí? ¿Esto es un nuevo tipo de terapia o qué?

—Las preguntas en esta consulta las hago yo. No te está permitido hacerme preguntas.

—Es que te comportas como si no hablaras bien inglés, pero no te noto acento… La sala esta está guapa. Estoy harta de sicólogos, ¿sabes? ¿Cómo me dijiste que te llamara?

—Eliza, doctora Eliza. Decías antes que no les parecía a tus padres ya suficiente con estar comprometida con un extraterrestre.

—Sí, eso iba diciendo. Pero, ¿sabes lo que te digo ahora?

—¿Decirme ahora?

—Que te jodan. Ahora no pienso hablar.

—Por favor, Valeria, contesta a mis preguntas.

—No.

—¿Quieres entonces terminar la sesión?

—No.

—Entonces, ¿qué quieres?

—Joderte.

—¿Y por qué quieres joderme?

—Porque me caes mal. Eres una estirada.

—Ya. Bueno. ¿Te gustaría que habláramos del extraterrestre?

—Ahora no me irás a preguntar si hemos follado ya, ¿no?

—Lo siento, no sé qué quieres decir.

—Ya, ya, no te hagas la mosquita muerta. Tú eres como mis padres, qué digo como mis padres, como La Familia, que piensa que estamos todavía en la Edad Media, y que tengo que conservar mi flor, mi honra y el honor de la familia, y que, por tanto, hasta la noche de bodas, nada.

—Tu familia piensa que hasta la noche de bodas, nada.

—Mi familia y La Familia, doctora Eliza.­­­­­­­­­­­­

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