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Nivel B: El hotel de Un Mundo Feliz.

—¿Eres tú, niña, otra vez? ¿Eres real?

—Yo soy real, como tú.

—¿Qué haces en mi habitación? ¿Cómo has entrado?

—Detrás de ti.

—Es imposible. Detrás de mí, no había nadie.

—Sí, yo. Pero no me has visto. Eres muy despistada.

—¿Y cómo sabes que soy despistada? ¿Me conoces de algo?

—Porque siempre te olvidas dónde dejas las cosas más importantes para ti.

—¿Tú sabes dónde está mi escarpelo?

—Yo sí, pero tú no.

—¿Lo tienes tú? ¿Me lo podrías devolver? Escucha, lo necesito.

—Sí, pero con una condición.

—¿Cuál?

—Que juegues conmigo.

—Un juego. Qué interesante. ¿Y en qué consiste tu juego? ¿A qué quieres jugar?

—Muy fácil, tú escondes algo por el día, y yo por la noche lo busco, lo encuentro y lo dejo en tu habitación. Al día siguiente te levantas y lo vuelves a esconder.

—Espera, espera un momento, tú eres una niña, ¿no se supone que las niñas juegan por el día y duermen por la noche?

—¿Quién lo supone?

—No sé, yo qué sé, ¿la sociedad? Yo es que de niños no tengo ni idea.

—¿Qué es la sociedad?

—La sociedad es toda la gente que vive en un sitio determinado con normas que dicen lo que está bien y lo que está mal. Por ejemplo, matar está mal.

—¿Aunque sea para comer?

—Matar a otro ser humano. A alguien como tú. Por ejemplo, si me matas a mí, estaría mal, pero si matas a una vaca, dependiendo de la sociedad en la que vivas, estaría bien o mal, ¿me comprendes?

—Y, en esta sociedad, ¿cómo es?

—Esta sociedad es capitalista. Lo que quiere decir que se intenta traducir a dinero el valor de todo lo que nos rodea.

—Incluso matar.

—Incluso matar tiene un precio. Es una dinámica mental que nos perjudica, a nosotros, los pobres, pero por la que todo el mundo inconscientemente se rige porque nos han educado así.

—¿Tú eres pobre?

—Yo siempre he sido rica. Pero, para el resto, empecé a serlo cuando alguien tradujo mi riqueza a dinero, y, entonces, imprevisiblemente, me dieron un premio. ¿Cómo te llamas?

—Anicka.

—¿Anicka? Qué nombre más raro, ¿de dónde eres?

—Del sur de África.

—¿Del sur de África? ¿Tan lejos? ¿Qué haces aquí?

—Jugar contigo. ¿Quieres tú jugar conmigo?

—Muy bien, juguemos. Qué quieres que esconda.

—Toma, tu escarpelo, mañana durante el día lo esconderás, y yo por la noche lo volveré a encontrar.

—Oye, perdona, peroooo, ¿no puede ser otra cosa? Yo realmente aprecio mucho este objeto. Es una de las cosas más importantes de mi vida, no puedo ir escondiéndolo por ahí. ¿No puede ser otra cosa cualquiera?

—Entonces no sería un juego. ¿Juegas o no?

—Quiero ver mi escarpelo antes.

—Míralo. Aquí lo tienes.

—Dámelo.

—Sólo si me prometes que lo volverás a esconder.

—Te lo prometo.

—¿Cómo sé que lo harás?

—Tienes que confiar en mí. Si no, no hay juego, ¿verdad?

—¿Seguro que quieres jugar conmigo?

—Sí, claro que quiero jugar contigo, total, no tengo otra cosa mejor que hacer. ¿Y tú? ¿Quieres jugar conmigo?

—Sí, ya te lo he dicho.

—Ya, pero yo digo a otro juego.

—¿A qué?

—Al de ser amigas.

—Eso no es un juego.

—Sí es un juego. Por ejemplo, mañana te invito a tomar té a mi apartamento. Hablaremos de libros.

—Yo no bebo té.

—Pues lo que bebas.

—¿Puedo mirar en tu nevera, por favor?

—Mira todo lo que quieras. Yo cuando entro a una casa extraña, lo primero que hago es abrir la nevera de su casa. Me encanta escandalizar a los burgueses y a sus normas sociales. Mi otro deporte preferido es ir preguntando por ahí a la gente cuánto gana. Se vuelven locos con esta pregunta. Nadie nunca quiere decir el dinero que tiene sobre todo cuando este supera la media. Ya lo dicen los ricos, hablar de dinero es una ordinariez de las clases bajas. Por cierto, tengo sushi, me encanta el sushi, ¿quieres?

—No, gracias. No, no tienes nada de lo que a mí me gusta.

—Bueno, no pasa nada. Te lo imaginas y punto. ¿Te gusta leer?

—Por las mañanas, las enfermeras me leen cuentos.

—Ah sí, ¿y qué te leen?

—Harry Potter.

—¿Harry Potter? Qué vergüenza, un mundo de magos capitalista, qué falta de imaginación. ¿Te está gustando?

—Sí, me gusta mucho.

—Ah, sí, ¿y a ti no te parece anti-ético que Harry Potter, que es el único que ha sido capaz de detener al malo, a causa de lo cual tiene su famosa cicatriz, tenga que ir al submundo para sacar dinero de una cuenta para poder pagarse el colegio de magos? ¿Y qué pasa si no tiene dinero para pagarse el colegio de magos? ¿Y por qué tiene que haber banco en un mundo de magia también? La educación debe ser libre. Libre acceso a la educación independientemente del dinero que tengas en tu bolsillo.

—A mí lo que más me gusta de Harry Potter es que en cada nueva aventura los trucos son más difíciles. En la parte que me estoy leyendo ahora, hay un truco para parar el tiempo. Yo también puedo jugar con el tiempo, me gusta Harry Potter, ojalá pudiera jugar con él.

—Has dicho que juegas con el tiempo. Qué interesante.

—Ahora, me tengo que ir. No puedo estar aquí más. Necesito moverme.

—Bueno, espera que te dé… ¿oye? ¿Dónde estás? ¿Dónde has puesto mi escarpelo? ¿Por qué te has ido? Ah, si está aquí, en el bolsillo, déjame que te acaricie suavemente, ay qué tranquilidad siento en estos momentos, ya estamos juntos de nuevo. Jugar con el tiempo, qué niña más rara, me gusta. Ojalá vuelva otra vez.

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