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Se hallaba el capitán Miguel muy feliz con su receta de cocina y con el sudoku de un chorrón de cifras con el que los monos matemáticos le habían obsequiado a él y a toda la tripulación.

Pero ¡bueeeeno! ¿que todavía no os he presentado a la tripulación? Qué error tan imperdonable. Mis disculpas, allá voy.

La tripulación de la chatarra alocada está compuesta por Pesaíto, Multibrazos, Dominoe, Alejo, R. Sánchez, el capitán y yo.

Pesaíto es un pececito marinero de colorines que se halla siempre en su pecera. Él es el que se encarga de la nave cuando tenemos que navegar por el mar, algo que rara vez ocurre.

Multibrazos es un viejo robot de primera generación que ha adquirido sentimientos y que se ocupa de cuestiones técnicas.

Dominoe es una intrépida y guapa súper agente, terrícola, de origen francés, que en el pasado fue simplificada con una gata y que, ahora, se convierte, a voluntad, en felino o en humano dependiendo del problema que tenga que solucionar.

Alejo es un mítico y místico tempohistoriador que asume el mando cuando tenemos que viajar en el tiempo.

R. Sánchez, más conocido como “Pollito”, es un ratón sabio de color amarillo pollito (aunque hay ratones sabios de todos los colores).

Y, luego, como ya sabéis, estamos el capitán, que, aparte de capitán también es el cocinero de abordo, y moi, un servidor.

Mi trabajo consiste en tomar buena cuenta de todo en lápiz y papel para después narrarlo en historias.

Todos juntos viajamos en la Chatarra Alocada, nuestra nave, que, como su propio nombre indica, es una chatarra y está loca de atar.

Para empezar, tiene un navegador que puede tomar decisiones y que, por tanto, hace siempre lo que le da la real gana.

En una ocasión, decidió tomar rumbo a Naveland, el parque de atracciones de naves con navegador, y nos tuvo allí tres días liados en un no parar.

Como os podréis imaginar, la tripulación se aburrió un montón. No os creeríais la de cosas tan raras que a las naves con navegador les pueden llegar a resultar divertidas… pero mejor volvamos a la historia.

Después del planeta Mates, estábamos todos allí, tan tranquilos, en el espacio sideral, navegando por la nebulosa de la red e intentando resolver el largo sudoku de nuestro capitán, cuando de buenas a primeras, en el momento más inesperado, la chatarra nos avisa de que ha visto, por el espejo retrovisor, que una nave muy parecida a la nuestra se nos estaba acercando a gran velocidad.

Al cabo de un rato, ya la teníamos detrás pidiéndonos paso con el claxon.

El capitán Miguel se hizo a un lado y las naves comenzaron a navegar a la par.

Desde el otro mástil, no tardamos en escuchar una voz que gritaba:

—¿QUÉ TAL CON LOS POFF?

—¿CÓMO TE HAS ENTERADO? —gritó el capitán Miguel desde su mástil de observación.

—LAS NOTICIAS VUELAN, SOBRE TODO, SI VIAJAN MÁS RÁPIDAS QUE TÚ. ¡JA, JA, JA!

Al capitán Miguel, esto no le hizo ninguna gracia y contestó con una mueca.

La nave se llamaba La Tortuga Fulminante y, en ella, viajaba la capitana Isabel con su tripulación de Seños, que era la tripulación más instruida de la galaxia.

Su bajel se llamaba así por dos cosas: la primera, porque tenía forma de tortuga, y, la segunda, porque, aunque tardaba en decidirse, cuando lo hacía, sus decisiones eran fulminantemente acertadas.

El capitán Miguel soñaba con tener un navegador así, pero siempre pensaba en Alocada y en el mucho cariño que le había cogido. Para más inri, la capitana Isabel era más lista y más osada que él, y más guapa… no digamos…

Por su parte, Dominoe también contestó al asunto de los POF con un despectivo “FIIIAU”.

Íbamos a separarnos ya de ellas sin más contemplaciones cuando, sin comerlo ni beberlo, nos vimos rodeados por una enorme bandada de fisgones provenientes de la nebulosa red.

(Para aquellos que no hayan salido de su planeta, los fisgones son unas pantallitas con alas a los lados y que resultan ser más pesados que las moscas.)

La Chatarra Alocada y La Tortuga Fulminante unieron sus fuerzas para desembarazarse de ellos, pero el aluvión de fisgones era tal, que habían conseguido bloquear las maniobras de los navegadores.

—¿A quién le has dado tus datos en Cosmored, capitán? —recriminó a gritos, al otro lado, la capitana desde el mástil de proa mientras intentaba abrirse paso entre cientos y cientos de fisgones.

—No lo sé, no recuerdo…—respondió el capitán Miguel tratando de hacer memoria.

—No se deben dar los datos personales en Cosmored —dijo “Pollito”, el ratón sabio, mientras no paraba de pulsar, en las pantallas que le asediaban, el botón de cerrar.

—Sólo a amigos y a páginas de reputada confidencialidad —completó, desde la otra nave, la lugarteniente, la Seño Rocío, mientras espantaba a los fisgones que se le acercaban abriendo y cerrando un libro.

—Quiere decir que solo a páginas que puedan mantener en secreto tus datos personales—aclaró desde su pecera Pesaíto, dando saltos para salpicar de agua a los fisgones.

—Creo que le di mis datos a la página de Tarkatán —reconoció compungido el capitán Miguel, tras librarse de cinco de ellos a la vez.

—¿Y qué se te había perdido a ti en la página de “Tarkatán”, capitán Curioso? —indagó la capitana Isabel librándose también de otros cinco.

—Estooo, es que… me ofrecían gratis el anillo de oruga virtual si me registraba. ¡Y es que es el que me falta!

—¡Claro! ¡Así se entiende! ¡Te han rastreado! —gruñó la contramaestre, la Seño Noelia.

Tengo que deciros que los fisgones, en sí mismos, no son peligrosos, pero son muy impertinentes y no te dejan pasar a menos que les contestes a preguntas tan absurdas como:

¿Qué tipo de yogurt prefieres? ¿Has probado ya los nuevos calcetines IMPAR? ¿Te has abonado ya a Bobocanal? ¿Has estado ya en NO SÉ PERO ME LO LLEVO? Y, para colmo, mientras te fríen a preguntas, no paran de darte la tabarra con el rollo de Regístrate Regístrate Regístrate. ¡Vaya usted a saber dónde va tanta información personal!

Mientras todo esto sucedía, nosotros hacíamos todo lo posible por librarnos de los fisgones.

Los capitanes cerraban ventanas por doquier.

Alejo los obligaba a saltar en el tiempo un instante antes, metiéndolos en un bucle sin fin.

Dominoe se transformó en gata y, subiéndose al palo mayor, consiguió que algunos se fueran en desbandada.

Las Seños los espantaban con sus bonitos libros de cuentos infantiles.

El ratón sabio les contestaba con preguntas.

Todos lo intentábamos como podíamos, pero estábamos en clara inferioridad numérica, y, cada vez, aparecían más y más y más pantallitas, hasta que, al final, sin más remedio, los fisgones comenzaron a sacarnos información personal sin que pudiéramos hacer nada para evitarlo.

Todo parecía estar perdido ya cuando al anciano Multibrazos, el técnico de la nave, se le ocurrió una gran idea y, sin perder un segundo, bajó corriendo a buscar algo a la bodega de la nave.

Al rato, subió sosteniendo un objeto muy voluminoso entre sus múltiples brazos.

—¡Daos la mano! —ordenó a los capitanes— de lo contrario, lo que tengo aquí solo funcionará con Alocada.

La capitana Isabel y el capitán Miguel, desde sus respectivos mástiles de proa, estiraron sus brazos hasta tocar las puntas de sus dedos y poder agarrarse.

Al verlo, Multibrazos colocó sobre la cubierta una enorme tecla de “ESC” (escape) y la golpeó con toda la fuerza de sus ocho brazos.

Un gran ¡PIUF! resonó en todo el espacio sideral y, tras él, la nebulosa red volvió a recuperar su apacible estado. Ni un solo fisgón quedaba ya volando por el ambiente. Todos habían desaparecido como por arte de magia.

Orgulloso de la maniobra, Multibrazos recompuso su larga barba de estropajo de aluminio, que siempre se desaliñaba con los movimientos bruscos.

Ahora había llegado el momento de hacer recuento de daños:

A Alejo, sólo le habían sacado un bit de información (que es como asentir o negar con la cabeza sin decir nada).

A Dominoe, sólo un byte u ocho bits (que es la información que ocuparía una letra).

A la capitana Isabel y al capitán Miguel, unos diez bytes de información (lo equivalente a una frase corta o unas cuantas palabrejas).

A las instruidas Seños, a Pececito Pesaíto y al ratón sabio, unos cien bytes (una página escrita más o menos).

A Multibrazos, que, como sabemos, estaba muy ocupado, un megabyte o mil bytes, que es la información que ocuparía una buena o mala novela.

Parece mucha información, pero, en realidad, no lo es, porque Multibrazos les contó una historia sin importancia…

¡Bah!, no la querráis saber, es el típico cuento chino para no dormir que hemos escuchado millones de veces sobre la vez esa en la que unas estrellas binarias estallaron a la vez convirtiéndose en sendas súpernovas, y, oh, qué casualidad, esto pasó justo en el preciso instante en el que un agujero negro absorbía a otro agujero negro de menor tamaño formando unas gigantes espirales incandescentes que duraron mil años y que se podían ver desde toda la galaxia… Como podéis ver, la típica leyenda urbana, que todo el mundo ha oído pero que nadie ha visto nunca con sus propios ojos.

Volviendo al recuento, solo faltaba ya, un servidor, Cigarrón del Monte…. y yo…yo… ¡Yo les conté simple y llanamente todo! ¡Todo! ¡Toooooodoooo! Absolutamente todo y nada más que TODO.

Y cuánta información es TODO, os estaréis preguntando.

Os escucho a algunos de vosotros gritarme al oído que, quizás, les solté un gigabyte o mil megabytes, que es la información que ocuparía una furgoneta cargada de libros, pero noooooooo, fue mucho más… ¡fue muchísimo peor!

¡Por mi boca salió todo un terabyte! Que es como mil gigabytes de información multiplicados por diez.

¿Que cuánto es esto en realidad? Me pregunta un niño pelirrojo que me está leyendo antes de dormir.

Pues el equivalente a toda la información que existe en la biblioteca del congreso de los Estados Unidos, que es la biblioteca más grande del mundo, ¡y, creedme, eso es mucha información!

Y lo peor es que, entre todo lo que les conté, estaba lo del planeta ¡POF! ¿A que es horrible?

Pero, ¿qué ocurre? ¿que todavía no os he contado lo del planeta POF?

Ay, ay, ay, qué mala cabeza la mía… Menos mal que soy el mejor narrador del mundo, así que, nada pelillos a la mar, tú pasa la página y sabrás qué es lo que pasó en el planeta POF.

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